Capítulo 11

50 9 0


El refugio


Conforme paso el tiempo, los chicos se fueron acostumbrando al peculiar bamboleo que tenía el dragón para volar. Cuando este alzó emprendió el viaje, apenas y habían podido sujetarse de sus escamas; incluso Madison había tenido problemas para abrir los ojos. Solo Anna se encontraba sentada, mirando todo con naturalidad.

—¿Qué no puede volar en línea recta? Siento que estoy montada en un mugroso juego mecánico.

Steve lanzó una carcajada y dijo, dándole un codazo a Elliot.

—Y con lo que te gustan los juegos mecánicos, ¿Verdad, Robin?

La chica no respondió a su comentario. En su lugar, Anna bajo la cabeza y habló. A pesar de que les estaba dando la espalda, todos pudieron escucharla.

—Lo siento, no puede. Si vuela en línea recta, es más fácil que nos dé un ataque.

Las sonrisas y gestos murieron de inmediato, dando paso a un silencio que no duro mucho.

—¿Un ataque? —, la pregunta de Fabián exteriorizo las dudas de todos. — ¿De quién?

—... No soy la más indicada para hablarles de eso. Pero no se preocupen, sus preguntas van a ser respondidas.

Sin más, Anna se colocó a gatas y se acercó con cuidado al cuello de la creatura. Mientras la joven se alejaba de ellos, Carter lanzó un fuerte resoplido y dijo.

—Que barbará... Esa mujer sí que sabe mantener secretos, ¿Cierto Madison?

La mencionada asintió, al tiempo que hacia lo posible por escuchar lo que su protectora tenía que decirle al dragón. A pesar de que Anna provenía del mismo mundo que los chicos, se movía con tal precisión que, por un momento le dio la impresión de que esta ya no era tan humana como se lo había hecho creer.

Siempre había tenido sus dudas, pero ahora por fin podía darse el lujo de comprobarlas.

—Sujétense fuerte. Vamos a bajar muy pronto.

Con esas palabras, tanto Madison como los demás chicos le dedicaron toda su atención a no caer de aquel lomo en movimiento. Poco a poco, el dragón fue reduciendo la velocidad, inclinando el cuerpo para terminar posándose en un claro, rodeado de toda una gama de selváticas plantas.

A pesar de que la creatura intentó no realizar movimientos bruscos, cuando estiro sus alas sobre el pasto, Jenn lanzó un fuerte gemido y dijo, casi gritando.

—Por favor, ya bájenme de aquí.

—Tranquila. Hemos llegado.

Mientras los demás chicos hacían un intento por revivir sus adoloridas extremidades, Anna bajó el duro cuerpo de su amiga y, poco después, Madison la imitó. Ninguno de los chicos podía entender cómo es que ambas se movían con naturalidad por entre la vegetación. Era como si solo hubieran pasado unos minutos sobre el dragón, en vez de casi una hora.

Los chicos descendieron con cuidado. Cuando el último estuvo en el piso, Anna se acercó a la creatura y le susurró unas cuantas palabras al oído. La gigantesca cabeza asintió y, segundos después, se hecho en el mullido pasto al tiempo que juntaba las patas.

La guardiana tomó una rama cercana a ella, que al poco tiempo emitió un par de chispas y se prendió.

—No se separen de mi y aléjense de los arboles.

Con Anna a la cabeza, la extraña comitiva empezó su deambular por aquella selva. Nadie hablaba. Todos estaban enfocados en el camino y, aunque de vez en cuando emitían uno que otro sonido, el grupo intentaba moverse lo más silencioso posible.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!