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YONGGUK POV


-¿Has visto a Daehyun?

La voz de Junhong sonaba del otro lado del teléfono. Era casi mediodía cuando decidió llamarme para preguntarme por el chico nuevo.

-No lo he visto, salió temprano diciendo que haría un poco de ejercicio.

-Es que...se suponía que debía encontrarse conmigo hace una hora y todavía no ha llegado.

Giré mis ojos. Estaba demasiado ocupado como para prestarle atención y perder mi tiempo en cosas sin importancia.

-Deberías llamarle.

-¡¿Crees que no lo hice ya?

Junhong sonaba exaltado y preocupado. Supe que no tendría que haber subestimado su llamada. Ninguno de ellos me llama si sabe que estoy trabajando, a menos que sea algo urgente. Aquello parecía serlo.

Desde que Junhong y el chico nuevo se hicieron compañeros de habitación, ambos pasaban la mayor parte del tiempo, juntos. El menor lo había llevado incluso hasta la universidad e insistía con que Daehyun se inscribiera aunque sea un semestre allí. Salían a almorzar o cenar cuando sus prácticas no eran demasiado pesadas y luego, cuando se encontraban en el apartamento, jugaban videojuegos hasta quedar dormidos en el suelo.

El muchacho de la isla que no había pasado ni siquiera un mes con nosotros, parecía haberse adaptado a la alocada vida de la ciudad más rápido de lo que cualquiera se hubiera esperado. Con el primer monto de dinero que recibió, compró una bicicleta en la que se dirigía a todos lados, aún sin conocer los nombres de las calles del vecindario. Lo veía salir por las mañanas, apenas los rayos de sol se mostraban por la ventana, con su mochila colgada en la espalda. Volvía justo antes de que Junhong se despertara y si aquel día, el menor no tenía algún compromiso, salían nuevamente los dos juntos, quien sabe a dónde.

Su presencia dentro de aquellas cuatro paredes, había dejado de sentirse tan incómoda. De alguna manera las cosas se transformaron luego de aquella vez que me acompañó en el balcón mientras fumaba. Solía no hacer contacto visual con ninguno de ellos, y mucho menos iniciar conversaciones, pero aquel chico me invitaba a hacerlo. Con cada oportunidad que tenía, me acercaba para preguntarle acerca de su vida en la isla o las cosas que le gustaban de estar aquí. Es verdad, todavía me costaba y mi cuerpo no cooperaba del todo conmigo para realizar aquel tipo de intercambio social, pero...era él, era su presencia la que me causaba curiosidad. Mi corazón se sentía tranquilo cada vez que, al final de una de sus conversaciones, me despedía con una de esas sonrisas aniñadas.

El tono cada vez más nervioso de Junhong, seguía demandando atención del otro lado de la línea. Pero luego su voz fue acallada por otro de los muchachos que salió corriendo de su habitación, con su teléfono en alto. El anuncio de que aquella persona de la que recordaba su sonrisa unos minutos antes, había sufrido un accidente, me colisionó. Un latigazo llegó a mi pecho y mi piel se volvió helada. No salía del desconcierto pero tampoco quería reaccionar de la misma manera que Junhong, quien sin saber nada todavía ya había perdido la cordura, pero...que fuera él, causaba en mí querer perder la cordura. Exhalé profundamente tratando de reposicionarme en la habitación y luego por fin pude pedirle detalles a Himchan.

Estaba conduciendo la bicicleta y se dirigía, en efecto, a encontrarse con Junhong. En su intento por atravesar la calle, un automóvil que no vio la luz roja del semáforo, embistió contra Daehyun y éste quedó en el suelo, inconsciente. Ya lo habían llevado a un hospital cercano, pero no se sabía nada de su estado. Himchan había sido contactado por uno de los empleados del señor Hang, quien presenció todo aquello, pero no pudo ayudar de otra manera puesto que dos mujeres que se habían identificado como sus conocidas, se subieron a la ambulancia con él.

Mientras Himchan iba detallando la escena, su entereza también se desvaneció y no sólo yo no salía del estado de consternación, sino que todavía tenía a Junhong y ahora al otro muchacho, ambos, soltando palabras sin sentido en busca de alguna solución. Otro montón de aire salió expulsado por mi nariz, ordené mis pensamientos como pude y por el teléfono le pedí a Junhong que dejara el lugar en el que se encontraba en aquel momento y se dirigiera al hospital más cercano. Evité darle demasiados detalles sobre lo que había sucedido, pero ni eso logró disminuir el monto de nerviosismo de aquel chico. Esperaba que pudiera seguir mis mandatos sin ningún tipo de complicación. Más bien, rogaba que así fuera.

Cuando los tres estuvimos juntos en la sala de esperas del hospital, nos dirigimos a la mesa de informaciones para saber más acerca del estado de salud de Daehyun. Nuestros latidos que no tenían descanso y los nudos en la garganta que manteníamos desde que salimos de casa, se calmaron luego de escuchar que estaba bien. El impacto que su cuerpo recibió al colisionar contra el suelo, fue lo que causó que perdiera la conciencia, pero al parecer ninguno de sus órganos vitales había sido comprometido. Respiramos aliviados y nos fuimos nuevamente hacia la sala de esperas, aguardando el anuncio que nos permitiera verlo.

La puerta de la habitación se abrió y enmarcada en ella, la figura de aquella mágica criatura a la que había hecho llorar no hace mucho tiempo, se presentó ante mí. Aquellas mismas energías oscuras, el miedo, la tristeza, todo aquello la rodeaba nuevamente. Sucedió como aquella primera vez que la vi, en el momento que supe que tenía que ayudarla porque necesitaba de mí urgentemente. Sus ojos se encontraban completamente enrojecidos y el cabello moreno, todavía mojado, caía en pequeñas líneas sobre su frente. 

¿Pensaba ella si su lugar en el mundo era este? ¿Le preocupaba que existiera algo aquí que pudiera hacerle cambiar su destino? ¿Sentía curiosidad por el siguiente camino que tomaría? ¿Creía estar haciendo lo correcto? Todos los días, apenas abría los ojos y su recuerdo se hacía visible, aquellas preguntas me acometían. No pensaba en mi futuro ni en el de la sociedad en la que vivíamos. Me preocupaba ella, pensaba en sus días y en cómo los transitaba, especulaba con la idea de que el habernos encontrado había hecho que por fin su existencia tuviera un sentido, un deseo de continuar siendo existencia. Imploraba que las circunstancias se dieran tan disimuladamente como antes para que pudiera verla de nuevo.

Y cada vez que así sucedía, el anhelo de su presencia se hacía más fuerte, porque no era mía, porque no tenía idea de lo mucho que deseaba que lo fuera. La necesitaba y por más de que lo pensara así a cada minuto, no me daba cuenta de lo fuerte de aquella necesidad hasta que podía sentir su aroma flotando en el aire. En esos momentos, la ambición me subrogaba y sólo quería tomarla en brazos y mantenerla allí hasta que esa oscuridad se fuera.

Me vi una vez más, sumido en esta clase de pensamientos sin percatarme que mi cuerpo no reaccionaba. Las únicas partes  que aún mantenían poder sobre sí eran mis piernas, pero sólo para moverse incesantemente en una danza que generaba que mis niveles de ansiedad se escaparan de los parámetros. Alena no levantaba la vista pero tampoco se movía. Aquellas lágrimas infernales comenzaron a rodar por sus mejillas, confundiéndose con las gotas de agua que habían quedado como vestigios de la lluvia.  La muchacha que siempre la acompañaba, sostenía su cuerpo, como se suponía que yo debía hacerlo. Ambas no resignaban su posición junto al marco de la puerta de la habitación de hospital.

Ni Himchan ni Junhong, y mucho menos yo, entendíamos lo que sucedía y no podíamos plantearnos el porqué de la presencia de Alena allí. Pero aun con esas dudas, vi como las dos personas que venían conmigo, se dirigían hacia el interior, buscando encontrarse con el verdadero motivo por el que todos estábamos aquí y ahora. Mi cuerpo que todavía oponía resistencia, se quedó pegado a la silla de la sala de esperas, observando el llanto de aquella frágil mujer.

I'm gonna make you love me  [BangYongguk]¡Lee esta historia GRATIS!