Cuida cómo hablas

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~Capítulo 21~

{Elijah}

Jamás en mi puta vida me sentí de esa manera, me iba a volver loco si no encontrábamos a esa chica y eso sin contar que ella cada que podía se encargaba de volverme loco, pero que desapareciera en un momento como ese no era para nada agradable.

Comprendía su enojo y lo predije desde antes, se lo hice ver a mi padre y al imbécil de Elliot, pero quisieron llevar las cosas a su manera y entonces me aparté para que hicieran lo que putas quisieran.

Pero al final, yo también pagué las consecuencias.

Y pues tal vez sí había contribuido, sin embargo, la idea fue de su dichoso novio —el hijo de puta de mi primo —y era él, el único que tenía que encargarse de arreglar todo y enfrentarse a la fiera de su novia.

Vaya sorpresa la que me había llevado cuando el maldito llegó a casa una noche antes, tenía años de no verlo y lo último que esperaba era que cuando al fin lo volvía a tener frente a mis narices, él llevara la información que tanto había anhelado. Jamás me llevé bien con Elliot y esa vez no sería diferente, ambos teníamos un pasado inconcluso, pasado que deseaba enterrar; nuestra forma de ser chocaba siempre, los dos éramos unos hijos de puta fríos, pero a diferencia de mí, él era un poco más flojo en el ámbito del amor y la prueba de eso era su novia.

Al fin sabía de donde procedía Isabella White, los misterios de su vida me fueron revelados y me di cuenta de que la había juzgado muy mal al llamarla niña mimada cuando en realidad mimos son los que más falta le hacían, pero lo hecho, hecho estaba y así se iba a quedar.

Las cosas cambiaron para mí desde el momento en el que ella haló ese gatillo; había roto una de sus promesas por mí. Juró jamás mancharse las manos de sangre por mí y lo hizo, vi el dolor en su mirada al asesinar y sentí algo extraño al verla en ese estado. Por primera vez sentí gratitud por alguien.

Pero... ¿Cómo no hacerlo? Si salvó mi vida.

Era por eso por lo que me sentía de esa manera al no encontrarla. Todos mis demonios se estaban volviendo locos dentro de mí y si no la hallaba sería peor. Busqué casi en toda la maldita ciudad y no la encontré, deduje que alguien debió ayudarle a huir y sobre todo a esconderse. La desesperación de Elliot era más que evidente, Tess estaba volviéndose loca y Jane...de verdad temía que esa chica fuera a morir si no encontrábamos a su amiga.

Me sorprendió mucho cuando por la mañana llegué a su casa junto a Elliot y su nana se encontraba muy tranquila a pesar de saber que ella no llegó a dormir, pero todo se aclaró cuando nos explicó que Isabella le había enviado un mensaje de texto avisándole que no llegaría esa noche porqué se que-daría con un amigo.

Un amigo...

Eso solo sirvió para que mi coraje aumentara y tuve ganas de estrangularla cuando de pronto la vi llegar al lado de Cameron. El hijo de puta traidor tenía una enorme sonrisa en su rostro cuando llegó con ella, pero... ¿Quién no la tendría cuando una hermosa chica pasa la noche contigo y por la mañana viste tu ropa?

¡Demonios! Ese cabrón se había comido lo que yo calenté en aquella oficina.

Y pensar en eso me hizo perder el control, dije cosas que no debía porque no me importaban, pero cuando más hice por controlarme, menos pude y por dentro sabía que merecía estar allí, frente a Elliot, limpiando la sangre que corría de la comisura de mi labio a causa del puñetazo que ese imbécil me había propinado.

Sí, lo merecía, pero jamás lo aceptaría.

—¡VUELVES A INSINUAR QUE ISABELLA ES PUTA Y TE MATO! —amenazó con la respiración acelerada por la furia.

Corazón de Hielo ® (18+)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora