Capitulo 2.

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CAPÍTULO 2.

Entré a la habitación de mi mamá. Me vio y largo una pequeña sonrisa falsa. Vio mi expresión de tristeza, y claramente no pudo disimular la suya. Me senté a un costado de su cama, mientras la tomé de las manos. Ella rompió en llanto, y mientras intentaba hablarme.

-Yo nunca quise que esto pasara mi amor, no quiero que nos vayamos, no quiero tener que hacerte soportar esto, pero fue algo inevitable, ojala algún día me perdones.-dijo muy angustiada, llorando.

-Tranquila mamá, no es tu culpa.-dije con la voz quebradiza-Las cosas pasan y por algo, y si esto te está pasando es porque alguien nos quiere mandar una señal. Hay que mantenernos positivas y pensar que vamos a encontrar la solución, ¿está bien?

-Está bien.-contesto secándose las lágrimas- Todo lo que hago, lo haré por ti.-termino de decir y me abrazo.

Yo solo le devolví el abrazo, uno de esos abrazos de los que no te quieres soltar. Nos separamos un poco y quise terminar con todas mis dudas.

-Mamá, solo tengo una pregunta.

-Dime mi amor.-respondió con su dulce voz.

-Copper me explico a donde vamos a ir, y gracias a quién tendremos todo pago.-suspire- Ahora, ¿desde cuándo el director de aquí tiene tanto amor por ti?-dije con un poco de sarcasmo.

-Hija…-empezó un poco nerviosa- Tu sabes que yo trabajo aquí desde hace mucho tiempo y el solo quiere que yo esté bien, nada muy extraño.-terminó bastante tensa.

-No te creo ni un poco, mamá.-respondo un poco enojada.-Te conozco.

-Sam…-hace una pausa, respira hondo y continúa-: Deja las cosas como están, ya tendrás tiempo de saber.

Realmente no tenía mis dudas despejadas, al contrario, estaba más confundida aún. Decidí hacer a un lado el tema, sinceramente no importaba tanto como importaba mi mamá.

Luego de eso pase más tiempo con ella, reímos bastante. Me gustaba vernos a las dos divertirnos cuando no estábamos en un buen momento. Esa misma noche regresé a mi casa y empecé a armar el bolso, el vuelo salía al día siguiente. También preparé las cosas de mi mamá, ya que ella no estaba en casa. Tenía que descansar, el vuelo en avión sería largo. Me recosté en la cama, y pensé. La verdad no sé en qué, solo pensé. Y al minuto ya estaba dormida, el cansancio me ganaba siempre en todo sentido.

Al día siguiente me levanté a duras penas, sin ganas de hacer nada. Realmente todavía estaba shockeada por el hecho tener que ir a Londres de un día para el otro. ¿Y qué iba a hacer? ¿Tendría que trabajar? ¿O debería adaptarme y estudiar ahí? A mí no me costaba el tema de la adaptación, solía sentirme cómoda en cualquier lado. Además, sabía hablar inglés, había rendido todos los exámenes para poder, si quiero, ser maestra. Ese pensamiento me levanto un poco el ánimo, al menos tenía una idea, borrosa y poco convincente, pero la tenía.

Despejé mis pensamientos y me cambie. Ya en el hospital, vi que mi mamá ya estaba cambiada, sentada en una silla de ruedas, mirando hacia la ventana el hermoso sol que se desprendía. Su rostro solo causaba soledad, pero al verme siempre se iluminaba esa sonrisa que me encanta. La saludé con un cálido abrazo y nos fuimos al aeropuerto.

Rápidamente hicimos el check-in y entramos a la sala de espera. Teníamos prioridad ya que mi madre estaba en silla de ruedas, caminar le causaba mareos, y hasta no llegar a Londres no quería pararse. El médico había aclarado que el vuelo no sería fácil, pero con paciencia y cuidado podría quizás dormir un poco.

Aún faltaba una hora para el vuelo, así que decidimos ver como los aviones despegaban. A ella le gustaba ver como semejantes máquinas podían hacer cosas tan grandes, como transportar tantas personas o tanta carga.

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