CAPÍTULO VII

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Voy camino del instituto, con muchas ganas de verlo, espero sentada en el banco con Zaira, Alejandra y Julia, ahí está su grupo de amigos pero y él... ¿Dónde está? No me da tiempo a terminar la frase cuando escucho el ruido de una moto llegar, es él, que guapo está pero... espera un momento ¿quién es esa?, ¿quién es la que viene con él?, no me suena la cara, le pregunto a mis amigas si sabían algo de ella, por lo visto es una exnovia de Hugo...

Entramos en clase y mi cabeza da mil vueltas, pienso en lo peor, no me ha dado otra opción, soy un poco celosa lo admito.

Ella es de mi misma estatura, pero es rubia con los ojos verdes, su nombre es Ana.

Este sábado hay una fiesta en la playa a la que todos los jóvenes acudirán, las chicas están pensando ya en qué ponerse, Zaira se acerca a mí.

-¿Tú vas a venir?- me pregunta Zaira.

- Pues no sé, a ver si tengo ganas -le digo.

-Va a venir Mario y su grupo de amigos- me dice insistiendo.

Es Sábado a las 9 de la noche, todas las luces estaban encendidas, las terrazas llena de gente y millones de parejas paseando dados de la mano, la verdad que hace buena temperatura para estar en la calle. Quedamos donde siempre en el parque "La Estrella" y vamos dando un paseo a la playa, hay ya gente allí, pero él no ha llegado aún, comemos pizza y nos tomamos un melón lleno de Ron con Cola con cuatro cañitas, la noche pinta bien.

Quince minutos más tarde llega Hugo y cómo no con su moto. La aparca y se baja, viene guapísimo con pantalón corto verde agua, una camisa blanca ibicenca, y sus pelos perfecto. Mario y los demás chicos están sentado al lado nuestra, así que llega Hugo y como un caballero da un beso a cada chica, incluyéndome a mí, se hace el malote quitando a su amigo Nacho la toalla para sentarse él y no mancharse su pantalón nuevo del bershka. Empezamos todos a hablar y reírnos, estaba a gusto pero a la vez incómoda ya que no me ha dicho nada.

Al rato se acerca una chica.

-Es Ana- dice Mario

Hugo se gira y se levanta para recibirla, le da dos besos y le invita a sentarse.

Ahí está ella, con un vestido blanco que le llega a las rodillas, parece que se ha puesto de acuerdo con Hugo para vestir los dos de blanco, está sentada al lado de él, le dice algo al oído, los dos se ríen al unísono, comienzan a hablar.

Yo estoy un poco celosa, empieza a caerme mal Ana y apenas la conozco, se levantan y se van a dar un paseo por la orilla, parecen una pareja de enamorados, no quiero reconocerlo pero encajan el uno con el otro, son tal para cual, no puedo evitar mirarlo cuando él se acerca a ella y le da un beso, al poco vuelven y se sientan.

Mario tan oportuno como siempre salta y dice vamos a jugar a las cartas, para pasar el tiempo.

-No, no, vamos a jugar a la botella- dice Darío, el muy capullo, quería tema con Zaira.

Todos nos empezamos a reír, ya sabemos por donde van siempre los tiros de Darío.

Empiezan a rular la botella y le toca a Mario con Julia se dan un pico y todos dando silbidos como siempre, rulan de nuevo la botella, ésta vez le toca a Hugo y como no, con Ana parece que está todo preparado, ellos no sólo se dieron un pico, ellos se dan un beso y por último me toca a mi con Dario.

-Vamos a cambiar de juego- dice Darío, ya que el plan de la botella no había funcionado y no le tocó a él con Zaira.

Comenzamos otro juego y deciden que el que pierda a las cartas se mete en el agua en ropa interior con alguien de sexo contrario, nuevamente pierde Hugo se quita sus pantalones nuevos y su camisa ibicenca, lleva ahí la cicatriz de la operación, y elige a Ana, ella se quita el vestido y se van los dos corriendo para el mar se meten y tardan en llegar mientras los demás nos ponemos a charlar.

- ¿Qué te pasa? -Alejandra me pregunta

- ¡Eso!, ¿Por qué estás tan seria? - dice Julia

- Estoy cansada y además es tarde- les digo.

Cuando vuelven cogen la toalla de Nacho y se acurrucan mutuamente, se dan besos y abrazos bajo el reflejo de la luna.

Me levanto y me despido.

- Es tarde adiós – les digo

Me marcho, son más de la 2 de la madrugada y debía volver a casa.

Abro la puerta y ahí está mi madre echándome la bronca, no la he llamado en estos días de acampada, "supuestamente" y recordándome que ésta semana era muy importante, que estamos en plenos exámenes finales, como si no lo supiera yo...

Entro a mi habitación aturdida por todo lo que ha pasada en este día, me estaba empezado a agobiar. Seguidamente me tumbo sobre la cama y no paro de pensar en todo lo que me espera esta semana.

Pídeme que te bese ¡Lee esta historia GRATIS!