Capitulo 55

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~10 DE JUNIO~

-Oye, Dylan...

-¿Si?

-Entonces la tienda está cerca de aquella cafetería antigua ¿no?

-Si, ¿era hoy cuando ibas a acompañarla?

-Si. –Respondí guardando mi móvil en el bolso. –Nos vemos luego. Cuida de los niños.

-Para eso está Anna. –Golpeé su cabeza con mi mano para acercarme a la puerta de entrada. –¡Hey!

-Eso te pasa por idiota.

-Vale, vale, ¿dónde están?

-¡Por favor, Dylan! –Lo miré ofendida.

-¿Qué? –Rodé los ojos para abrir la puerta.

-Alex durmiendo y Ely jugando en el cuarto.

-Está bien. Ahora subo con ella. Asentí y antes de salir de la casa volvió a llamarme. –¿Y mi beso?

-No hay beso.Salí cerrando la puerta para subirme a mi coche.

Hará unos días, Kysha me había pedido que la acompañara a hacerce un tatuaje y no pude negarme.

•••

-¿Por qué quieres hacértelo? –Pregunté una vez que estábamos frente a la tienda.

-Por Damian. No me lo ha dicho, pero él le da importancia a estas cosas.La miré levantando una ceja pero aún así no dije nada.

Volvió a mirar la tienda de tatuajes para suspirar y mirarme. Yo asentí y ambas entramos escuchando el tintineo de la campanilla que había colgada de la puerta.

-Hola.

-Hola... Murmuró la chica que había detrás del mostrador sonriente. –¿En qué puedo ayudarlas?

-Me gustaría hacerme un tatuaje.

-Claro. –Hizo señas para que la siguiéramos y así lo hicimos. –¿Ya sabes lo que quieres?

-Mmm... Creo que si. –Respondió Kysha no muy convencida a pesar de que demostraba todo lo contrario.

-¿Y el lugar?

-También.La chica tatuada se disculpó para retirarse un momento. –¿Estás segura de que esta chica sabe?

-Claro. Dylan me dijo que aquí fue en donde él se los hizo. –Asintió para mirar todo a nuestro al rededor. –Aunque también me había dicho que quien tatuaba era un chico y no una chica...

Y efectivamente, con la chica de antes, apareció un chico más alto y más robusto de lo que podía imaginar.

-¿Quién es mi presa? –Dijo y noté como Kysha tragó saliva asustada.

¿Dónde nos habíamos metido?

•••

-Listo. –Kysha soltó mi mano después de haberla apretado todo el tiempo.

-Lo siento. –Dijo avergonzada y yo sonreí para negarle con la cabeza.

-Dejame ver... –Dí la vuelta para ponerme a su espalda. –¡Oh! Es hermoso.

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