Luego de mucho tiempo la diosa creo muchos "astros", así es como ella los llamaba para generalizar, en esos astros habían planetas, cometas, lunas, asteroides y también otras combinaciones de los mismos, como planetas rodeados de millones de trozos de otros astros y de lo que esos astros estaban hechos, como hielo, polvo y gigantescos trozos de cometas y asteroides, la primera vez que Solaris pudo apreciar uno de sus planetas rodeado por estos anillos no pudo contener la emoción y se dedicó a intentar crear uno por ella misma, después de tantos intentos, de crear planetas con lunas y asteroides gigantescos, al fin pudo crear un pequeño planeta con varios anillos rodeándolo, no pudo dejar de sentirse feliz por él, en ese planeta ella depositó su amor, su luz y su esperanza, haciéndolo más poderoso de lo que ella misma pudo llegar a saber.

Ese planeta sin nombre albergaba amor, calidez y también había heredado de su progenitora la habilidad de concebir, la cual, al juntarse con todos esos sentimientos de alegría y cariño, hizo que un plantea diera vida, fue un proceso inigualable, el mar del plantea era totalmente líquido, cosa que nunca había sucedido antes debido a que el frio del espacio congelaba cada depósito de agua que Solaris creaba, pero este caso fue distinto, y de ese mar, y de esa tierra submarina, se creó un figura alta, esbelta y un poco extraña, al verla no llamaba mucho la atención, pero su origen lo hacia el ser vivo más fascinante hasta ahora, con sus últimos esfuerzos de vida, el plantea le habló a su hijo por lo que sería la primera y última vez que se comunicaría con él. –hijo mío, has nacido del amor del que he sido cargada en mi hora de creación, y, aunque mi vitalidad es escaza, mi sapiencia es extensa, más que un consejo, una premonición te concederé, solo llámalo intuición maternal, tu destino es originar algo más grande que todos nosotros, algo hermoso que simbolizara más que el mundo para las futuras vidas del universo, pero, un precio deberás de pagar por ese regalo para las próximas generaciones, propiciaras sufrimiento y dejaras en abandono a alguien que significará mucho para ti, esto no es una advertencia, es el futuro, puedo verlo, solo ten cuidado con tus pasos. Mi hijo, bienaventurado seas y siempre sabrás que mis anillos no te abandonaran aunque estés a una vida de distancia. Adiós, adiós, la parca ya ha llegado a llevarme a mi cruel destino, bienvenido a la vida, disfrútala como yo nunca podré, hijo mío-. Esas palabras quedaron tatuadas para siempre en la memoria de él autobautizado, Tradere.

Cuando Tradere se dio cuenta que estaba solo una depresión lo ataco repentinamente, y comenzó a llorar sin siquiera saber que era llorar, su madre había gastado toda su energía creándolo, no pudo haber sido más doloroso para el solitario hijo nacido de un planeta el haberse quedado solo en el vasto universo del que no sabía nada, se quedó sumido en su soledad, abrazando la tierra de la que había salido, llorando cuando estaba despierto y pasando a través de las recurrentes pesadillas mientras dormía. Cuando la tristeza y el pesar no lo visitaban, llegaba el miedo a su puerta destruyendo los segundos de calma que tuvo por un momento, el saber que cualquier cosa podría pasar, que podrían haber otros planetas vivos, que alguien o algo lo atacara y solo podría recordar el poco tiempo que duró su vida, que lo pasó llorando, sufriendo, agonizando y cayendo en pedazos debido a su inminente soledad. Mientras observaba el oscuro vacío del espacio, una luz, una flamante luz que paseaba por el enigmático paisaje se veía arriba, se preguntaba que sería esa bella incandescencia que deambulaba.

Invadido por la curiosidad decidió hacerle señas a la misteriosa figura brillante, después de un momento vio que se detuvo, se empezó a aproximar hacia él y la figura detrás del resplandor se hacía más clara a sus ojos, cuando vio más de cerca vio a la criatura más hermosa que alguna vez había visto, aunque era la primera criatura que alguna vez en su vida había visto, él sabía bien que era muy maravillosa tanto por dentro como por fuera, el hecho de haber vivido en penumbras tanto tiempo y al fin poder ver el suelo donde habitaba gracias a un ser vivo que se acercó a él, al instante se sintió cautivado por ese extraño ente luminoso que con el pasar de los segundos solo le encantaba más. – ¿Qué tenemos aquí? ¿Quién eres? – dijo Solaris siempre sonriendo y en tono afable. – Soy Tradere – titubeó, se sentía asombrado aunque intimidado por la criatura que tenía en frente. – oh, Tradere, es un nombre muy lindo, y dime, Tradere, exactamente ¿de dónde eres? – dijo la brillante diosa acercando su rostro al extraño ser. – pues de aquí, nací aquí, ¿y tú quién eres? –. – Yo soy Solaris, soy la diosa de todos los astros, creadora de planetas, cometas y asteroides, yo hice el suelo donde te encuentras parado ahora mismo – dijo la diosa sin intención de alarde. – ¿cómo lo hiciste? – preguntó Tradere, la diosa Solaris se sentó con él en la tierra y le explicó hasta el más mínimo detalle acerca de la conformación y creación del planeta donde estaban, aunque de esa explicación salieron otras millones de preguntas, las cuales Solaris estuvo dichosa de responder, le explicó hacia dónde van los cometas que viajan tan veloces, que su curso puede cambiar, y como, y por qué los cinturones de asteroides significaban tanto para ella. Luego de tantas explicaciones y risas él se sintió muy cercano a ella, pero no lo suficiente como para decirle que había nacido de uno de sus planetas, preferiría mantenerlo en secreto por ahora

Amor CosmicoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora