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40. Las cosas que hacemos por amor.

Despegué los parpados, entre las sombras divisé una fuente de luz tenue, lejana y calma. Calmo también era el aire que me rodeaba, silencioso.

La cabeza me dolía horrores. Mis sienes palpitaban y sentía como si tuviese la nuca forrada en plomo. Apreté los párpados e inspiré hondo.

Una manos tomó las mías acariciándolas.

- Tal parece que no termino de entender que el mundo cambió. Mi mundo cambió.

Empleé todas mis fuerzas en despegar los párpados otra vez.

- Gabriel…-. No logré mucho, más que captar su rostro de modo algo borroso. Mis ojos se cerraron pesados otra vez.

- No deberías volver a intentarlo, por poco te mueres. Le diste a aquel chico casi todas tus energías. No es así como se hace, Eliza. Hubiese bastado con la mitad.

- No tenía ni la menor idea de lo que hacía- articulé en mi defensa. Mi voz sonó lejana y sin fuerzas.

- Sí, me doy cuenta-. Una de sus manos soltó las mías y fue a posarse sobre mi frente-. Tengo que enseñarte a hacerlo como lo hice contigo.

Abrí los ojos y estaba vez me empeciné en no permitir que se cerrasen.

Me miró fijo.

- Perdón. Entiendo que él es importante para ti, así como tú lo eres para mí, cuando entré estabas caída sobre Lucas…medio sin vida-. Pausa-. Es así como se siente.

Tragó y su cuello se ensanchó.

- ¿Por qué hiciste eso?

- Porque lo quiero…mucho. Lucas es muy importante para mí.

- Lo sé, lo vi…él me lo enseñó. Vi lo que pasaba por su mente-. Meneó la cabeza-. Permitió que lo viese-. Sus ojos se afilaron sobre mí-. Nunca había experimentado algo así. Fue intenso. Tanto cómo lo que él siente por mí.

- Algunos demonios tienen poderes especiales, el de Lucas consiste en eso, él y yo podemos compartir nuestros pensamientos. No tenía ni idea de que pudiese hacerlo con alguien más.

- Créeme que no fui yo quien le abrió la puerta, no lo invité a mi mente. Fue instantáneo. Nuestras miradas se cruzaron e incluso antes de que cambiase yo logré ver muchas cosas a través de sus ojos. El tiempo se dilató en un curva paralela y en ese ínfimo instante fui testigo de muchos recuerdos. Intuyo que al mismo tiempo logró ver mucho de los míos. Fue eso lo que me descontroló. Toda esa información junta.

Su mirada me inquietó. A través de sus ojos debió haber visto cosas que hubiese preferido que no viera, una cosa es escucharlo de los labios de alguien, otra, verla con sus propios ojos.

Enrojecí.

También tomé nota mental de que yo no había logrado comunicarme mentalmente con él nunca, pese a que Lucas y yo lo hacíamos con suma facilidad.

- Las cosas que hacemos por amor-. Susurró.

Remonté sobre las almohadas que tenía detrás de la espalda y la cabeza.

- Las cosas que hacemos por amor- repetí.

- Tienes suerte de haber amado tanto, de ser tan querida.

- No me cabe ninguna duda de que soy en extremo afortunada.

Quitó sus manos de encima de mí. - Debo irme, tengo cosas que hacer-. Se levantó de la cama-. Es probable que te sientas un poco rara por el próximo par de horas.

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