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Mi vida, hoy

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Me presento: mi nombre es Willy Zapata y soy un ex pirata.

Hace tan solo unos meses perdí al amor de mi vida, La Granadina. Era mi barco, mi única compañía durante décadas y décadas. Recuerdo todavía en carne viva que fue una tarde gris plomiza, mientras yo estaba en la costa juntando unos berberechos para la cena, cuando ella decidió hundirse... Con mis manos llenas de moluscos y mis ojos más llenos todavía pero de lágrimas, la vi, solitaria, a lo lejos, sumergirse poco a poco hasta desaparecer por completo.

Así fue como instantáneamente dejé de ser pirata para cumplir con nuestro pacto: yo volvería a ser un hombre de tierra cuando alguno de nosotros no pudiera continuar. Fue ella quien no pudo.

Ahora vivo en una casa pequeña, muy sencillita, de una habitación dos por dos, baño con ducha y cocina integrada, en la cual suelo preparar mi especialidad: pescado.¡Ja! ¡Apuesto a que habían imaginado que ese sería mi plato de cabecera! En el fondo tengo una huerta, ¡quién lo hubiera creído!, donde planté de todo: tomates, espinacas, zanahorias, romero, salvia, menta, orégano, albahaca y hierba buena.

Les tengo que confesar que me gusta mucho mi nueva vida. Sin embargo, ya que estoy en plan de revelaciones, no puedo ocultarles que cuando en las noches estrelladas tomo una copita de ron y mi lengua conecta con aquel sector del cerebro en el que se guardan los recuerdos, inevitablemente vuelvo al mar, a La Granadina y a nuestras aventuras, que fueron miles, no, ¡millones! Ella y yo... navegando por los siete mares... pasando del frío al calor y del calor al frío... de mares lacios a otros con olas como gigantes hambrientos... Juntos descubrimos islas, bahías, ensenadas, istmos, playas desérticas, playas con palmeras, playas con acantilados, aguas azules, aguas turquesas, aguas verdes...

Mi Granadina. Ella era la que me inspiraba a dar la vuelta al mundo en busca de tesoros para adornarla, a pesar de saber que jamás hallaría una joya más preciosa que ella. Y así fue: nunca encontré una joya, ni más bonita ni más fea porque NUNCA encontré un tesoro. NUNCA, así, con mayúsculas.

Aunque, ¡esperen! Sí encontré tesoros. ¡Ja! "Tesoros", les decían... qué falta de respeto, qué disparate. Ninguno de aquellos era digno de ser llamado de tal forma.

Voy a buscar el cuaderno de bitácora (mi diario íntimo, en realidad) para poder relatarles todas las historias con lujo de detalles  y ver si  están de acuerdo conmigo en que jamás encontré tesoro alguno. ¡Enseguida vuelvo!

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El pirata Willy Zapata¡Lee esta historia GRATIS!