LA CAPITAL

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Estamos a pocos minutos de llegar a la Capital, desde el caballo se puede observar un gran edificio agrietado en diversas partes de el, donde habita Lexa. Me imagino que será uno de las pocas edificaciones que sobrevivieron a las bombas atómicas que sufrió la Tierra. En el camino Octavia me habló sobre sus entrenamientos y no solo físicos sino mentales. Fue entretenido escucharla, pero mis pensamientos no paraban de dar vueltas a como seria el encuentro con Lexa, que pasaría.

Era imposible contener los nervios, cuanto más cerca estábamos de entrar en la Capital, más temblaban mis manos.

- Ey Clarke relájate, si fuera a pasarte algo Lexa se ahorraría traerte con vida hasta aquí y más si la que te trae soy yo.

-- Me imagino, pero no es por eso que estoy nerviosa.

Octavia me miraba como si la estuviese tomando por tonta, no me pude contener la risa nerviosa.

--Bueno si vale, es por eso precisamente, no puedo dejar pensar que pasará, al fin y al cabo maté a Ontari, ella tenía sangre negra y no se que significado puede tener eso, pero también estaba en la Nación de Hielo...¿Y si el pueblo pide mi muerte y eso es lo que Lexa hará?

-Clarke, creeme que eso no pasará, cuando Lexa recibió la noticia de que Ontari estaba muerta, vi en su mirada como se alegraba y pidió rápidamente que te llevara ante ella, es verdad que el pueblo posiblemente pida venganza pero, por lo que me ha dicho Indra la Nación del Hielo es el mayor adversario de Lexa.

--¿Y eso en que me ayuda precisamente? Octavia mejor dejemos de hablar sobre esto que me pone más nerviosa.

Octavia empezó a reírse, no sabia de que pero no le hice mucho caso, tenía más cosas por la que preocuparme, como mi propia vida. Justo en la entrada estaba Indra, en el cual hizo un gesto de consentimiento a los guardias que nos cortó el paso que nos dejasen entrar, saludó a Octavia.

-Buen trabajo Octavia, pensaba que tardarías más. Clarke Lexa te espera.

Hice un gesto de entendido a Indra rápidamente al dirigirse hacia mi, hablaba tan seria que ya no sabía que esperarme.

La Capital era completamente diferente a lo que me imaginaba, había niños jugando a pillarse los unos con los otros, otros con espadas de maderas fingiendo una lucha, mercadillos por las calles... de pronto se me acercó una niña y para mi sorpresa me regaló una pulsera de cuero, no me dio tiempo a reaccionar y la perdí entre la multitud. En la pulsera resaltaba la mitad de una luna con unas estrellas, era rara pero bonita, Octavia dibujo una simple sonrisa como diciéndome:''Esto es diferente Clarke''. De pronto apareció un hombre alto con unos extraños tatuajes en la cabeza ante nosotras.

-Clarke Lexa te espera, te llevaré ante ella, sígueme.

Era Titus, la mano derecha de Lexa. Entramos en el edificio y me llevo a una sala espaciosa donde había una especie de trono y doce sillas, seis a su izquierda y otras seis a su derecha, me imagino que el trono será donde se sienta Lexa y las doce sillas una para cada clan. Mis nervios no hacían más que aumentar lo que no me permitía pensar con claridad. De pronto la puerta se abre, entró una mujer de mediana estatura, con el pelo castaño recogido, ojos verdosos claros con una vestimenta de armadura con dos espadas en su torso, era Lexa. Los nervios se apoderaron completamente de mi, me puse firme con la cabeza alta, sin apartarle la mirada.

--Bienvenida Clarke Griffin, a la Capital.

Asentí con la cabeza, poco a poco los nervios se iban desapareciendo ante dicho recibimiento.

--Clarke te mandé a Octavia en tu búsqueda para saber por ti, si es cierto que mataste a Ontari, de la Nación del Hielo.

-Si, le di muerte. Ella me atacó primero y me tuve que defender mi intención no era quitarle la vida, pero así fue.

--Clarke, la Nación del Hielo quiere venganza y para ello quieren que te entregue a ellos viva para que su sed de venganza sea concedida, pero es algo que no lo haré, prometo protegerte y hacer todo lo posible para que te mantengas a salvo. Si así lo deseas.

Miré a Lexa desconcertada, no entendía dicha propuesta y porque.

-¿Por qué quieres protegerme? Eso solo te traerá problemas.

--Estoy dispuesta a correr ese riesgo.

-¿Por qué?

--Es complicado de explicar .

-Creo que podré seguirte.

Lexa me miraba como si mis respuestas le sorprendiesen. Me mantenía firme, con gesto de despreocupación para que no me viera débil y la mirada fija, se sentó en su trono y hizo un gesto de que me acercase ante ella.

--Verás Clarke, hace 3 años atrás yo perdí a alguien especial para mi. Su nombre era Costia. Ella fue capturada por Ontari, cuya reina creía que sabía mis secretos. Porque ella era mía. Ellos la torturaron, la mataron, le cortaron la cabeza donde la encontré en mi cama. No pude mantener la promesa de protegerla y tampoco pude vengar su muerte y tu de alguna forma lo has hecho por mi, por el cual ruego que aceptes mi protección.

Me quedé sin habla ante semejante respuesta, jamás se me pasó por la cabeza que había matado al asesino de alguien especial para Lexa y menos que me lo agradeciera sabiendo que puede tener problemas al protegerme.

-Lexa te entiendo, pero no quiero que tengas problemas por protegerme, no puedo aceptar tu propuesta, lo siento.

--Clarke, si así lo deseas, que así sea. Te quedarás en una de las habitaciones que hay al lado de mi aposento, quiero que pienses en la propuesta que te hice y que mañana me des una respuesta, me harías un favor.

-Está bien.

--Personalmente te acompañare a tu cuarto, si no te importa.

Asentí con la cabeza, Lexa me ponía nerviosa, quizá sea por su forma de hablar o por el simple hecho de que cuando me habla no me aparte la mirada.

Creo pensar que el hecho de que me quiera ayudar es por la venganza que no pudo hacer o cumplir con la promesa que le hizo a Costia de protegerla, aun que no sea ella, yo maté a la persona que atormentaba a Lexa por dentro.

Durante el trayecto a mi aposento Lexa no habla, aun que iba seria, su mirada era dulce, fue raro que viera eso en alguien, poco me fijo ya en la gente y de repente...

--Clarke ¿quién te dio esa pulsera?

-iba por las calles y una niña me la regaló, no pude agradecerle porque cuando quise darme cuenta ya no estaba.¿ Por qué?

--Costia tenía una pulsera igual.

- Vaya lo siento yo..yo...

--No importa, es bonita, rara pero bonita.

Le sonreí tímidamente, me quedé envuelta ante una confusión si lo que dijo Lexa era lo mismo que pensé yo o estaba soñando. Y que querrá significar esa pulsera, que conexión habrá para que casualmente Costia tuviese una. No puedo llegar a una respuesta concreta pero estoy segura que la encontraré tarde o temprano, siempre lo hago.

Llegamos a la habitación donde pasaría la noche. Lexa abrió la puerta y me dijo:

--Si necesitas algo avísame, estará en tu puerta dos guardias por si hay algún percance.

-Gracias, Lexa.

Lexa me dibujó una media sonrisa, como brillaba sus ojos, su mirada era profunda como si te atravesasen la piel, me ponía nerviosa que me mirase de aquella forma, le devolví el gesto de la sonrisa.

--Descansa, Clarke.

-Y tú, Lexa.

Entré en la habitación, era espaciosa. Me acerqué a la ventana, el cielo estaba lleno de estrellas, me hizo recordar a cuando estaba en el espacio, la única belleza que podías apreciar desde arriba era la Tierra y desde aquí, todo es más hermoso, más puro.



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