Capítulo 7: Confesiones

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44º 18' 09.64" Norte 120º 07' 41.11" Oeste.
Parque Nacional de Ochoco, Oregón. Estados Unidos.
Domingo 14 de octubre de 2012.
06:00 GMT +1

Hacía una noche estupenda. El cielo estaba despejado. Soplaba una suave brisa desde el sur y no se oía más que la quietud y la tranquilidad. Esos eran los elementos por los que Charles Bradway, y otros aficionados a la astronomía, iban a realizar sus observaciones al Parque Nacional de Ochoco. El lugar era famoso entre la comunidad estadounidense de astrónomos. De hecho, todos los años se celebraba ahí la fiesta de estrellas de Oregón, que congregaba a cientos de personas con el único objetivo de observar el firmamento.

Charles era profesor de ciencias en el Bend Senior High School de Bend, Oregón, y era un apasionado de la astronomía desde adolescente. Se tomaba su hobby como algo muy serio y había invertido mucho dinero en su equipo. Además, llevaba años participando activamente en la comunidad de astrónomos a través de Internet. Hasta había logrado ser admitido en la Sociedad Astronómica de Amigos de la Nasa. La SAAN, como era conocida por sus integrantes, era un grupo de profesionales y principiantes que estaban autorizados a contactar con la NASA, en caso de que creyeran haber realizado un nuevo descubrimiento. Una vez que informaban de un nuevo cuerpo celeste, un técnico de la agencia gubernamental analizaba los datos y material transmitidos y, en caso de no descartarlos, los pasaba a alguno de los centros de observación que tenían para verificar el hallazgo. Todo eso se realizaba con coordinación directa con el Centro de Planetas Menores, encargado de catalogar todos los hallazgos.

Esa noche estaba siendo ideal, ya que se daban todas las condiciones para poder tener la mejor visibilidad del cielo posibles. Charles se sentía afortunado. Los fines de semana, si las previsiones meteorológicas eran benignas, cogía todo su equipo y recorría los cerca de cien kilómetros que lo separaban de su punto de observación favorito en Ochoco. Iba bien abrigado, ya que en esa época del año las noches ya empezaban a ser bastante frías, y más en un lugar tan alejado de la civilización como ese. Habría deseado tener una hoguera que lo calentara, pero la luz habría interferido en sus observaciones. Y si por algo acudía hasta ese lugar era por la ausencia de contaminación lumínica.

Saboreaba el café caliente que se había traído en un termo mientras observaba todo su campamento. Contaba con un telescopio de dos metros y medio de largo conectado con una cámara de fotos de gran resolución y un pequeño ordenador portátil. Al lado, tenía otro telescopio de un metro de longitud, que era el que utilizaba para determinar la zona del espacio que quería observar, para luego usar el mayor. Su sueño era el de realizar un nuevo descubrimiento, aunque fuera un asteroide menor, y que le pusieran su nombre. Pero en todos los años que llevaba observando nunca había tenido suerte. No le importaba en demasía, ya que su afición le había permitido conocer a colegas geniales, igual de apasionados que él por los astros, y ser testigo de espectáculos visuales muy impresionantes.

Normalmente su rutina consistía en traer demarcado desde su casa un cuadrante del firmamento que revisar. Iniciaba una primera exploración con su pequeño telescopio para acotar puntos de interés, y luego utilizaba el principal para examinar a fondo e intentar tomar fotografías detalladas. En su despacho de casa tenía las paredes empapeladas con todas las fotos que había hecho de cometas, constelaciones, planetas, etc.

Para esa velada había previsto observar cerca, quería intentar tomar instantáneas de cuerpos celestes situados en la periferia del sistema solar. Era bien sabido que había infinidad de asteroides y cometas que todavía no habían sido catalogados. Esa región "oscura" era una buena zona de caza para ser el primero en detectarlos. Utilizaba una aplicación informática que se conectaba con la cámara y el telescopio. En caso de detectar cualquier anomalía visual en su campo de acción tomaba automáticamente fotos. De esta forma, aunque él no estuviera observando directamente, si algo pasaba por delante lo podría ver y catalogar. En el portátil contaba con conexión a Internet y acceso a una base de datos de astronomía realizada con las aportaciones de miles de voluntarios como él. Siempre la consultaba tras cualquier contacto para verificar si alguien ya lo había informado antes.

La marca de Odín: El despertarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora