Uno.

62 0 0

Capítulo uno.

—¿Callie? —Escucho a mi querida hermana llamar desde el pasillo fuera de mi habitación.

—¡Aquí! —Grito en respuesta.

—Oh, aquí estás. Te estaba buscando —Dice asomando la cabeza por la puerta para luego entrar completamente a mi habitación como si fuera la suya. Ah cierto, ella piensa que lo es. Básicamente compartimos habitación; ella tiene la suya pero prefiere pasar todo el día en la mía. Nunca entendí por qué. Cuando entra cierra la puerta tras ella y le pone seguro. Frunzo el ceño. Giro la silla sobre la que estoy sentada y la veo.

—¿Que pasa?

—Entonces... Umm... —Se muerde el labio mientras baja la mirada a sus dedos que se entrelazan unos con otros. —Está este casting para la nueva obra de teatro que te mencioné el otro día —Ella se tira en la cama mientras alza su mano para verse las uñas. —Esa en la que los productores son principiantes y aceptan a todos.

—Y el motivo por el que me lo estás diciendo es... —Digo haciéndome la desentendida, aunque sé perfectamente por donde viene.

Aunque sus ojos están ligeramente fuera de mi rango visual sé que no tardan nada en ponerse en blanco, suspira y se sienta, poniendo las manos con las palmas sobre la cama a cada lado de su cuerpo.

—Que me gustaría ir...

—¿Pero?

—Pero debo ser mayor de edad, y como no lo soy debo al menos llevar un representante —Dice en un susurro y puedo ver como pone su cara de cachorrito.

—¿Porque no le dices a mamá? —Pregunto, aunque tristemente conozco la respuesta.

Ella gruñe y se para de la cama, para ponerse a caminar en el medio de la habitación.

—Parece que no vivieras aquí, Calleigh —Sus ojos se ponen en blanco una vez más. Me sorprendo cuando la escucho decir mi nombre completo, porque ella nunca lo hace, siempre soy Callie. Solo Callie. Así de desesperada debe estar. -Sabes muy bien que ella no acepta que yo haga esas cosas —Abro la boca para sugerir a papá. —Y papá no lo hará mientras mamá diga que no y sabes que siempre esta ocupado con su trabajo. —Ella se deja caer dramáticamente al piso justo en el medio de la alfombra acolchada y mueve sus brazos y piernas como si estuviera haciendo un ángel de nieve.

—Así que solo te quedo yo.

—Así que solo me quedas tú —Me dice mientras se sienta y me sonríe. —No es que seas mi última opción ni nada de eso —Ella mueve la mano como quitándole importancia a lo que dice.

—Claro, lo que tu digas —Le digo sonriendo, porque sé que es verdad, no soy su ultima opción, en realidad soy la única. —¿Le haz hablado a mamá sobre esto?

—Sí.

—Charlotte.

—Casi.

—Charlotte.

—Algo así.

—Charlotte.

—Okey, no le he dicho nada. Y tú tampoco lo vas a hacer.

—No puedo hacer eso a escondidas de mamá, Charlie, sabes que no soy así.

Ella se levanta y camina hacia mi, cuando llega pone sus manos en mis hombros y me ve fijamente a los ojos.

—No le vas a decir nada, Callie. Ni siquiera sé si me seleccionarán. Mientras no tenga una respuesta no le diremos nada, no quiero causar un escándalo por nada. Por una vez en tu vida deja de ser tan complaciente y ayudame. Por favor.

Suspiro mientras pongo mis ojos en blanco. Este ha sido el sueño de Charlotte por años, prácticamente toda su vida, sólo que nunca ha podido cumplirlo; al principio no tenia la experiencia suficiente y cuando la escogieron para hacer un buen papel en una obra mamá se negó, la hizo renunciar y la castigó por llevarle la contraria. Entiendo que no le quiera decir nada.

—Esta bien, Charlie, lo haremos a tu manera —Digo asintiendo y ella suelta mis hombros para ponerse a aplaudir.

—¡Gracias, gracias, gracias!

—No creas que lo haré gratis.

—Juro que haré lo que tu quieras.

Le doy una mirada.

—Debiste comenzar por ahí —Siento como una sonrisa se comienza a dibujar en mi cara mientras pienso en las cosas que podría obtener a cambio aunque sé que haría cualquier cosa por mi hermanita. —¿Cuando son estas audiciones?

Ella sigue aplaudiendo mientras camina por todo el cuarto.

—Son mañana en la tarde. En el grupo de WhatsApp dicen que va a ir un montón de gente, muchos quieren entrar ahí, no sé porqué. Supongo que es por la misma razón que yo: porque aceptan a todos, pero no sé... —Ella sigue balbuceando palabras mientras camina por todo el cuarto, pero yo dejo de escucharla, porque sé que en realidad no está hablando conmigo, está hablando con ella misma. Eso es algo que le encanta hacer.

Es una lástima que nuestra madre sea tan mente cerrada cuando se refiere a las artes escénicas porque su hija se desvela por eso. Yo me desvelaría viendo a mi hermana actuar.

Me giro nuevamente sobre mi silla y vuelvo a mirar la computadora frente a mi, me pongo mis audífonos mientras pongo en Netflix la primera temporada de alguna seria de comedia que me llama mucho la atención pero que nunca me dediqué a ver, a los cinco minutos de ver el primer capítulo ya estoy peleando con los personajes y riendo, lo cual es razón suficiente para que Charlie busque otra silla y se siente junto a mi a compartir, como siempre. Cuando finaliza el capítulo ella se levanta.

—No pongas el siguiente hasta que yo regrese —Dice antes de salir de la habitación.

Cuando regresa, aproximadamente unos diez minutos después trae consigo unas bolsas de papas fritas y unas latas de gaseosa, me pasa una cuando se vuelve a sentar a mi lado y continuamos viendo la maratón.

Y en eso y revisar mi Instagram cada dos minutos se va gran parte de la tarde, la otra parte de ella la ocupamos dándonos una ducha y bajando a cenar, para luego volver a mi habitación y seguir viendo la serie hasta que terminamos la primera temporada a altas horas de la madrugada.

Charlotte siempre ha sido una persona que tiene claras sus metas, incluso cuando tiene limitaciones para alcanzarlas ella lo intenta, ella sabe lo que siempre ha querido y no se deja imponer cosas que no quiere. En eso es muy diferente a mi, yo soy todo lo contrario.

Aunque me faltan tres meses para salir del instituto y entrar a la universidad trabajo medio turno tres días a la semana en una tienda de música que queda a dos cuadras de mi casa y que resulta ser de la familia de Julian, mi mejor amigo, no es algo con lo que mi padre esté feliz pero al menos no está totalmente en desacuerdo y es algo en lo que puedo ocupar mi tiempo libre y no quedarme en casa como un parásito.

—Iré a dormir —Me dice mi hermana después de un rato. —Mañana es un gran día.

Ella se levanta y me da un beso en la mejilla.

—Hasta mañana, querida, duerme bien —Le digo, a lo que ella me sonríe para caminar a la puerta y salir, aunque muy poco después la veo asomar su cabeza por el umbral de nuevo.

—¿Que pasó?

—Gracias, Callie.

Serendipia ¡Lee esta historia GRATIS!