CAPÍTULO I

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Suena el despertador, 12 de septiembre del 2010, hace un magnifico día o eso parece aparentemente, los rayos de sol entran por los huecos de las persianas, suena el piar de los pájaros del nido que hay en mi ventana, no se escucha ningún pitido de coche, parece que aún sigue siendo verano pero me temo que no que las vacaciones ya han acabado... en realidad tengo ganas de volver a la rutina, volver al instituto, ver caras diferentes, conocer gente nueva, bueno no voy a mentir, ganas de verle, ver aquel chico de bachillerato, pasar por el pasillo y verlo con los amigos discutiendo quién era la que mejor culo tenía.

Me pregunto constantemente ¿Habrá cambiado? ¿Tendrá novia? ¿Seguirá teniendo ese pedazo de culo? ¿Cómo estará? ¿Seguirá así de guapo?

Salgo de casa a las 7.30 Julia, Alejandra y Zaira me estaban esperando como siempre en el parque "La Estrella", todas traen caras de dormidas menos yo y eso que apenas he pegado ojo que los nervios, vamos llegando al instituto y ahí llega él, en su nueva moto, su pelo alborotado del casco y Nacho detrás de él.

Aparca en el acerado de enfrente dejando el casco en el maletín de la parte de atrás, después se sube los pantalones y se coloca bien su flequillo mientras se mira en el espejo de la moto, seguidamente mete la mano en su bolsillo derecho y saca un cigarro del paquete se lo pone en los labios y le ofrece al resto de sus amigos.

Quedan quince minutos para que suene el timbre y comiencen las clases.

No sé lo que le vi, pero me gustó. Era diferente, más alto que yo, ojos verdes, pelo castaño y una sonrisa perfecta que enamora... me trae algún recuerdo...

Nos sentamos en el banco a esperar, las chicas no paran de criticar los nuevos modelitos y parejas que nos trae el verano, sin embargo yo no puedo apartarle la mirada. Se acerca un chico delgado y con gafas de sol, se para delante de Zaira e interrumpe la conversación.

-¿Tienes fuego guapetona?- le pregunta a Zaira sin quitarle la mirada

-No, no tengo - contesta ella sin pestañear

-Ese es Darío- interviene Alejandra - amigo del guapete aquel de la moto.

Los ojos se me abren como platos al escuchar "moto y guapete" la conversación me empieza a interesar así que atiendo a lo que hablan, después de todo Alejandra conoce perfectamente a esos chicos, eran amigos de su hermano Mario.

Suena el timbre y entramos en clase, me siento al lado de Alejandra, Zaira y Julia detrás nuestra, no paro de preguntarle cosas sobre el grupito de amigos de su hermano, sus nombres son: Nacho, Darío, Mario y el encantador Hugo el chico de la moto, aquel chico de 18 años con una sonrisa perfecta.

Ya sé su nombre y su edad, lo que más me gusta de él es ese toque de chico malote delante de sus amigos pero seguro que en el fondo es un romántico, ¿Por qué las chicas nos enamoramos siempre de los "malotes"?

Quizás nos atraigan más o será porque llaman más la atención, pues la verdad no lo sé pero tengo ganas de hablar con él y escuchar su voz.

Cambio de clase, vamos para biología tengo que pasar por todo el pasillo, eso significa verlo a él, y a su grupito, no es porque a mí me guste, pero... él es el más guapo, no quiero ni mirarlo, me da vergüenza, miro hacia abajo, ¡plaf! El blog y los folios al suelo, me agacho a cogerlos, hay alguien delante mía no me da tiempo a levantar la mirada, cuando baja a ayudarme y.... es él, es Hugo, es el chico de la moto.

Lo siento no te vi, iba con prisa y no me di cuenta – dice mientras inclina sus manos hacia mí para darme los folios.

- No pasa nada tranquilo- le respondo nerviosa y tartamudeando.

- Mi nombre es Hugo y soy estudiante de bachillerato- comenta sin dar importancia.

-¿Y tú nombre cuál es?- Me pregunta, supongo que por cortesía. No solo es guapo y simpático, también es educado.

- Mmm...Para ti la chica del blog, mi nombre solo se lo digo a personas especiales y de momento... bueno... quien sabe - digo con una sonrisa picarona y con una pequeña arruga en las comisuras.

-Bueno... ¿nos vamos?- Escucho una voz cerca de mí, es Julia, me recuerda que llego tarde a clase.

Entonces me despido guiñándole el ojo y pasándome la mano por el pelo, me encanto el momento, solo puedo reprocharle a Julia el haber estropeado ese instante con Hugo, ella se ríe pero a mí no me hace ninguna gracia.

Salimos de clase y volvemos a casa andando, solo pienso en aquella situación con Hugo que había interrumpido Julia.

¿Por qué había tenido que aparecer en ese preciso momento?

De repente escucho tres voces a la vez, gritando mi nombre, un pitido y ¡plaf!.

Cruzo sin mirar y provoco un accidente a un chico, éste cae al suelo, la moto derrapa justo a su lado, me quedo paralizada, sin saber qué hacer, como actuar, las piernas me tiemblan como una gelatina en un plato apunto de derramarse al suelo, sin pensarlo más... voy corriendo a ayudarlo, me acerco, le intento quitar el casco pero no puedo, mis brazos no pueden, no dan para más los nervios me superan, de inmediato un hombre alto, con un periódico que deja caer sobre el suelo me ayuda y tras varios intento lo conseguimos... no puede ser... no me lo puedo creer... es él... otra vez, rápidamente cojo el teléfono y después de varios intentos para atinar con el número llamo a la ambulancia y en pocos minutos vienen a por él.

Pídeme que te bese ¡Lee esta historia GRATIS!