Capítulo 11

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¿Y dónde estaba Styan? Mientras había tumulto dentro de la casa, Aarón y yo nos escabullimos cuidadosamente hasta donde había estado escondida junto a Styan y June. Allí estaba él, tendido en el suelo.

—¡Styan!— exclamé preocupada mientras le tomaba las pulsaciones. Para mi alivio estaba vivo. Le di la vuelta para quedarse tumbado y vi que tenía un poco de sangre en la frente. —Styan, ¿puedes oírme?

Le di unas palmaditas en la mejilla y se removió débilmente hasta que de repente abrió los ojos.

—¿Estás bien?

—¿Eres un ángel que viene a recibirme?

—¡Styan!— le golpeé en el brazo avergonzada y él hizo un guiño de dolor.

—Me siento como si una berlina hubiera pasado cuatro veces seguidas sobre mí. ¿Qué tenía ese tipo en los brazos? ¿Hormigón?— dijo incorporándose con esfuerzo. Cuando recordó lo que había ocurrido se terminó de ponerse en pie a toda velocidad—. ¿Dónde está June?

—Se la han llevado— sentencié triste.

—Oh, no...— Styan se cubrió la cabeza con las manos preocupado— todo pasó muy deprisa. Oí un ruido, vi al gigante de los tatuajes y cuando intenté defendernos me golpeó y todo se volvió negro.

Styan se pasó la mano por el chichón que tenía en la cabeza e hizo un guiño de dolor por el golpe recibido.

—Mi June, mi pobre June... ella no debería haber estado aquí— de nuevo empecé a llorar al pensar en ella.

—Si no se la hubieran llevado a ella, te habrían cogido a ti...

—Eso no lo sabemos, pero lo que sí sé es que el destino que le espera ahora será todavía peor que la muerte— sollocé desconsolada y Styan me abrazó.

—Lo siento. Debí haberla protegido mejor. Ha sido culpa mía.

Entonces Styan reparó en el pequeño que estaba escondido a mi lado y lo miró con curiosidad.

—¿Este es el enano que venimos a salvar?

Al oír aquellas palabras, Aarón se agazapó más, pero no quitaba los ojos de encima de Styan. Ambos se observaban con curiosidad. Tenía que admitir que había cierto parecido entre ellos. Tal vez Aarón era algún antepasado de Styan, después de todo, nadie sabía nada sobre su pasado.

—¡Ada! ¡Aarón!— escuché las voces de los demás llamándonos y salimos de nuestro escondite.

—¡Se han llevado a June!— anuncié todavía con la voz entrecortada.

—¿Dónde se la han llevado?— se alarmó Dareh.

—No lo sé. El gigante de los tatuajes la metió en un coche y se la llevó.

—A la Montreal— afirmó Tristan con la voz grave preocupado.

El pequeño Aarón se lanzó a sus brazos y ambos se fundieron en un tierno abrazo.

—Te he echado de menos, hermano— dijo el pequeño.

—Y yo a ti, enano.


—No te culpes— dijo Dareh, una vez de vuelta en la calle "mercado"— no habrías podido hacer nada por impedirlo.

—Eso no me consuela. Algo muy malo va a ocurrir con June y no voy a poder hacer nada.

—¿Y si te dijera que la vida está formada por cosas buenas y malas? A veces las cosas malas tienen que ocurrir para que otras mejores tengan lugar. Cosas malas que nos enseñan lecciones, que nos hacen madurar, que nos llevan a lugares en los que debíamos estar para aprovechar una oportunidad única en la vida...

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