Capítulo 34.

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   Los cambios habían pasado tan rápido como los cuatro meses siguientes

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   Los cambios habían pasado tan rápido como los cuatro meses siguientes. Apenas pudieron asimilar lo que hubo pasado a continuación, simplemente se limitaron a vivirlos de la mejor forma posible, con la idea en la mente de que tenían que disfrutar del mundo que habían creado por todos los seres queridos que habían perdido en el camino. 

   Después de que la cosa se relajase, unas semanas después de la batalla y tras haber pasado unos días ajetreados en Polis, Lexa decidió cambiar un par de cosas. En primer lugar, el cónclave que se celebraba cada vez que un Comandante moría, aquel en el cual, los posibles futuros Comandantes tenían que luchar para que al final, sólo quedase uno y que ese uno fuese el siguiente Heda fue completamente borrado de la vida de los terrestres. Impuso una nueva ley como Comandante, una ley que debería de respetarse a toda costa y que tendría que pasar de generación en generación: el siguiente en ocupar el puesto de Comandante sería nombrado con anterioridad a su muerte por el propio Heda actual, así, cuando éste muriese, el siguiente pasaría al trono sin necesidad de que nadie perdiese la vida por intentar llegar a él. No hubo negaciones ante esa nueva ley. Los suyos parecían haber aceptado tras la batalla que no había debilidad en Lexa por el hecho de que Clarke ocupase su corazón. Habían comprobado que la Comandante había encontrado la fuerza en ella y por esa razón el respeto hacía Lexa se incrementó. 

    Pasaron dos meses hasta que los terrestres se acostumbraron a la nueva vida en la que la sangre no pedía más sangre. Sus hijos jugaban como niños normales en las calles. Los asesinos, se centraron en su familia y los guerreros, volvieron a casa, esperando a que la Comandante tardase en requerirlos. La paz se había impuesto en todos y cada uno de los clanes y entonces, cuando todo se hubo normalizado, Lexa, decidió cambiar su hogar por Arkadia. Cuando anunció su retirada hacía el clan Skaikru, casi todos se levantaron en contra de esa idea, pero no tuvieron otra que aceptar. Ella continuaría comandando y en Polis se quedaría Aden, nombrado su segundo tras su marcha a Arkadia. Lexa no tardó en convertirse en una skaikru más. Había dejado de lado la vestimenta de Heda y todo lo perteneciente al mundo pasado. Comenzó a hacer su vida con Clarke como lo haría cualquier otro ser humano, sin pensar en guerras o en injusticias manchadas con sangre. Encontró su felicidad enseñando a los niños de Arkadia, inculcándoles todo lo que había aprendido a lo largo del camino para al final del día, encontrarse con la persona que le había salvado en todos los sentidos posibles. Era feliz. Por primera vez desde que tenía uso de razón, ya no temía levantarse al día siguiente, ya no tenía que proteger su coraza de firmeza y dureza porque ahí, podía ser tal como era sin temor a que nadie le reprochase que esa no era la actitud para una Comandante.

    Esa misma tarde, Lexa había tenido una reunión con uno de los jefes de la aldea vecina, con la que Arkadia iba a comerciar. Normalmente, de esas tareas se encargaban ella y Octavia, pero ésta había tenido que salir junto con Raven a arreglar un sistema de purificación de agua instalado en uno de los asentamientos terrestres. Cuando salió de la reunión, habiendo logrado un contrato justo para ambas partes, se reunió con Clarke en la parte trasera de Arkadia, donde Bellamy, desde atrás, le sujetaba los brazos con firmeza para que en esa ocasión, acertase en el blanco con la pistola que tenía entre las manos. 

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