CAPÍTULO III

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Suena el despertador 7.15 de la mañana con aquella música de "El perdón" de Antonio José. Esta mañana es diferente, apago el despertador sin energía alguna, no es como otras veces que me levanto cantando. Es raro, aunque si lo pienso no es tan raro es la típica actitud de cuando estás desganada, me visto y marcho al instituto, no hablo en todo el camino de ida, mis amigas hablan de chicos pero a mi no me apetece mezclarme en su conversación, quiero que sean ya las 14.30 para volver al hospital y verlo.

Las clases se me hacen eternas, los profesores no paran de preguntarme que me pasa pero mi respuesta es siempre la misma "Nada, sólo estoy cansada" ( "Nadas que lo dicen " todos" y " todos que no significan "nada").

No paro de mirar el reloj que no pasan más de cinco minutos sin que lo vuelva a mirar, apenas escucho a la explicaciones, no tomo apuntes y no le doy muy buenas contestaciones a mis compañeros, supongo que cuando tenemos un problema nos afecta en todos los ámbitos de nuestra vida y eso es algo que no podemos evitar.

¡Por fin las 14.30! Una mañana muy intensa y muy larga estoy agotada pero aún así tengo que ir a verlo.

Cojo el bus de las 15.00 y me planto allí. Aquí estoy otra vez, la puerta de la 228 entro y me quedo un rato mirándolo, es una tortura ver como el chico que te gusta está en coma y lo peor aún es saber que es por tu culpa.

Todos los días después de clase voy a verlo, esa es mi nueva rutina, intentar animarlo, hablar con él, decirle lo que siento, que se encuentre bien, y cada día le pido perdón por aquello.

Son las 18.00, hora de la visita médica, espero a ver lo que dicen, si avanzaba o retrocede, todos los días encuentro a ese médico rubio y dice esas siglas que cambiaban mi estado de ánimo, al principio era siempre PR (Pronóstico Reservado), eso era una información desconocida, no sabían si avanzaba o no, después de dos meses igual por fin llegan noticias nuevas ahora, son otras siglas diferentes PA ( Progresa Adecuadamente ), al fin después de tanto tiempo logro volver a sonreír, aquel médico de ojos azules me invita a un café, después de tantos días allí en aquellas cuatro paredes.

Del instituto al hospital ese es mi día a día, estudio y hago las actividades o trabajos en aquellas cuatro paredes.

Uno de los días habla conmigo el doctor Montero, nos sentamos y empieza a hablarme de Hugo, me comenta que hay un pequeño problema con él ya que al lleva mucho tiempo conectado a las máquinas tiene encharcado los pulmones y que después de diversas pruebas... han llegado a una conclusión.

- Necesita un trasplante – dice con una baja voz y entrecortada

- Yo me ofrezco voluntaria- respondo de inmediato

- Eso no es tan fácil...- vuelve a comentar.

-¿Qué hay que hacer?- formulo la pregunta lo antes posible

- Hay que realizar diversas pruebas...además la operación se puede complicar y...

No le dejo terminar la frase cuando salto"yo" con la mía

- Me da igual doctor contesto, hazme las pruebas ya, que menos que intentar ayudarlo, aún me siento culpable por lo ocurrido y necesito que ésta tortura acabe lo antes posible.

-Bueno lo primero es saber si sois compatibles- me dice mirándome a los ojos fijamente

- Pues venga a que estamos esperando- le respondo impaciente.

- Pero espera... - dice bajando la voz lentamente

- Venga doctor vamos- le digo levantándome de la silla.

Estoy nerviosa e inquieta necesito saber si somos compatibles, si hay alguna oportunidad para que acabe esto, me realicen las pruebas necesarias y que salga todo perfecto.

Pídeme que te bese ¡Lee esta historia GRATIS!