Capitulo 29

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-¿Y por qué no vamos a dar una vuelta?

-¿Ahora? –Levanté un poco la cabeza para mirarlo. –¿Tienes ganas ahora?

-¿Y por qué no? –Me encogí de hombros para volver a apoyar la cabeza sobre la almohada y cerrar los ojos al sentir las caricias que Efren me dejaba en la espalda.

-Estoy muy, pero que muy cómoda así

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-Estoy muy, pero que muy cómoda así.

-¿Si?

-Si. Me encantan tus caricias, Efri. –Lo oí reír por lo bajo para luego sentir un beso húmedo en mi espalda.

-Y a mi cuando nos reconciliamos y estamos completamente solos. Porqué no hay nada extraño por aquí ¿verdad?

-Acabas de romper nuestro bonito momento. Y no, no hay nadie.

-Uff... Que alivio. –Tuve que volver a levantar la cabeza para fulminarlo con la mirada. –¿Qué?

-¿Qué? –Dije imitandolo con burla. Efren fue a contestarme cuando la puerta se abrió asustandonos a ambos. 

-¿Qué diablos...? –Abrí los ojos como platos al darme cuenta de que papá nos miraba confundidos. –¿Se puede saber que es esta escena?

Efren se puso de pie para vestirse mientras que yo colocaba mi blusa rápidamente.

-Lo siento, Marco. Se me pasó la ho...

-¿La hora? O sea, que esto ya se ha repetido antes. –Marco me miró mal y enseguida agaché la cabeza avergonzada.

-Marco...

-No, Efren. Ya puedes irte de mi casa. –De reojo ví como Efren me miraba antes de terminar de recoger sus cosas e irse.

-Papá...

-No. No quiero oír tus disculpas, Keyla. Me parece que te has pasado demasiado de la raya.

-Lo siento...

-Dije que no quería oír tus disculpas. –Volvió a decir para cruzarse de brazos. Ahora si que se había enfadado de verdad. Sabes que no suelo prohibirte nada, Keyla, pero esto ya es el colmo.

-Papi...

-¿Desde cuándo? Y no me refiero a desde cuando te acuestas con Efren porque eso era algo obvio ya después de tanto tiempo, ¿pero desde cuando lo hacen aquí?

-No teníamos a donde ir y...
-Y dijeron de venir aquí porque estabas sola ¿no? –Callé al no saber que decir. –Qué no se vuelva a repetir esto. ¿Quedó claro?

Asentí y después de unos segundos que parecieron eternos, Marco salió de mi habitación cerrando la puerta tras él.

Genial. Y ahora estaría castigada por mucho que no dijera nada.

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