Capitulo 13: "De ahora en adelante... sobre dos ruedas".

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-Skylar’s POV-:

-¡Puta madre! –chillé. -¡Ay!
-Skylar, ¿está todo bien ahí dentro?

Pegada a la pared de la ducha, respirando agitadamente, articulé una respuesta.

-¡Sí! –mentí. Yo había totalmente olvidado el orden de los grifos de agua fría y caliente en la casa de Harry. Esa mañana, cuando me levanté de la cama para darme una ducha antes de irme a la Universidad, había entrado a la ducha antes de estúpidamente abrir el grifo de agua hirviendo y quemarme medio cuerpo. Ahora era como intentar cruzar una habitación en llamas para escapar. Había terminado dando saltitos por toda la ducha debido al agua caliente picando en las plantas de mis pies.
-Insisto en que yo podría ducharme contigo –musitó, en voz pícara. –Tú sabes, para ahorrar agua y eso…
-Cierra la boca –grité, alargando mi mano hacia el grifo de agua fría. Mis dedos caminando por la pared mientras me mordía el labio con fuerza al sentir el vapor quemar mi piel húmeda. Sentí un aguijonazo punzante en uno de los lunares de mi muñeca, y retiré la mano, dejando salir un chillido.
-Vale, voy a entrar –dijo.
-¡No! –me mordí el labio. Pero él ya estaba dentro, y las cortinas de la ducha se habían deslizado fuera. El vapor salió de mi lugar e inundó todo el cuarto de baño, y Harry entrecerró los ojos mientras buscaba a tientas el grifo de agua fría.
-¿Qué diantre intentas hacer? ¿Quemarte viva? –gritó. Su voz ronca resonó ecoica dentro de la ducha. Alargué mi brazo hacia las cortinas impermeables azules, y me envolví por completo en ellas, como si fueran una manta de seguridad.
-¡Yo no tenía idea! –chillé. –Esas cosas intentaron matarme.

Él continuó alargando su musculoso y tonificado brazo lleno de tatuajes extraños y fastuosos, hasta que consiguió abrir el grifo de agua fría por completo, y la temperatura de la misma se reguló en el gran charco debajo de mis pies. Harry dirigió su mirada hacia mí y me evaluó. Sus ojos eran de un verde esmeralda brillante y sus labios en forma de corazón estaban húmedos. Llevaba una camiseta blanca holgada y sus fieles pantalones negros ajustados. Y oye, no es por nada, pero le hacía ver un culazo…

-Vale, ¿ahora también soy un sádico? –su tono era bromista. -¿Por qué tienes que taparte?
-Porque estoy desnuda, duh –rodé los ojos y apreté la cortina sobre mis pechos. 
-¿Y? Ya te he visto así antes, y no será la última vez, te lo aseguro –sonrió, y me guiñó un ojo. Sentí la sangre correr hacia mis mejillas. Esto era tan infantil.
-Y si no te callas, voy a rociar champú sobre tus ojos, te lo aseguro –sonreí con sorna, bromeando. 
-Qué lástima, porque de repente me han dado ganas de ducharme también –me sonrió de vuelta, y se metió a la ducha. Su altura prominente intimidándome, y su ropa rápidamente adhiriéndose a su esbelto cuerpo musculoso. Los tatuajes por debajo de su camiseta blanca se hicieron presentes, y mi mandíbula cayó abierta. 
-¿Pero qué…? –abrí mucho los ojos. Su cuerpo mojado bajo su ropa era tan… excitante.
-¿Creíste que era una broma? –sonrió con pretensión. Rápidamente, me agaché hacia atrás, deslizando mi cuerpo por la pared, y agarré la botella de champú, situándola tras mi espalda para ocultarla.
-¡Aléjate! –me reí, y él se acercó más, acorralándome contra la pared. Sus risos cayendo mojados sobre su rostro, y sus labios en forma de corazón enarcando una sonrisa. 
-Mierda –susurró. Su labio inferior fue atrapado por sus dientes, causándome una sensación duradera de hormigueo. –Quiero follarte.
-Qué sutil.
-Hablo enserio –enarcó una ceja, pero su expresión era divertida. Lo señalé con un dedo.
-¿Sabes? Hay diferencias entre hacer el amor, tener sexo y follar –expliqué. Sus hoyuelos volvieron a dibujarse en una sonrisa.
-Sí, ya lo sé. Por eso dije específicamente “follar” –masculló, apretando su cuerpo contra el mío. Rápidamente, saqué la botella repleta de champú de coco, y lo rocié sobre su rostro, haciéndolo retroceder y soltar un quejido grave.
-¡Maldita sea, Skylar! –gruñó, manteniendo una mano sobre sus cejas mientras se arrojaba agua tibia al rostro. Sus ojos emanaban lágrimas y se quejaba constantemente. Mis ojos se abrieron como platos y me apresuré hacia él.
-¡Oh, por Dios! ¿Te he hecho daño? –mascullé con preocupación. Él sólo gruñó amargamente en respuesta, frotándose los ojos con violencia. Genial. Lo había hecho enfadar… otra vez.
Tomé agua entre mis manos y la arrojé a su rostro. Él emitió otro gruñido, intentando entreabrir los ojos. ¿Lo habría dejado ciego? “Oh, Dios, no”. Pasaron largos minutos de gruñidos hasta que pudo abrir los ojos de nuevo. Estaban rojos e hinchados. Atrapé mi labio con mis dientes tan fuerte que sentí que iba a romperlo. Eso debía picar como un aguijón. 
-Pudiste decirme que no quieres nada de eso conmigo –espetó, frotándose los ojos de nuevo. Mi estómago cayó.
-Y-yo… yo sólo bromeaba… -apenas pude decir.
-Sí, claro –masculló con ironía, y abrió sus ojos de nuevo, evaluándome. -¿Pero, sabes algo? Valió la pena.

Miré hacia abajo. Yo estaba totalmente desnuda otra vez. Derrotada y cavilando, intenté moverme sexymente hacia él, y atrapé su torso entre mis manos. Él tuvo que agachar la cabeza para mirarme, sorprendido. Sus perfectas cejas enmarcaban sus ojos brillantes y rojizos, pero igual de hermosos. Él siempre intentaba llegar más allá conmigo, y no ponía en duda que él podría hacerme llegar a la gloria, pero yo siempre hacía algo patético o enfermizo para rehuirlo. Quizás yo debería abrirme con respecto a esto. Quizás después de la Universidad yo pudiera… satisfacerlo un poco.

-Escucha –mascullé. –Yo en verdad no lo sé, pero, ¿a cuánta velocidad puedes tú ponerte… tú sabes… caliente? 
Sus cejas se alzaron aún más, pero sus manos revolotearon hacia mi espalda, acariciando.
-Eso depende de ti –me guiñó un ojo, y yo sonreí, nerviosa. Nunca había tratado de ser “sexy” de esta manera. Pero se sentía bien.
-Tengo una sorpresa para ti en la tarde –susurré, rozando mi nariz con la suya. 
-¿Oh, sí? ¿Cuál podrá ser? –sonrió lascivamente sexy.
-Eso depende de ti –le guiñé un ojo, imitándolo. Seguidamente, planté un delicado beso en su mejilla. -¿Ahora podrías salir de la ducha, por favor? Intento tomar un baño.
-Me he empapado todo –rió. –Y creo que tengo que ir a ver a un oculista.
-Pero admite que lo merecías. Yo tampoco iba en chiste –bromeé. 
-Te veo afuera –rodó los ojos divertido, y salió chorreando de la ducha.

****

Harry me llevó en su motocicleta a la Universidad. Era la primera vez que yo permitía que nos vieran en público, o al menos con mi entera voluntad puesta encima. Sin embargo, contrario a lo que yo pensaba, nadie había siquiera volteado cuando Harry se aparcó al lado del umbral de la entrada de la Universidad. Todos continuaron en lo suyo; los de Estudios Biológicos observaban unas ramas secas en el suelo, un grupo punk que iba a mi clase de Inglés fumaban cigarrillos bajo un árbol verde desde las raíces, y mi grupo de siempre debía estar ya dentro de la cafetería, como siempre. Me bajé de la moto inspeccionando por encima de mis hombros en busca de alguien que reconociera a Harry, pero nadie lo hizo. Todo estaba en completa calma.

-¿Cuándo piensas conseguir un auto? –musité nerviosamente, jugueteando con la correa de mi bolso verde militar. Él humedeció sus labios.
-Pensé que te gustaba ir en motocicleta –sonrió, y un músculo de mi labio tembló.
-Me asusta no tener cuatro paredes alrededor de mí en la carretera, muchas gracias –bromeé. –Juro que si quedamos convertidos en una galleta de moto, tú serás el culpable y te arrepentirás cada día de tu vida.
-Entra, refunfuñona –sonrió, y se acercó. Sus labios rosados en forma de corazón se abrieron, y mi corazón se aceleró, pensando por un segundo que él iba a besarme en los labios. Pero, en cambio, sostuvo la parte trasera de mi cuello con una de sus manos y me dio un glorioso beso de cuatro segundos en la frente. Seguidamente, me dirigió un guiño pícaro, y se alejó en la moto. El viento levantaba su camisa blanca y sus cabellos enrulados ondeaban hacia atrás. 

Antes de entrar al campus, vacilé. En cambio, toqué el dije de avioncito de papel que colgaba en la cadena de plata, y cerré los ojos, encerrándolo entre mis dedos. “Gracias, Señor”, susurré, sin importarme que alguien pudiera estar observándome. “Gracias por traerlo de vuelta”.

Lost- segunda temporada-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora