—Eso no es asunto tuyo, Miranda —pausa—. ¿O sí?

—¿Va a ser un nuevo programa de televisión? —insistí, sin amilanarme—. ¿Quieres una colección de fotos de desnudos? ¿Estás harto de citas por internet?

Silencio. Silencio rígido y pesado.

—Puede que me fuera impuesto —dijo por fin, sin dejar de mirarme—. Quizá reté a alguien: «Si tanto sabes sobre mí, búscame a la chica perfecta», y alguien tomó la iniciativa. Tal vez, cuando empezaron a llegar las solicitudes me diera cuenta de que pasa el tiempo  y nunca he estado enamorado. Quizás —dijo con voz queda—, vi que era mi oportunidad.

Mi sangre hirvió y luego se quedó helada. Incluso si la situación no le había gustado al principio, había admitido que estaba considerando las estúpidas solicitudes en serio. Que buscaba una esposa.

—¿Así que de veras vas a hacerlo? ¿Elegir esposa?

—Puede. Y puede que no —se encogió de hombros.

—De una manera u otra, yo no soy la adecuada —bajé la cabeza y me miré las manos—. No quiero tu amor ni tu alianza. Y… —«vamos. Díselo», me dije—. Y no quiero tus besos.

—No recuerdo haber pedido tu amor ni tu mano —dijo él con una mueca fiera y rostro sombrío.

—He estado enamorada antes —expliqué, para quitar punta a mis palabras—. No me gustó.

Él extendió las manos lentamente, dándome la oportunidad de huir. No lo hice, *beep* de mí. Una caricia más no haría ningún daño, podía soportarla. Cerró los dedos sobre mis muñecas y tiró, volviendo a colocarme en posición de ser besada.

—Me ha gustado tu sabor —dijo—. Mucho —depositó besos suaves como plumas en mi mandíbula. Volví a deshacerme. Incluso mi Tigresa ronroneó de placer—. Y creo que a ti te gustó el mío. Mucho.

—No —me obligué a decir, mientras el deseo me traspasaba como una lanza—. No.

Él parecía incrédulo, excitado y… tan tentador.

—Sí —dijo quedamente—. Quieres mis besos.

—Creo que quieres más que un beso. No puedo darte más —cada punto de contacto entre nosotros hacía que mi sangre borboteara como un río revuelto.

—Querías darme más —dejó caer los brazos y se metió las manos en los bolsillos—. Noté la respuesta de tu cuerpo. Uno o dos minutos más y habríamos acabado en el suelo, desnudos.

No lo negué. Habría visto la mentira en mis ojos. Era imposible ocultar un deseo tan intenso y lo sabía.

—¿Y qué? —pregunté, a la defensiva—. Una chica tiene derecho a cambiar de opinión.

—Tienes razón —dijo, de nuevo con voz queda—. Una chica puede cambiar de opinión.

Un hombre muy listo. Diabólico pero listo. Acababa de lanzarme una invitación que me costaba rehusar: «Vuelve a cambiar de opinión y bésame».

—Lo siento —dije con esfuerzo—. Siento mucho haber dejado que las cosas se me fueran de las manos. No soy una provocadora, en serio —retorcí el puño de mi camisa entre los dedos—. No sé que me ocurrió nunca había actuado así antes.

—Por fin dices algo que me gusta —su cuerpo se relajó y se pasó una mano por el pelo.

—¿Qué quiere decir eso? —arrugué la frente.

—Descúbrelo tú —esbozó una sonrisa complacida—. Si nunca has actuado así, entonces soy el único que…

Puse una mano sobre su boca, impidiendo que siguiera. Me maldije. ¿Por qué no admitir que lo deseaba con desesperación, ya que estaba en ello?

Él aparto mi mano de su boca y vi que seguía sonriendo. Apretó mis dedos con los suyos y los soltó.

—Si lo hice una vez, puedes dar por sentado que volveré a hacerlo.

Noté que me ponía pálida. Él tenía razón. Diablos.

—Vete acostumbrando a la idea de que te bese, Miranda. Parece que va a ser inevitable.

—¿Quieres apostar? —gruñó mi Tigresa antes de que pudiera impedirlo. Vaya, vaya, por fin decidía hacer algo aparte de ronronear.

—¿Te gusta perder, Miranda? —sus ojos me retaron.

—No sabría decirte —le lancé—. Nunca he perdido.

—Bueno, cariño —un brillo malvado iluminó sus ojos—. Intentaré que tu primera vez sea lo más placentera posible para ti —su provocadora amenaza siguió sonando en mis oídos mucho después de que saliera y cerrara de un portazo.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!