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Reto 12

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Consigna: Escribe una historia sobre un personaje que está viviendo tu festividad favorita.


DÍA DE MUERTOS

Y caminó de nuevo por esa festividad que, hoy, se le antojaba absurda.


«¿Festividad?» se preguntó mientras desaprobaba por completo el jolgorio a su alrededor. Y bufó casi con desespero: —Como si hubiese algo que festejar.

Pero no era que no lo entendiera. A penas el año pasado él había sido el organizador de la reunión familiar alrededor de la tumba de la abuela. Más hoy todo era diferente.

Hace un año, que se enorgullecía de sus raíces y tradiciones, ella estaba a su lado, haciéndole amar cada parte de la vida, una vida que justo ahora no lograba disfrutar y tal vez ni siquiera quería.


Y caminó de nuevo por esa festividad que, hoy, le parecía de mal gusto.


«Flores y globos... de verdad que lo celebran» pensó al ver tantas tumbas arregladas con tantos objetos y colores, mientras un nudo algo doloroso se instauraba en su garganta, dificultándole incluso respirar. Y maldijo por lo bajo a la muerte, que hace un mes se hubiese hecho con su amada.

Pero en ese lugar, entre tanto alboroto, había más que enajenados con la fiesta, y él lo notó. 

Algunos lugares del cementerio mostraban lo que él mejor conocía, la asfixiante y opresora soledad. 

Había muertos por los que hoy nadie veía. Había también personas que no reían, que cabizbajos lloraban por lo que todos allí compartían, la pérdida. Muertes recientes seguramente. 

Y también había lugares que dolían al compás del mariachi, de tríos musicales y solitarias guitarras. Instrumentos musicales que lloraban en lugar de los que reían a carcajadas...

Y entonces se dio cuenta que la música no era para festejar, era para disipar tanta nostalgia y tanta melancolía, y pensó que las flores no eran para los difuntos, eran para darle un poco de vida a tanta muerte en ese lugar...


Y caminó entre velas, pero el ambiente no era nada romántico...


Y recordó que ella había dicho que, las velas, eran para darle luz al camino de los difuntos que, por ese día, volvían en espíritu a acompañar y consolar a los que habían dejado atrás...

Y se sintió desgraciado al saberse tan perdido, sobre todo porque ni el espíritu de la que amaba lograba darle consuelo...

Y se hincó frente a una fría plancha de cemento que resguardaba el cuerpo inerte de la que más extrañaba, y lloró desconsolado al sentirse desolado...

Y también intentó rezar, pero no le salieron las palabras. El dolor le estaba ahogando y aún se sentía enojado con quien escribió sus destinos. Pero pensó que enojarse con Dios no era remedio, después de todo, solo Él, algún día le daría el consuelo. Quizá no hoy, ni mañana, quizá no en diez años, pero sabía que, si no se aferraba a la esperanza, aunque sonase mucho de imposible, todo iría mucho peor. Y ya todo era bastante malo...


Y recorrió de nuevo una senda de amargura que, hoy, le parecía reprobable.


Y pensó que las risas eran llanto y las calaverita de azúcar eran para contrarrestar el mal sabor de boca que había dejado la muerte a los que les había arrebatado a un ser querido...

Y las lágrimas le empaparon el rostro, un rostro con el ceño fruncido y los labios tiritantes...

Y su vista se tornó borrosa y la garganta seca, mientras sus manos se presionaban una contra la otra, conteniendo la impotencia de no poder hacer nada por remediar su dolor...

Y sintió que sus ganas de vivir, que ya no eran muchas, se le escapaban del alma.


Y recorrió de nuevo la mirada por tanto dolor disfrazado, y se mordió fuerte el labio para no reír también. Reiría de la ironía, de lo ilógica que es la vida, de ese humor medio negro que cargamos los mexicanos, que nos obliga a ahogar las penas mientras reímos llorando.


Y miró de nuevo el nombre en la lápida, ese nombre que le gustaría fuera mentira...

Y pidió a los cielos que le miraban, le concedieran solo un deseo. Él daba vida por vida, aunque fuese muy egoísta. Pues la prefería a ella llorando que sufrir por no tenerla en su vida...

Y pensó que quizá mejor era que vida él tampoco tuviera, pero un llanto sutil le sacó de sus pensamientos. Él no podía hacer eso, no podía dejar sola a esa que ella más había anhelado. Esa pequeña niña que, al morir ella, sin madre había quedado...

Y recorrió de nuevo sus memorias intentando encontrar valor. Valor para despedirse y andar solo por esta incierta vida que, sin ella, daba más temor...

Y presionó sus puños a su cuerpo, y el dolor le caló hasta los huesos, y, sin poder despedirse, se tragó los mil te quiero que ella no podía escucharle...

Y al fin soltó el llanto y liberó un poco de esa interminable pena, mientras las personas a su alrededor le miraban con dolor. Y qué más da que lo miraran, si ellos estaban peor. En esta fiesta de locura, el más cuerdo era ciertamente él, que lloraba y no reía de tan profundo dolor...

Ya con el alma menos ahogada volvió a su triste realidad. La música aún sonaba y la luz era menor. Del día ya no quedaba nada, pero la fiesta seguía. Entre poemas y canciones, entre risas, charlas y melancolía, la fiesta no terminaba, este incordio se seguía...

Y pensó que era de locos tan absurda festividad, pero hoy no se sintió tan solo al visitar de su amada el altar...

Y pensó que era de locos tan absurda festividad, pero hoy tuvo la certeza de que no era el primero ni el ultimo que había perdido demasiado y se sintió un poco seguro de que habría de superarlo...

Y pensó que era de locos tan absurda festividad, y caminó de nuevo esa senda que justo ahora irradiaba paz. Una paz que le apaciguaba el alma, aunque no le ayudaba a dejar de llorar...

Y sin hablar con ella, y sin hacer una oración, dejó atrás la fantasía de poder la muerte celebrar. Aunque quizá esta festividad no era más que restregar en la cara de la muerte que nunca podrá ganar, que a pesar de ella y el dolor que causa, la vida siempre ganará...



Pues así como decir que es mi festividad favorita, no lo es. No soy amante de las festividades, ni siquiera me gusta festejar mi cumpleaños. Pero eso no quita que lo haga. Después de todo, hay cosas que son parte de uno. El día de muertos es una festividad grande en mi país, y para mí es muy importante. De quienes me han leído saben por lo que he pasado con respecto a la muerte. Y pues no es mi favorita, pero es muy importante, por eso la elegí. 

Yo sé desde seis hace años que no hay forma de  celebrar la muerte. Aún cuando antes fui parte de esos desfiles de carrozas, de personas disfrazadas de catrinas y calaveras. De realizar los altares y participar de las visitas guiadas de media noche donde infundíamos terror a todos los aventureros que se adentraban con nosotros en el cementerio. Pero, después de perder alguien tan querido, no es tan fácil celebrar.

Y pues yo creo que quedó raro pero hermosísimo. ¿Que dicen ustedes?. 

Gracias por leerme. Saludos y Besos. 

52 RETOS DE ESCRITURA 2016¡Lee esta historia GRATIS!