Capítulo 5| Editado.

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                  Alexander.

Esa chica era hermosa, tenía un lindo perfume.

Miré a mi "padre", quien se encontraba pálido.

—¿¡Qué hiciste para que te trate así!? —le gritó mi madre, pegándole.

—Yo nada —levantó sus manos en forma de inocencia—. Fue Evaristo. Él es el que está en problemas.

—¿Cómo es que esa chica tiene tanta fuerza? —pregunté, me moría de la intriga.

—Por que ella es un A... Espera, ¿ya se lo has contado? —pregunta papá.

—B-bueno no —respondió mi madre nerviosa.

—¿Pero por qué no? Ya tienen el derecho de saber quienes son.

—¿De qué hablan? —preguntamos mi hermana y yo.

—De nada —contestó mi mamá—. Y mucho menos ahora le diré lo que son, Marcos. ¿Acaso no viste qué ella lo olió? Puede pasarle algo grave como paso antes.

—Claro que no mujer. Ella ya es responsable, cambió.

—¡He dicho que no se los diré! ¡No dejare que mi hijo muera por esa mal nacida!

—¡No le hables así! Es tu ahg ya que —se rindió mi padre—. Contigo no se puede. Ella de algún modo cambió, sabe lo que puede pasar si no es firme. Deberías darle una oportunidad, ella nos ayudo con ese tema Linda.

—No, no lo sé —frotó su cien—. No confió en ella. No permitiré que algo grave les pase a mis hijos.

—Terca tenías que ser —murmuró entre dientes.

—Eh, seguimos aquí —digo molesto.

—Oh, disculpen. Suban arriba ya los llamó.

—¿Okey...?

Me metí a mi cuarto. ¿Quién sera esa chica? Sentí algo extraño con su presencia. Me paré de la cama y caminé hacia mi escritorio donde tenía mis pinturas.

Agarré lo necesario y comencé a dibujarla, primero las cejas, luego los ojos y así sucesivamente.

—Puedo pasar... —preguntó mi hermana mientras asomaba su cabeza.

—No, no puedes.

—Que mal porque ya estoy aquí —sonríe victoriosa.

—Uff, ¿qué quieres?

—Tengo que contarte algo que descubrí.

***

Me encuentro en una habitación blanca. Todo en ella es de ese color. Me acerco un poco más a la puerta bajándome de la camilla.

Se escuchan voces, tanto hombres como de mujeres.

Gia, debes abrir los ojos. No es todo como parece —dijo una voz masculina—. Te ayudaré con ese tema como siempre lo he hecho pero...

Aun no me decidí si abrir la puerta o sólo escuchar. Pero la curiosidad y el chisme son cosas que amo.

Lo sé, Matt. Nadie debería escuchar esto —dijo una voz suave pero fría a la vez.

Me siento malo.

Nadie se debe enterar de que Belinda es... —comenzaba a decir otra voz.

—¡Hermano despierta! —escucho a lo lejos como Taylor me sacude.

¡No he podido escuchar lo que era mi madre!

—Ya, Taylor. Estoy despierto —gruño y le pego a la almohada.

Su Luno © TERMINADA.¡Lee esta historia GRATIS!