Capítulo XX

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Mitología

Dejamos Martínez de la Torre de inmediato. Apenas tocamos la autopista y William comenzó a relatar la leyenda. Yo creo que habló por una hora, por lo menos.

La leyenda es bonita.

Digo, ¿a qué mexicano no se le arruga el corazón cuando le hablan de su pasado esplendoroso? ¡De los aztecas! ¡Los dioses! ¡De los caballeros águila!

Por lo menos, yo creo que los de la capital somos más románticos en ese sentido. Nos gusta sentirnos descendientes de la raza de bronce.

Se siente, ¡como un orgullo!

Mi mamá me contó de aquél día, cuando la Compañía de Luz y Fuerza hacía no sé qué cosa de excavaciones en el Centro Histórico y desenterraron el monolito de la Coyolxauhqui, ese que está en el Museo del Templo Mayor.
¡Hasta lo pasaron por televisión!

Y le hicieron su museo. Al monolito y a las ruinas del Templo o pirámide. O basamento.
Sí, la diferencia entre uno y otro me la explicaron en la escuela, pero sinceramente, ahora mismo, no me acuerdo.

Lo que sí no olvido es cuando nos llevaban de la escuela a todos los chavalitos.
Y mi mamá también; íbamos en domingo, que no cobraban y lo primero, así, rigurosamente, era ver a la Coyolxauhqui, quedarnos ahí por mucho tiempo. ¡Es que es impresionante!
Al estar frente a ella se siente como una vibración. Como un eco de grandeza.

No sé, yo estaba chiquito, pero me acuerdo que me encantaba. Me sentía especial por ser mexicano, como sí fuera la gran cosa. Como sí el resto de países no tuviera historias y leyendas y monolitos. Ok, no todos tienen monolitos.
¡Pero ahí están los ingleses! Tienen Stone... ¿Stone, qué? Bueno, algo.

Es que en la escuela te meten el nacionalismo con hacha.

Lo cual está bien, ¿No? Si con el amor a la patria en las entrañas y con "...más si osare un extraño enemigo profanar con su planta tu suelo..." y "...Un soldado en cada hijo te dio."
Si con eso, hay tanto hijito de su madre suelto, haciendo toda clase de marranadas, ¿qué pasaría sí no amaramos a nuestro país?

¿Qué mejor ejemplo que el par de malditos asnos que iban en el auto?

Will me contó cómo Huichilopochtli mató a su hermana, Coyolxauhqui, usando como arma a la Serpiente estelar, dejó caer su cuerpo de lo alto de la Pirámide del Sol. Por eso es que el monolito fue encontrado así, tirado al fondo, con la imagen de la diosa de la luna descuartizada, en la base de la pirámide.

Pero una cosa es mitología y otra realidad.
Creo que no hay peores locos que los que no saben distinguir una de otra.

—Esa es la razón, el porqué tuvimos que hacer esto, Fer. Tú eres la cuarta serpiente.

Will terminó de hablar y me miró de reojo, a ver si yo decía algo. Él iba conduciendo. Kawi iba atrás, en silencio. Desde nuestro apasionado y fracasado acercamiento no dijo nada. Tenía el rostro vuelto hacia la carretera y miraba el paisaje. Lo vi un par de veces a través del espejito que hay en la visera, pero nunca se encontró con mi mirada.

— ¿No tienes algo que preguntar? —Will se escuchaba tan inseguro.
Si tenía muchas cosas que preguntar. Las más urgentes eran: ¿A qué maldita hora llegaríamos? ¿A qué hora podría dejar de verlos para siempre? ¿Podía levantar una denuncia por dos intentos de asesinato?
¿La esquizofrenia de esos dos sería un atenuante o podían recibir la pena máxima por secuestro y homicidio intermitente? ¿Cuándo por fin los metieran s la cárcel, si los violaban, les podrían tomar fotos y enviármelas?

Ba ' Wa¡Lee esta historia GRATIS!