CAPÍTULO IV

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Días más tarde me dirijo al hospital, para realizar las pruebas y salir de duda, más que nunca estoy nerviosa ya que todo depende de mi.

Voy a la primera consulta, comienzo con unos análisis de sangre y una prueba de respiración, me dan miedo las agujas pero... no es momento de pensar en eso, es momento de ser valiente de mirar al otro lado, respirar hondo y tener esperanza.

Pasado un tiempo, salgo de aquella sala oscura y silenciosa, voy a la sala de espera, me siento y me pongo a whastappsear, estoy inquieta no puedo evitar el tembleque de las piernas...

Al cabo de un rato sale el Doctor Montero, se acerca cabizbajo y empiezo a asustarme, después de unos segundos inquietantes...

-Sí- dice seriamente manteniendo la respiración

- ¿Cómo?- pregunto aturdida

-Que sí, que todo ha salido bien -me responde

Mi cara lo dice todo, me sale una sonrisa de oreja a oreja.

-¿Cuándo?- le digo sonriendo

¿Cuándo qué?- me pregunta extrañado

- ¿Qué cuando es la operación?- le vuelvo a decir impaciente.

- En varios días te llamaré y te diré el día exacto, aún así no creo que tarde mucho, un máximo de una semana- dice sonriendo

- De acuerdo.

- Pero... tienes que saber una cosa... no es cien por cien seguro que salga bien.

- Lo sé Doctor, pero quien no arriesga no gana- respondo decidida.

Me marcho a casa, todo el camino pensando en cómo irá todo, si saldrá bien, si me perjudicará a mí, si ha sido buena idea y lo he hecho bien, si después de todo Hugo se enfadará o me dará las gracias, si nuestros caminos se volverán a separar... en definitiva millones de "y si..." se me pasan por la cabeza en estos instantes.

Se me viene a la cabeza que decirle a mis padres, se que soy menor de edad pero con 16 años puedo ya ir al hospital, no creo que se tomen muy bien que su pequeña hija como dicen ellos pase por un quirófano sin necesidad alguna, tan sólo por intentar salvar a alguien desconocido, no sé si mentirles y decir que voy unos días a casa de una amiga o incluso de acampada pero...¿ Y si sale mal? ¿Cómo le dices a unos padres que su hija se ha metido en un quirófano sin infórmalos? Ha salido mal y se ha... no quiero ni decir esa palabra... me provoca un nudo en el estómago se me contiene la respiración y no me deja acabar la frase.

Estoy confusa ¿Qué le digo? ¿Qué hago? son las únicas preguntas que formula mi cabeza, tras horas y horas sentada en la parada del autobús sin subirme en ninguno, decido embarcarme a la ventura y montarme en uno sin saber el destino ni rumbo que lleva, soy una chica valiente pero siempre está el dolor ese de barriga que decimos que es por los nervios aunque sepamos con seguridad que es miedo.

El autobús se para, me bajo y camino siguiendo las indicaciones de los carteles hasta llegar a una playa, bajo las escaleras me quito los zapatos y doy un paseo la orilla mientras intento pensar y buscar una solución.

Es tarde, debería volver a la parada, anochece y no sé cuál es el último autobús. Llego y me quedo sentada, no hay nadie y se hace el silencio, empiezo a preocuparme tarda mucho en llegar, desde lejos veo una luz larga que me deslumbra, sí ahí está, me subo y voy para casa, decidida a decirles a mis padres que me voy unos días con mis amigas de acampada, necesitamos desahogarnos, estamos cansada de todos los exámenes y no nos vendría mal unas minis vacaciones.

Está todo oscuro, entro y están viendo la televisión, enciendo la luz y se lo comunico, no me ponen pega alguna ya que saben que soy responsable y que me lo merezco.

Me voy a mi cuarto, pongo música, me cambio y me tiro encima de la cama a pensar..., para que después digan que los adolescente no tenemos problemas...

Pídeme que te bese ¡Lee esta historia GRATIS!