Capítulo 24

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ABIGAIL
Mi corazón iba a mil por hora mientras intentaba que Alejandra respirara. La conversación con el padre de su hijo no había ido bien desde el principio. Sabía que era él quien llamaba antes de que Alejandra repitiera su nombre para hacernos saber que era él, su cuerpo se había tensado tanto como el mío al escuchar ese nombre. Lo primero que pensé cuando lo escuché fue: No, ahora él no, no puede venir a arruinar mi familia, pero rápidamente me reprendí a mi misma. No podía ser tan egoísta, tenía que preocuparme por Alejandra.
Su cara fue cambiando según el transcurso de la conversación hasta acabar en una expresión de total terror. Cuando soltó el teléfono estaba blanca y sus piernas le temblaron haciéndola caer al sillón. Su madre empezó a preguntarle insistentemente qué pasaba y las lágrimas de Alejandra salían sin control, entonces fue cuando noté que sus respiraciones se hacían cada vez mas desesperadas en busca de una bocanada de aire completa que nunca llegaba, le faltaba el aire. Estaba teniendo una crisis de ansiedad. Busqué con mi mirada alguna bolsa de plástico o de papel pero nada, no había ninguna lo suficientemente cerca. Victoria empezó a agobiarse y a agobiarla a ella.
-Cariño, ¿qué te pasa?- repetía una y otra vez.
-Por favor Victoria, déjale un poco de espacio, déjala respirar- intenté mantener la calma, la aparté con cuidado y lo mas amablemente posible, cogí una revista de la mesa y empecé a hacerle aire. Me posicioné delante suya para que me mirase- Mi vida mírame- ella fijó sus ojos llenos de pánico en los míos y yo hice un esfuerzo sobrehumano para no derrumbarme- respira, intenta imitar mi respiración- respiré de forma exagerada sin quitar mis ojos de los suyos. Era la única manera que se me ocurrió para solucionar eso. Si seguía mucho rato así la tendría que llevar a un hospital para que le suministraran calmantes.
Con mucho esfuerzo, ella logró controlar su respiración. Seguía llorando, pero al menos, respiraba. Ella se abalanzó hacia mi abrazándome y yo la acogí entre mis brazos. Mi postura y su impulso nos hizo caer a las dos, pero fue muy lentamente. Ahí, en el suelo, la acuné como si de una niña pequeña se tratase. Eran tan frágil y delicada como un bonita figura de cristal.
-¿Mami?- se escuchó al final del pasillo. Víctor se había despertado al escuchar el llanto desesperado de su madre y estaba al lado de su puerta mirando hacia el salón mientras se frotaba uno de sus ojitos verdes con su mano. Miré a Victoria y ella reaccionó rápidamente yendo a por él.
-¿Dónde vas señorito? A la cama- intentó que su voz sonara todo lo natural posible. Lo agarró de la mano y lo llevó a su cuarto mientras que él le preguntaba algo que no llegué a escuchar con su voz pesada a causa del sueño.
Unos pocos minutos después el llanto de Alejandra comenzó a calmarse.
-Mi vida...- acaricié su sedoso pelo- ¿qué te ha dicho?- no quería ni decir su nombre.
-Él- intentó empezar pero sus sollozos se lo impedían- Él... Él quiere ver a Víctor... Me ha dicho que no intente prohibírselo porque sino lo pedirá por vía judicial- Mordí mi labio para no lanzar improperios contra ese bastardo y tuve que apretar mi puño contra el suelo para no golpear nada, ese hijo de puta venía a exigir después de diez años, diez, deseaba tenerlo frente a mi para darle una paliza- dijo que mañana llamaría para acordar la hora de la visita... quiere verlo este mismo fin de semana- volvió a llorar mas fuerte y yo la apreté contra mi. Tenía tanta rabia en mi interior que tuve que tranquilizarme a mi misma para no ponerme a llorar o ponerme a patear cosas. Tenía que ser el pilar donde Alejandra se apoyara y eso significaba que ella no podía verme flaquear.
-Ven, vamos a sentarnos en el sofá- me levanté y ayudé a Alejandra a levantarse y nos llevé a las dos al sofá. Nada mas sentarme, ella se sentó casi encima mía volviéndose a acurrucar como antes en el suelo. Me limité a consolarla en silencio, sabía que cualquier palabra que saliera de mi boca en esos instantes sería contraproducente.
Minutos después, Victoria salió del cuarto del pequeño. Su cara seguía reflejando preocupación por lo ocurrido. Su hija se encontraba sollozando con la mirada perdida, su preocupación no era para menos. Le expliqué lo poco que me había dicho su hija y ella reflexionó sobre eso en silencio.
-Tendremos que hablar con Víctor mañana y preguntarle si está de acuerdo en ver a su padre- La palabra padre se clavó en mi pecho como un puñal. Padre... ese desgraciado no se merecía llamarse así. No había estado ni un minuto de la vida de Víctor, nada, ni una llamada ni una visita, nada y ahora quería hacer valer sus derechos como padre...ese malnacido. Yo asentía a Victoria sin decirle nada- quizás seria lo mejor acabar con esto pronto, que lo viera el sábado por la tarde un rato.
-¿Crees que con eso se terminará?- se escapó de mis labios. El nivel de escepticismo en mis palabras era abrumador. Ella me miró con una leve sonrisa triste.
-Acabo de empezar a rezar porque sea así- imité su expresión y asentí- Será mejor que te vayas a la cama, Alejandra, mañana será un día muy largo.
Ella asintió sin mirarla, alzó un poco su cabeza para mirarme.
-¿Te quedarás conmigo?- me dijo en apenas un susurro.
-Por supuesto- le ayudé a levantarse- ve a la habitación, enseguida voy- se fue por el pasillo abrazándose así misma. Se veía tan frágil. Cuando entró a su cuarto Victoria aprovechó para hablar.
-Estos días te va a necesitar mucho, Abigail- asentí.
-Haré lo que esté en mi mano para que ese hombre no os hagas daño, te lo prometo- dije firmemente. Victoria besó mi mejilla.
-Lo sé, cariño, que descanséis.
Fui al baño, me lavé los dientes y me fui a la cama. Me cambié y me acosté recibiendo entre mis brazos a Alejandra que aun sollozaba.
-Cariño...
-Si, mi vida- acaricié su espalda y su pelo para intentar calmarla
-Siento haber arruinado nuestra noche es que yo, yo...
-Sshh no es nada preciosa, tenemos toda la vida, además, me encanta tenerte entre mis brazos, soy feliz así.
-Tengo miedo Abi, mucho.
-No va a pasar nada vida- quería creer mis palabras pero la verdad era que yo también sentía miedo. Miedo de que Víctor prefiriese a su padre, miedo de que Felipe lo pusiera en mi contra, miedo... de que rompiera mi familia.
Intenté distraer a Alejandra hablándole de otros temas hasta que, por fin, se durmió acurrucada en mi pecho y yo cuidé de ella el resto de la noche.
Apenas pude dormir un par de horas seguidas, pude ver como las horas pasaban en el despertador de Alejandra, todas las preocupaciones se arremolinaban en mi cabeza y me impedían dormir.

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