Capítulo 3

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De nuevo me volví a ver en la misma arboleda. Tan bella como me lo pareció la noche anterior. Todo estaba igual, pero algo cambió de repente. El Naewat estaba a mi lado, sonriendo como siempre hacía. Me agarró de la mano y me alejó de la arboleda de las mariposas.

Lo miré detenidamente y percibí algo de lo que no me había dado cuenta antes. Había conseguido entender por qué aquel Naewat me resultaba tan diferente de los demás. Sus ojos no eran azul claro como el de todos los Naewat, eran verdes. ¿Era un híbrido? ¿Cómo era posible?

Me llevó hasta un lago de aguas cristalinas y un delfín saltó del agua y se zambulló en seguida, salpicándonos. Él se rió y me habló. Para mi sorpresa, lo entendí.

—Te espero allí.

Me desperté sobresaltada. ¿Qué acababa de pasar? No sabía por qué, pero sentí que la respuesta la encontraría frente a la fuente del delfín que se encontraba en la zona común.

Salir a aquella hora de la noche supondría un castigo muy grave si era descubierta, pero merecía la pena para descubrir qué había detrás de aquél híbrido misterioso. Seguramente Tara hablaba de él cuando decían que habían visto a un Naewat.

Llegué al espacio común donde tomaba el almuerzo cada día con mis amigos. Se me hacía extraño verlo todo tan desierto. Los comercios estaban cerrados aún, no había nadie, y en la penumbra de las leves luces nocturnas, todo parecía un poco tétrico. Me dio un escalofrío. No era la primera vez que salía a pasear en secreto de madrugada, pero aquella noche era diferente. De algún modo sentí que aquello suponía el principio de algo.

Llegué a la fuente y me senté en un banco que había frente a ésta. Por la noche no caía agua, pero en la quietud y con aquella penumbra, parecía más bella todavía. Me sentí más tranquila. Era como si aquella estatua de fría piedra emanase algún tipo de bálsamo relajante. Las suaves líneas, iluminadas por las leves luces nocturnas, de aquel delfín se dibujaban sobre la oscuridad que había tras él. Nunca había visto un pez. Nos dijeron que habían muerto como toda clase de vida en la Tierra. Quién sabe si podría verlo algún día antes de morir... o no... Tenía que encontrar a aquel Naewat, si es que existía, y que respondiera a mis preguntas cuanto antes.

—Es muy bonita, ¿verdad?— escuché una voz detrás de mí y me sobresalté. Me metería en un lío si alguien me descubría fuera de mi departamento a aquellas horas.

Me giré, y mis ojos no daban crédito a lo que vieron.

—Tú...— musité. Era el Naewat de mi sueño. Al final había aparecido.

—No deberías estar aquí a esta hora. Podrían llamarte la atención.

—Tú me has mandado venir— murmuré más para mí misma que como respuesta a su reprimenda. Él sonrió. Había olvidado el oído agudo que tenían los Naewat.

—¿Yo? ¿De qué hablas?

Me aclaré la garganta nerviosa.

—Es más... tú tampoco deberías estar aquí.

Me miró unos segundos. Parecía irritado.

—Si lo dices porque soy un Naewat, estás equivocada. Tengo tanto derecho como tú de estar en la academia, y eso lo demuestra mi 80% de ADN humano.

—Osea, que es cierto. Eres un híbrido.

Se sonrojó ligeramente.

—¿Y qué importa eso?

—Pensé que eso no podía existir. Al fin y al cabo, está prohibido relacionarse entre especies.

—No sabes nada, humana tonta. ¿Realmente crees que somos especies diferentes?

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