Capítulo 32.

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    No supo cuántas horas habían pasado, ni cuántas heridas podía soportar su cuerpo. Sus piernas estaban empezando a gritarle de dolor y el lastre de sus brazos no podía ni siquiera soportar el fusil que tenía entre sus manos, al cual intentaba proporcionarle cada vez más firmeza para que sus disparos fuesen más certeros. 

    Bellamy nunca antes había visto algo así. La gente caía como moscas. Se derribaban los unos a los otros de manera feroz y sangrienta y apenas podía distinguir cuántos de los suyos habían muerto ya. Al quedarse sin munición había tenido que apropiarse de las armas de los Skaikrus fallecidos en combate para poder seguir disparando y su mente estaba completamente centrada en matar a unos cuántos enemigos más. 

    Hacía rato que Clarke y Lexa habían desaparecido de su vista. Hacía rato que todo lo que podía diferenciar se volvió similar. Tan similar que ya no podía diferenciar su sangre de la de otros, de la de todas las personas que había tenido que matar con sus propias manos o de los cortes que éstas le habían proporcionado en algunas partes de su propio cuerpo. El dolor era menos agudo de lo que pensaba, quizás, porque ni siquiera podía estar centrado en el dolor, sólo en la idea de que Clarke no fuese una de las tantas personas que ya habían caído en la batalla, dejando un pequeño rastro de sangre a su alrededor. En ese momento deseó haber tenido otro walkie para que Raven pudiese informarle sobre el estado de su amiga. Pero ni siquiera podía centrarse en eso. Sólo podía centrarse en uno de los guerreros de Azgeda que se le acercaba corriendo y de manera amenazante, gritando que deseaba matarlo y entonces, un disparo certero en la cabeza. Cayó como plomo al suelo, dejando paso a otros. 

    Fue entonces cuando pudo divisar una melena rubia disparando de igual forma que él. Lexa la estaba cubriendo con la espada y Lincoln se mantenía a su lado. La ferozidad de la Comandante en batalla era algo que conseguía asombrarle por completo. Quizás porque había sido entrenada para eso durante años o quizás, porque tenía algo más importante que proteger, algo así como la persona que amaba profundamente y en ese momento, el dolor que sentía su cuerpo, pasó a su pecho: compartían el amor por la misma persona, pero esa persona, nunca jamás podría llegar a perdonarle por todo lo que había hecho, por todo el daño que había causado, por toda la gente que había llegado a matar para proteger a los suyos. Clarke nunca lo entendería. Clarke ahora estaba en los brazos de otra y cuando esas ideas pasaron de nuevo por su cabeza, la ferozidad de Bellamy en combate también aumentó. Había pasado de ser silencioso a gritarle a todos sus enemigos que iba a acabar con ellos. Grito. Disparo. Disparo. Grito. Se iba haciendo paso entre los cuerpos, entre sus enemigos a base de disparos. 

    Pero algo le hizo detenerse. Lexa estaba demasiado ocupada con Roan, con el que ya había luchado anteriormente en Polis como para haberse dado cuenta de que uno de sus enemigos estaba a punto de disparar a Clarke. Los ojos de Bellamy se abrieron inmediatamente, en cuanto comprobó como la desesperación de Azgeda por matar a su amiga era tan grande que ni siquiera les importaba coger una de las armas Skaikru para acabar con su vida. No tuvo tiempo de asimilarlo porque en un rápido movimiento, apuntó a ese tipo y apretó el gatillo. El disparo fue certero y el que él había destinado a Clarke, acabó en el pecho de uno de los suyos. La rubia en seguida se giró, asustada por el disparo. Fue entonces cuando se encontró con la mirada de Bellamy, quién apretó la mandíbula. Clarke lo entendió en seguida, en cuanto su mirada se desvío hacía el cuerpo de la persona que había estado apunto de matarla. Los labios de Bellamy se curvaron en una leve sonrisa y su mirada se relajó, pero el pecho de Clarke se contrajo al sentirse totalmente protegida también por él. Se lo agradeció con un gesto de cabeza que el joven en seguida le devolvió, pero luego, todo estaba oscuro. 

    Clarke tuvo que dar un paso atrás, con los ojos ligeramente abiertos y la boca gritando el nombre de Bellamy. Se había centrado tanto en su mirada, en su sonrisa, en sus ansías por salvarle la vida que no se había dado cuenta de que uno de los guerreros de Azgeda se había acercado por la espalda del chico de manera sigilosa, hasta estar tan cerca que sólo tuvo que clavarle una lanza en el costado. Una lanza que dejó atravesando su cuerpo. Bellamy agarró el palo y lo miró derrotado, sin temor, dejando que sus rodillas tocasen inmediatamente el suelo, dejando que sus piernas perdiesen todas las fuerzas que le quedaban. Miró a Clarke antes de que la cabeza comenzase a darle vueltas, antes de que su cuerpo fallase por completo y tuviese la necesidad de tumbarse por completo, antes de que tuviese que cerrar los ojos y quedar en su mente, bien fotografiada, la mirada de desesperación y preocupación de Clarke. Luego todo se volvió distinto. Los gritos, los gemidos, las voces, dejaron de tener sentido. Todo se había sumido en un profundo silencio para él. Sentía un frío enorme en el cuerpo y el costado emitía un dolor tan agudo que sólo deseaba que todo terminase porque de hecho, todo había acabado. Entonces escuchó un disparo. Y otro cuerpo cayó a su lado. Pudo sentir el calor que este irradiaba y no le hizo falta abrir los ojos. Supo que su amiga se había vengado, que había levantado su arma y había disparado a la persona que le había atacado por la espalda. 

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