La Leyenda de la Serpiente Estelar, tercera parte

1.1K 150 5

Aquél joven fuerte y mucho más poderoso que antes del encuentro con la Serpiente Estelar y el Colibrí del Sur, se levantó del suelo un poco despeinado y azorado, pero vivo y sano.

Esa noche las hogueras ardieron alto con apenas unas cuantas ramitas secas y no se agotaron hasta que el amanecer llegó.

Aquellos hombres se olvidaron del frío, tuvieron siempre comida caliente, un cerco de llamas que los cuidaba en la noche.

Cuando el hombre tomó esposa tuvo hijos que fueron buenos hombres y mujeres.

Envejeció lentamente, más despacio que todos los demás. Sus hijos mayores ya tenían hijos, su primera esposa murió y la segunda cargaba en su vientre a sus primeros hijos.

Dio a luz a dos niños varones, tan diferentes uno del otro como la noche difiere el día.

Uno de ellos cuando creció se dedicó a enseñar las historias de los dioses. Fue sacerdote y ocupó un alto cargo.

El otro tenía la guerra en las venas.

La serpiente estelar habló al Guardián, anciano ya aunque fuerte.
Lo instruyó en el canto de estrellas que él comprendía a la perfección porque la serpiente estelar vivía en él.

Llevó a su hijo de veinte años, aquel que nació bajo el signo del Colibrí, que no temía a la lucha ni a las armas, a lo más apartado del desierto para enseñarle cosas, como no hizo con ninguno de sus otros hijos antes.

Once días más tarde, terminada esa tarea, durante la hora de la noche que llega, la Serpiente Estelar se mostró a su hijo en forma de animal y después en forma de relámpago.

Desde entonces, la Serpiente vive en un hombre que cuida de los suyos. El hombre hereda a su hijo o a algún otro joven, el más digno, sus conocimientos y cuando está listo, la Serpiente llega sólo una vez.

Juntos, el Guerrero anciano y la joven Serpiente de Fuego que era su hijo, dedicaron años para encontrar a tres jóvenes más.

La Serpiente Estelar lo quiso así.

Por mil años de padre a hijo o de maestro a aprendiz se transmitieron el conocimiento. Cuatro guerreros cuidando a su pueblo.

Siempre cuatro.

Llegaron los hombres del otro lado del mar, el mundo cambio, su pueblo fue olvidado, esclavizado y casi destruido. No quedaron rastros de las tradiciones, ya nadie teme a los dioses que nos olvidaron hace tanto tiempo.

Los dioses de los conquistadores eran más fuertes y los mataron. 


Nadie sabe porqué.


Pero la Serpiente sigue en el cielo brillando, mantiene su pequeña promesa de estar con esos hombres, los descendientes de aquéllos que quedaron atrás, mientras ellos mantengan el compromiso que el primero selló, de cuidar de los suyos.

No sabemos si el colibrí del sur volverá y la tomará nuevamente en su mano en algún momento.

La era de los dioses ha quedado atrás, pero la Serpiente Estelar sigue cuidando del hombre de piel morena de esas tierras y de otras donde el Colibrí del Sur tuvo su dominio. 

Guía y empodera hombres selectos. Los convierte en Guardianes que protegen a los que están alrededor suyo.

Cada Guerrero a su tiempo, encuentra al siguiente hombre o mujer que ha de portar la fuerza de la serpiente y el poder, el equilibrio y el dominio sobre su elemento.


Aprende esto y cuando llegue el momento, canta la canción de la Serpiente Estelar al joven o a la joven que ha de portarla con honor cuando tú dejes el mundo.


Ba ' Wa¡Lee esta historia GRATIS!