Final

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Michael salía de su última clase, dirigiéndose a su casillero para dejar sus cosas. No había muchos alumnos por los pasillos y cuando vio a Luke escondió su rostro con la capucha de su sudadera. Miró con atención a su dirección, dándose cuenta de que hoy no traía su lip ring, pero si dejaba sus brazos al descubierto, haciéndose visible su tatuaje.
El rubio tomó la nota dando una leída rápida, la arrugó en su mano y la tiró lejos. El corazón de Michael se encogió.
Luke atravesó el pasillo corriendo y desapareció. Michael se dio cuenta de que realmente él estaba fuera de su alcance. Luke a veces lo deprimía, tanto así como podía lograr hacerlo volver a intentar.
   Una, y otra vez.

El rubio se detuvo frente a un chico con sudadera negra que le daba la espalda. Michael lo había seguido. Lo arrastró hasta la habitación del conserje y no salieron en un buen rato.

Michael no podía pensar lo peor, se quedó ahí sin hacer nada, mientras el chico del cual estaba enamorado estaba con otro.

— ¡Mierda! Te dije que no quería volver a verte en la escuela —exasperó el rubio. — ¡Te dije que si volvías iba a hacer de tu vida un infierno!
«Ya lo es» pensó Luke.

El rubio pasó una de sus manos por la ya abundante barba, frustrado. Su hermano no hacía caso y lo estaba volviendo loco. En cualquier momento explotaría.
—Robert, si solo- por favor, déjame arreglar las cosas con Michael y te dejaré en paz —sus lágrimas amenazaban con salir, igual que la última vez y su labio temblaba. —, por favor.
Luke suplicó.
—No quiero volver a ver sus basuras en mi casillero.
Por un momento sus ojos parpadearon en las tinieblas. Vio salir a su Álter Ego de la pequeña habitación a la que lo había arrastrado y sintió un alivio ya que no había sido golpeado.
Michael se encontraba detrás de la puerta, presenciando todo lo ocurrido «¿Luke, no era Luke?»
Robert miró al teñido ahí parado cuando salió y rodó los ojos, enojado. Detrás de él salió su copia idéntica, dejando a Michael sin habla y más confundido que hace unos días atrás.
—¿Robert? —preguntó Michael.
—No, Mikey. Él es Robert —contestó el rubio, señalando a su Álter Ego.

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