Toco la puerta.

—¿Quién es? —pregunta una voz que me es difícil reconocer.

—Vanesa, la amiga mala influencia de Carolina —respondo yo y escucho risas.

La hermana de Daniel abre la puerta.

—Creo que ya nos conocemos —me saluda. Ella tiene una mirada maternal y se ve tan elegante como los demás que me he topado desde que llegué a esta casa.

—Eso creo.

Me deja pasar.

—Hola —saludo a todas. 

En la habitación se encuentran Carolina, Natalia, la hermana de Daniel: Mónica, más mujeres que no sé quiénes son... y Heidi, la ex novia de Armando, entre ellas. La reconozco por una foto. Mis piernas tiemblan un poco.

—Traje las zapatillas que me pediste —digo a Carolina.

Ayer pasé la tarde en casa de Carolina pero hoy me pidió venir temprano para ayudarle a prepararse. Estamos en la casa en la que será la fiesta, específicamente en una habitación dispuesta como un improvisado Salón de belleza. El ambiente tiene sabor a esmaltes de uñas, peróxido, perfumes caros y hay planchas de pelo, rizadores de pestañas y limas por todos lados. "Taller de enderezado y pintura" le llamó Armando.

Carolina me agradece haber traído las zapatillas y me pide sentarme junto a ella. En la habitación también están tres estilistas y más tipos que tampoco sé quiénes son. 

Me acerco al oído de Carolina:

—¿Es una cena normal o... —susurro, asustada.

Carolina suspira. —No digas más. 

—No te propondrá matrimonio, ¿o sí?

Carolina casándose. Sólo de imaginarlo lloro. 

Ella se acalora un poco.  —Esa era la idea inicial de Daniel... —dice, también asustada.

—¿Genial? —dudo en celebrar. 

Mi amiga está sentada en un banco, un chica la está maquillando.

—No porque le dije que no lo hiciera.

—¿Por qué?

Ella mira de reojo a su hermana:

—Mamá no vino porque dice que aún es muy pronto.

—¿Y qué?

—En parte tiene razón, Vanesa —Caro se encoge de hombros— Ya habrá tiempo para el... para el...

—Matrimonio —termino yo por ella.

Ella luce nerviosa.

—Ni siquiera estoy segura de querer hacer esto. Es un gran paso presentarme formalmente a su familia y a sus amigos. Yo prefiero ir despacio.

Lo medito un poco.

—Sí, tal vez sea lo mejor —Estoy de acuerdo y divago mirando el hermoso vestido color verde esmeralda que viste Caro—. Ya ves que yo siempre meto la pata por no ir despacio. 

—¿Por qué? ¿Qué pasó ahora? —pregunta con precaución Carolina. 

—Señorita, no se mueva por favor —le pide la maquillista.

Está mal todo. Marco. La novela que aún no he eliminado. De momento sólo le soy de ayuda a Armando. Y por eso evalúo a Heidi. Ella también está  retocando su maquillaje. 

—¿Ves a la chica de allá? —pregunto en voz baja a Carolina.

—¿La del vestido color vino?

Vanesa entre líos ©¡Lee esta historia GRATIS!