Capítulo 12 (II)

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Tal y como la morena les dijo, tanto Anna como Kaila ya se encontraban en la planta baja cuando llegaron. Madison no tardó mucho en llegar, seguida por una Robin todavía cohibida y una Jenn tensa.

—¿Traen todas sus pertenecías?

Los siete asintieron, a lo que Anna volteó a ver a su acompañante y dijo.

—Tenemos que irnos. Ahora.

—¿Por qué? —, la voz de Elliot sonó más ronca de lo normal. — ¿Nos encontraron?

—¿Tú qué crees? —, dijo su hermano mientras le daba un codazo.

La guardiana miró a todos y habló.

—El "eclipse" es obra de ellos. Hallaron nuestro rastro y lanzaron un hechizo para confundirnos...

—¿Hechizo? ¿En verdad quieres que creamos que quienes nos siguen pueden...?

Antes de que Jenn pudiera terminar de hablar, Kaila extendió su mano e hizo un pequeño remolino sobre su palma, arrojando poco después hacia donde estaban los chicos. La brisa fue suficiente para acallar las dudas de todos.

—Como les decía. Hay que huir.

—Pero, ¿A dónde? —, dijo Robin sin quitarle los ojos a las dos. Ahora que una había mostrado lo que podía hacer, es que comprendían que aquello no era un juego o un sueño.

En verdad estaban es ese extraño lugar.

—Iremos al desierto. Hay nos encontraremos con alguien que nos puede ayudar.

—Pero tú dijiste que si salíamos mientras estaba oscuro, nos encontrarían y nos matarían —, la voz de Madison fue más rápida que ella.

—Es un riesgo que debemos tomar. Si nos quedamos nos acabaran más rápido —, Anna suspiro y agregó. — Necesito que confíen en mí y me ayuden, para que ninguno salga herido.

Tras unos minutos de silencio, Carter habló. Su rostro estaba mucho más serio que en otras ocasiones.

—¿Qué debemos hacer?

—Fuera de la casa hay un embarcadero. En él se encuentran dos botes que vamos a usar para huir de aquí. Ahora, lo que van a hacer es seguir a Mudya hasta el lugar. Van a subir a los botes y no se moverán de ahí... —, la pelinegra iba a agregar algo, pero Anna no se lo permitió. — Todos ustedes nos van a esperar, mientras tanto nos encargaremos de poner pistas falsas por todo este sitio, ¿De acuerdo?

Todos menos Madison asintieron. La joven se había cruzado de brazos y miraba el piso con irritación.

—¿Madison?

La mencionada torció la boca y habló.

—¿Qué pasara si ellos ya están cerca? ¿Qué se supone que haremos?

Anna miro por un largo rato a la morocha. Cuando parecía que no iba a responder a sus preguntas, abrió la boca.

—No se preocupen por eso. Nosotras no dejaremos que se acerquen a ustedes... Si sucede lo peor, necesito que vayan al desierto. Mudya sabe el camino.

La boca de Madison se volvió una fina línea. Casi recta. Robin intentó calmar los ánimos de todos.

—No les pasara nada. Estoy segura de que nos iremos todos juntos.

—Es hora —, dijo Kaila. — Mudya.

A paso lento, el extraño perro se acercó al grupo y le pego a su ama con su nariz, para que esta pasara su mano sobre su cabeza. La joven se arrodilló y la sonrió al animal, al tiempo que lo miraba a los ojos, diciendo.

—Necesito que lleves a los chicos al embarcadero. Si no llegamos en cinco minutos, quiero que te vayas con ellos... Confió en ti.

Como si la creatura comprendiera lo que su ama le estaba diciendo, Mudya acercó su nariz a la mano de su ama y empezó a aullar. Tuvieron que pasar un par de minutos para que el can se calmara y se alejara de Kaila, ladrándoles a los chicos mientras se alejaba al trote.

—Síganlo y no se separen.

Los chicos asintieron e hicieron lo que les dijeron, dejando a Madison para el final. Esta todavía no se veía muy convencida de las palabras de su guardiana, pero no desobedeció. Los siete avanzaron sin rezagarse, viendo al bosque y deteniéndose cada cierto tiempo, listos por si cualquier cosas salía de entre los árboles.

Lo primero que vieron del embarcadero fueron las estacas que sobresalían del agua y que unían los maderos con la tierra, después, poco a poco se fueron vislumbrando las barcas y cuerdas que evitaban que estas huyeran por la corriente.

De inmediato, Madison tomó el mando de la situación. Adelanto a todos hasta casi correr a la par de Mudya, y cuando estuvo junto a ambas embarcaciones las señaló mientras decía.

—Tres en una y cuatro en otra. Si se puede quienes estén menos pesados deberían de ir a la de tres, para que el peso de Anna y Kaila no hunda la barca.

Los demás asintieron e hicieron lo que les dijera la muchacha. Pronto, Elliot, Steve, Robin y Madison entraron en una; mientras que Fabián, Carter, Jenn y Mudya terminaban en la otra.

El tiempo pasaba sin dar tregua a ninguno de ellos. La mayoría se preguntaba por lo que les esperaría sin Anna y Kaila; no conocían ese lugar, y a pesar de que Madison y Mudya se encontraban con ellos, no creían que la chica por si sola pudiera ser de mucha ayuda. Por su parte, la pelinegra también tenía sus dudas en cuanto al viaje, pero estas se limitaban a la reciente ola de adrenalina que la había azotado desde que llegaran a su mundo. Suponía que se trataban de sus habilidades, pero no estaba segura, sobre todo porque en la tierra nunca se había sentido tan llena de energía. Tan viva.

Los nuevos aullares de Mudya pusieron a todos sobre aviso. El tiempo se había acabado. Con una mueca tirante, tanto el perro como la morocha soltaron las barcas, y mientras se apartaban de la tierra esta hizo un amarre entre ambas para que no se fueran a separar. Se alejaron de ambas mujeres sin el conocimiento del rumbo que debían tomar.

—¿En serio creyeron que se irían sin nosotras?

Anna y Kaila llegaron corriendo al embarcadero, y con un torpe salto, la primera subió a la que ocupaban Jenn y compañía. Presurosa, la guardiana volteó a ver a Kaila y le señalo el lugar junto a ella. La joven mujer se limitó a negar, diciendo.

—Yo ya he cumplido con mi misión.

La sonrisa se congeló en los labios de Anna, que negó con vehemencia.

—¡Salta!

Kaila volvió a negar, retrocediendo mientras se despedía con una gran sonrisa. Mudya intentó saltar, pero Jenn lo abrazó con toda la fuerza que fue capaz de usar y se lo impido.

—Ahora ya solo necesito cumplir mi venganza.

—¿Qué haces? —, dijo Steve, metiendo una mano en el agua e intentando acercar el bote al embarcadero, pero sin éxito. — Tienes que venir con nosotros.

—Saludare a mi hermana de tú parte, Anna.

Lo último que vieron antes de que las embarcaciones cruzaran una curva fue la mano de Kaila, despidiéndose de todos.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!