Capitulo 5. Bailando en la oscuridad

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Eran las siete en punto cuando John salió de su habitación, situada en la última planta, y bajó hasta el segundo piso. Llamó a la puerta varias veces en busca de los mellizos, pero nadie respondió. Al tratar de abrir la puerta comprobó que estaba bloqueada, igual que la habitación de Gary y Blair, situada enfrente. Se dirigió al final del pasillo, donde se encontraba la de Jimmy, y tocó con los nudillos la madera.

—¡Está abierto! —se oyó decir al chico desde dentro.

John abrió la puerta y, antes de poder preguntarle por sus hermanos, los vio allí a todos. Entonces sonrió aliviado.

—He pensado que podríamos pasar unos días fuera de aquí, sin tanta gente alrededor, para... hablar más tranquilos —les comunicó.

—De acuerdo —dijo Jimmy.

Los Owen habían pasado la noche en la habitación de Jimmy hablando sobre lo que John y el doctor Malone les contaron acerca de sus padres; sobre la experiencia de Jimmy estando en aquel lugar y la del resto estando por su cuenta; de cómo habían sufrido los cambios y de cómo lograron controlarlos en determinadas ocasiones y también hablaron de Kitty. Estuvieron hablando hasta el amanecer. Siete años eran mucho tiempo.

El viaje fue largo. Tuvieron que salir del extenso bosque para incorporarse a la carretera de la ciudad y después bifurcarse a una comarcal hasta alcanzar la Interestatal Cinco. Atravesaron el Estado hacia el norte para llegar a Steilacoom, en Pierce County, y desde allí cogieron un ferri que los llevó a Anderson Island, donde John tenía una casa a orillas del Josephine Lake.

La vivienda era una enorme casa blanca de estilo victoriano con tejado gris oscuro y grandes ventanales. De tres plantas si se tenía en cuenta el garaje, aunque John siempre aparcaba fuera. También tenía un porche octogonal de barandillas blancas y un pequeño jardín en la parte posterior que conectaba con el muelle privado que pertenecía a la propiedad. Enfrente de la casa había una montaña de tonos marrones y verdes, llena de árboles centinela que vigilaban el lago y arbustos que los flanqueaban. El cielo era azul claro y los rayos de sol que atravesaban las pocas nubes que había, hacían que el agua tuviera distintas tonalidades verdes y azules.

—No venía aquí desde antes de adoptar a Jimmy —dijo John con nostalgia mientras contemplaba el paisaje.

—Pues cómo tiene que estar la casa —pensó en voz alta Blair sin pensar que pudiera ofender al propietario.

—Limpia y equipada —contestó tomándose el comentario bien—. Me encargué de que todo estuviera listo.

—Qué previsible —comentó la chica.

—Qué controlador —corrigió Jimmy.

Los Owen soltaron una pequeña carcajada, y Sam, que los había acompañado para grabar las sesiones, también se unió. Era cierto que John era muy controlador.

Los Owen habían estado siete años separados, sin contacto alguno. Todo lo que querían ahora era estar juntos y recuperar el tiempo perdido. Así que, si John quería conocer a cada uno de los hermanos de Jimmy y ganarse su confianza, tendría que conocerlos mejor.

—Cuando comenzasteis a experimentar la sed, sé por Jimmy que debisteis entrar en una lucha continua contra vuestras necesidades. Con él no fue fácil. —Miró a Jimmy—. Pero al menos me tenía a mí. Me gustaría saber cómo fue ese primer momento y cómo lo superasteis —les dijo John.

—¿Cree que lo hemos superado? —respondió Robbie—. Esa lucha de la que usted habla no se ha ido.

John miró a Jimmy. No creía que aquello fuera cierto por lo que había vivido con él, pero el chico asintió dándole la razón a su hermano. Que no se le notara no significaba que hubiera desaparecido. John comprendió que quizá había ciertas cosas que era mejor no saber sobre Jimmy y sobre el resto de los Owen, pero tenía que saber cómo empezó.

Los Guardianes (I): OcasoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora