Capitulo 3 : "Quién sabe. Todo puede pasar".

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Llevé mis pasos hacia el lobby del edificio sintiendo una capa viscosa de sudor en mi frente, y me senté en una de las elegantes sillas acolchadas junto a la ventana más enorme que pude encontrar, a pesar de que el lugar ya disponía de aire acondicionado. Bajé mi cabeza, de cara a mi falda pomposa negra. Mis piernas largas y extendidas sobre los tacones temblaban y se sentían entumecidas. Mi corazón retumbaba dentro de mi pecho y sentía que alguien me estaba observando desde algún lugar. Karma, ¿eres tú? O era sólo el personal de limpieza.

O era sólo el hecho de haber besado a Harry de nuevo, después de tanto tiempo. ¿Cómo en el infierno habíamos coincidido en un lugar como éste?

Me levanté de la silla, atormentada por mis propios pensamientos, y salí al parking, respirando un fuerte humo a cigarrillo y a hierba quemada, casi como si fuese droga. Los recuerdos pululaban en mi cabeza como esa molesta canción que odias pero que no puedes dejar de cantar. La sangre palpitaba en mis oídos, y sentía el ron que me había tomado arder en el centro de mi pecho, que subía arriba y abajo con exageración, mis pulmones desesperados por conseguir más y más aire. Vibraciones nerviosas se establecieron por mi cuello y piernas. Una capa de sudor viscoso cubrió mi rostro, y me froté la frente con el antebrazo, intentando secarlo.

-Mierda –susurré.

Él me había besado de vuelta. Y volví a transportarme a la escena de hacía algunos minutos. Sus labios habían sido tan suaves sobre los míos, moviéndose lentamente por un nanosegundo antes de que yo me apartara de golpe al saborear el Armañac en su boca y respirar un delicioso olor masculino. Sus ojos verdes habían sido profundos y atolondrados, para después viajar por mi rostro, reconociéndome amargamente. Él de seguro pensó que yo lo había besado por ser una jodida puta. Pero nunca, nunca, por ser un simple accidente. Los chicos nunca indagaban un poco más allá de sus narices. Y mucho menos él.

-Sky –susurró una dulce voz en mi oreja, relampagueando en mis tímpanos. Me giré de golpe, dando pasos torpes hacia atrás. La puta madre. Era él.

Vestía uno de sus pantalones negros apretados, su fiel camisa holgada blanca que descubría su pecho musculoso y las dos palomas tatuadas en él. Una chaqueta cubría su espalda hasta sus antebrazos. Y él tenía ese… brillo en sus ojos. Su cabello castaño seguía tan largo y brillante como lo recordaba. Su rostro seguía exactamente igual, como si se hubiera congelado todo este tiempo. Sus labios en forma de corazón estaban rojos, como si los acabara de morder.

-¿No me vas a saludar? –Una sonrisa se dibujó en su rostro sombríamente. A lo lejos, vi a Naiara y a Amy correr torpemente sobre sus tacones y detenerse en seco contra una pared apedreada. Volví mis ojos hacia Harry, respirando con irregularidad.
-¿Q-qué estás haciendo aquí? –inquirí, con mis ojos dilatados y corriéndome hacia atrás. Había una sonrisa burlona en su rostro y cada tiempo daba pequeñas risitas, provocando esos hoyuelos en sus mejillas.
-¿Supongo que me dieron libertad condicional hace una semana? ¿hola? –dijo con burla. Asentí frenéticamente y me alisé la falda.
-A-ah. Q-qué bien –sonreí, tiritando. De repente, tenía unos insoportables escalofríos. A lo lejos, Naiara me señalaba junto con Amélie, riendo y cotilleando entre ellas. Malditas.

Él miró hacia atrás peligrosamente, girándose sobre sus talones, divisando a Naiara y a Amy, quienes dieron pasitos hacia atrás, tan intimidadas con Harry como yo. Seguidamente, me miró de nuevo, frotándose la barbilla con el dedo índice, y acercándose a mí. Sus dedos níveos subieron por su rostro, y comenzó a juguetear y apretar su labio inferior. Esos labios… mierda. 

-¿Quieres un trago? –me guiñó un ojo levemente, casi invisible. Pero lo había hecho. Aluciné por un segundo. Quería y necesitaba decirle que sí. Sus brillantes ojos color esmeralda que no había visto en tanto tiempo eran como dagas dulces inyectadas en mis piernas, que temblaban y se doblegaban ante él. Pero yo… no podía. Simplemente no podía.
-T-tengo que volver –titubeé, y me erguí de hombros. Su mirada sombría, casi vengativa, se deslizó a lo largo y ancho de mi cuerpo, y se frotó los labios de nuevo. Sus brazos fueron cruzados sobre su pecho, riendo, y esos hoyuelos se hicieron de nuevo en sus mejillas. Sin estar segura de si era lo correcto, me deslicé a su lado, sintiendo cada paso como si fuera en cámara lenta. Una corriente helada pasó por mi rostro, enviándome una ráfaga lenta de su perfume a mi nariz, que invadió mis pulmones sin pedir permiso. Tragué saliva, ahora jadeando en silencio, mientras me obligaba a no darme la vuelta. 

De pronto, sentí el delicado roce de su mano en la mía, y sus dedos juguetearon entre mis dedos grácilmente. Él no me tomaba de la mano, pero la calidez de la misma tocando mis dedos era una fuerza irremediable. Me volví hacia él, mi respiración temblando irregularmente. Sus ojos brillantes del color jade me miraban profundamente.

-Sky –susurró gravemente. Por instinto, aparté mi mano, y me encaminé a pasos torpes por el estacionamiento.

Si yo le hubiese dicho que sí, ¿él me hubiese besado de nuevo? ¿Me hubiese tomado de la cintura una vez más, como antes? Y entonces me di cuenta, de que allí estaba, una vez más, pululando, revoloteando alrededor de mi cabeza: el deseo. Un deseo que no sentía desde hacía… bastante tiempo. Tragué saliva de nuevo, dispersándolo lejos, y me alejé por el estacionamiento repleto de autos, cabizbaja, y por alguna razón, avergonzada.
Al entrar al lobby de nuevo, mis amigas cotilleaban en mis oídos cosas que ni siquiera estaba captando. Mi mirada perdida en mis tacones, que se movían muy lento, como debajo del agua. Un nudo en mi garganta se estableció también en mi estómago.

-¿Cómo fue? –me gritó Amy.
-Mientras estábamos arriba, ¿han follado? –prosiguió Naiara.

Alguien emitió un silbido desde detrás, y volteé mientras nos dirigíamos hacia los elevadores de nuevo. Harry estaba parado junto a la puerta, una mano encerrada en su bolsillo con su pulgar afuera, la otra descansaba en su pierna. 

Y entonces, demostrándome que no había sido un producto de mi imaginación, me guiñó uno de sus ojos, con una sonrisa divertida en su rostro, estableciendo hoyuelos en sus mejillas.

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Lost- segunda temporada-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora