Capítulo XVIII

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Abrí los ojos cuando aún estaba en el agua, flotando y con el rostro sumergido. No me costó gran esfuerzo en ese momento. Me sentí de inmediato muy lúcido. Demasiado.

Quizás la falta de oxígeno en el cerebro me dio súper poderes. El súper poder de no estar todo idiota después de perder el sentido dos veces por asfixia

O quizás tenía la mitad de las neuronas muertas.

Al menos, después de que la oscuridad me tragó por segunda ocasión, mi despertar no fue tan terrible como el primero.

Uno se acostumbra a todo, ¿No? ¡Ah! Pues entonces ya me había acostumbrado a ahogarme.

Recuerdo que "sentí" la presencia de ese par de imbéciles. No me estaban tocando y yo estaba... Aun flotando, inmóvil. Seguramente todo eso que sentí y pensé ocurrió en segundos, pero para mí, todo era extraño. Como en cámara lenta.

Además de lento y con medio cerebro muerto ¡Estaba tan enojado como nunca antes en mi vida!

Me dieron ganas de lanzarlos lejos. ¡No quería que contaminaran mi agua! ¡Era mía!

Y después ya no estaban y el río movía mi cuerpo de modo que quede boca arriba, sostenido por las aguas que amortiguaban el sonido. El río me balanceada suavemente.

Era como si me dijera... "¡Vamos! ¡Ya levántate!"

Me puse de pie. El agua no me llegaba más que a la cintura. Me pareció increíble ahogarme antes en tan poca agua. Tan transparente. ¡Y brillante! En el lecho del río brillaban millones de puntos. Pensé que eran diamantes.
No eran, por cierto. Alucinaciones o el brillo de la luna. No sé.

Mire mi cuerpo. Ya no tenía las cintas adhesivas en las muñecas. Recordé como me engañaron y como... ¡Me mataron a traición! Y me enfureció más aún.
— ¡Son unos...! ¡Bastardos! ¡Mal paridos! ¡Hijos de...Perra!
Con cada insulto que les lanzaba abría las manos en su dirección y me salían ráfagas de agua.
¡Como el hombre araña! pero en vez se telaraña eran chorros de agua tan potentes como los de la Policía, esos con los que sofocan los tumultos.

Atiné a mis blancos una y otra vez. Eran ese par de asesinos desalmados que gritaban
¡Que ya! ¡Que dejara de lanzarles agua...!

Entonces me di cuenta que el agua no me salía de los dedos, como originalmente pensé, sino era agua normal, común y corriente del río... Pero que si yo quería, se alzaba hacía mis enemigos y les hacía daño. Mucho daño.

Me ensañe con William. Hice que se fuera sobre su trasero una y otra vez.
A Serpiente... O a Kawi —me tengo que acostumbrar a decirle así— le lancé un chorro de agua mientras lo llamaba maldito, mal amigo, cabrón sin sentimientos. Kawi me miraba serio. Levantaba las manos para protegerse de la violencia del agua, sin embargo, yo no le veía intención de defenderse.

Ahora sé que pudo... perfectamente pudo hacerme... ¡Diablos! Si hubiera querido, en ese momento pudo matarme.

La tierra contiene al agua. Y el agua da forma a la tierra.

Pudo, por ejemplo, formar una grieta abismal en el fondo del cauce, para que me tragara a mí y al río. Pero aguantó como los machos el castigo.

Cuando me cansé de lanzarles chorros y ya se me había bajado gran parte de la indignación que sentía, el viento me empujó con tal fuerza que me fui de bruces al agua.
Ella me recibió amable y suave. Parecía cuidarme, como si fuera un ser vivo. Una amiga.

No sabía nada en ese momento... Pero "entendía". El agua me hablaba y yo sabía lo que estaba diciendo.

No... ¡No es verdad! Pero hubiera estado bien, ¿no? Entender una maldita cosa de todo lo que estaba ocurriendo esa noche.

¡A ver! Lo explico mejor. Yo podía entender cómo si fueran palabras lo que el agua decía; me habló del colibrí y de la serpiente y que no atacara más a mis hermanas...

En ese punto me eché a reír.

"Si mis hermanas son ese par de imbéciles yo me des adopto en este momento" fue lo que pensé.






Poco o nada más recuerdo de aquella madrugada. Sé que finalmente salí del río y Kawi me abrazó con emoción. Pensé que se había vuelto loco... O que si tenía daño cerebral por las continuas inmersiones mortales.

Aún así, incluso aunque fuera una locura o una alucinación yo también lo abracé y me solté a llorar en su pecho.

¡Porque tengo mis límites! ¡Y mis sentimientos!

Kawi se portó muy bien... ¡Bastardo malnacido! Eso de que se porten muy bien después de matarte y no sólo una sino dos veces, es una reverenda mierda.

Pero me estaba abrazando. Y como no hay a quien le den pan y que lloré pues me deje querer todo lo que se pudo. Por eso, yo creo que no me di cuenta de que el viento se calmó, el río también y el árbol que estaba en llamas se apagó.

—Vamos Ba'wa —dijo Will, palmeando mi hombro con fuerza. Al verlo, comprobé que lucía exhausto.

Estaba despeinado, mojado hasta el punto de gotear, con rasguños y moratones en el rostro. Y Kawi se veía igual de maltratado.
Echó a andar hacía el auto. Kawi lo siguió, sin soltarme.

Cuando llegamos al auto, Will sacó su mochila enorme de la cajuela. Comenzó a desnudarse del otro lado del vehículo. Yo supuse que quería cambiarse.

Kawi, mojado y cansado como nunca lo había visto, prefirió abrazarme.

Me susurraba cosas en su lengua que yo no entendí, pero no quise romper el embrujo, ese momento en sus brazos.
Parecía tan triste.

— ¿Qué es lo que estás diciendo?—le pregunté. Su rostro estaba muy cerca del mío. Tanto que sus facciones se ocultaban en la contraluz de la luna que no era suficiente para iluminarlas.
Solo sus ojos eran brillantes como luceros en ese azul profundo detrás de él, donde los otros millones de luceros colgaban y brillaban cada noche.

Me acuerdo que en ese momento pensé que el grandote estaba llorando.
Pero no se sacudía, movía los hombros o gimoteaba.

Si Serpiente llora... Si Kawi llora, el llanto en él no es más que una mirada brillante y un montón de palabras en su lengua.

Y mi corazón de pollo se arrugó todito.

¿Alguna vez he dicho que tengo corazón de pollo?

Es la verdad. Lo confieso.
Mi madre dice que hay corazones de piedra. Yo creo que como el de Kawi, que no llora jamás sin importar lo terribles de sus circunstancias. Que parece que no tienen sentimientos.

Luego están los corazones de pollo, como el mío... ¡No me pregunten que tienen que ver los pollos en esto! Es sabiduría materna y esa no se cuestiona nunca.

Yo... ¡Es que soy muy sensible! Me dan ganas de llorar si veo un perrito sufriendo. O si leo algo triste. O si la vecina de mi madre sufre.

Después yo inventé una clasificación intermedia: "corazón de medio pollo" como Will que también es duro, no tanto como Kawi, pero se enternece, como yo. Aunque no tanto.

Por eso nos hizo espacio. Escuché la portezuela de la camioneta de Josué abrirse y el silencio. Prudentemente se metió al auto y ahí se quedó.

Y yo... Y mi corazón de pollo completo, enternecidos por el detalle de Will de no empezar a joder mientras Kawi me declaraba su amor o me recitaba la Constitución Política, porque para lo que yo le estaba entendiendo, bien podían ser las cualquiera de las dos cosas.

No fue la segunda.

Lo supe cuando me besó.




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"No hay a quien le den pan, que lloré".
Refrán. Significa que a nadie le dan algo bueno y que se queje por ello.

Ba ' Wa¡Lee esta historia GRATIS!