Capitulo 4 :"Si es cierto no es alardeo".

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Querido cuaderno de páginas amarillas que toco cuando me aburro en clases de psicología:

Algo horrible va a suceder hoy.

Um, yo… No sé por qué escribí eso. Es de locos. No hay ningún motivo para que me sienta inquieta y todos para que sea feliz, pero…
Pero aquí estoy a las ocho de la mañana, despierta y asustada. Amélie ni siquiera ha llegado a la escuela y no hago más que decirme que simplemente sucede que estoy hecha un lío debido a que besé a mi ex novio que no he visto en dos años enteros. Pero eso no explica por qué me siento tan asustada. Tan perdida.
Ayer, mientras Naiara conducía hacia mi casa en su coche, tuve una sensación muy extraña. Y toda la noche en general. No podía dejar de pensar en él. Y de repente, todos los recuerdos de la niña de diecisiete años y el niño de diecinueve volvían a mi mente; era como un caleidoscopio de recuerdos ahogados, que desquitaban dos años de haber sido lanzados al abismo para salir a flote de nuevo. Y eso dolía.

Lo sé. Es de locos.

Ahora mismo, siento como que ni siquiera soy yo, y como que tampoco quiero serlo. Todo me parece tan extraño. Ayer, cuando regresé de la fiesta, me hundí en la cama que ni siquiera me parecía que fuera mía. El tocador de madera me parecía recién comprado, como si nunca antes lo hubiera visto en mi vida, y la televisión cubierta de peluches era como ver un montón de muñecas diabólicas mirándome directamente a los ojos. 

Pero era imposible que yo ni siquiera estuviera en mi casa. Quiero decir, ahora era mía, también. Mi mamá se había mudado aquí con mi padrastro, Byron, y se iban a casar en unos prontos meses. No tiene sentido nada de lo que digo.

Tengo un grupo de amigos nuevos en la Universidad, estoy cursando el primer semestre de periodismo. ¿Desde cuándo les tengo miedo también a ellos? Y exactamente, ¿por qué estoy tan asustada?

Dejé de escribir. Contemplé fijamente la última línea que había escrito y luego sacudí la cabeza, con la pluma cerniéndose sobre el libro de rayas. Luego, arrojé la pluma dentro de mi bolso, y tomé otro sorbo de café latte. 

Todo era tan totalmente ridículo…

¿Desde cuándo, Skylar Dayne, tiene miedo de reunirse con gente? ¿De hacer cosas? Me puse de pie, y llena de enfado, apreté el vaso transparente de café y me encaminé hacia el campus. Era extraño que Amy no se hubiera reunido conmigo ya. Entrábamos en una hora.

Sentí unos brazos enredarse alrededor de mis caderas, y un húmedo beso en mi mejilla. Giré la vista, y me encontré con los ojos de Nathan mirándome con apreciación. Sin decir nada, me alejé de él y sonreí con sorna.

-Nathan –sonreí aún más. ¿Por qué mis mejillas dolían cuando le sonreía precisamente a él? Era como tener que fingir todo el tiempo.
-Um, hola –sonrió, y me entregó una caja azul con un lazo impreso en ella. La tomé con vacilación, y detallé la tapa. Había algo pesado y caliente dentro. Lo miré con expectación, esperando una respuesta. El aire olía a Sol y a café, y a lo lejos, sonaba una canción de Bruno Mars.
-Escuché por ahí que te encantan los brownies –sonrió más ampliamente, enseñándome sus dientes ultra-blancos. 
-Gracias –me ruboricé. –Es dulce de tu parte.
-Estás preciosa esta mañana –me aduló, dando pasos hacia mí. Su camisa estaba desabotonada un poco, dando a relucir su pecho pálido. 
-¿Esta mañana? –me burlé, arqueando una ceja.
-Bueno, siempre –se corrigió, y soltamos una risita al unísono. Aunque yo, por supuesto, había sonado incómoda.

Apreté los labios y sonreí. Él continuó acercándose a mí. Olía a un caro perfume de Gucci y su aliento era como si se hubiera tragado tres cajas de Trident. Posicionó sus manos en mis caderas, enviando un leve, casi inexistente, impulso eléctrico por mi espina. Sus ojos azules descendieron hasta mis labios, y apenas rozó sus labios con los míos, cuando un estruendo nos hizo girar la cabeza hacia la acera de enfrente. 

El estruendo se produjo de nuevo. Miré a un sujeto acomodado sobre su moto, haciendo sonar el motor audiblemente insoportable. Achiqué los ojos, y él estaba mirando para acá, también. Sus risos caían sobre su frente y sus manos estaban posicionadas fuertemente sobre el manubrio de la monstruosa motocicleta negra. Allí estaban esos ojos que yo no podía dejar de mirar. Una chaqueta de cuero cubría su espalda, y con satisfacción, hizo sonar el motor de nuevo, y se alejó como alma que lleva el diablo a través de la calle. Lo observé alejarse a través del umbral de rejas plateadas de la Institución. Era él.

Lost- segunda temporada-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora