– Joder me has vuelto a cortar! – Le grité casi al borde del colapso.

– Mañana tienes las pruebas, espabila si quieres aprobar. – Contestó frío como siempre.

2 meses han pasado desde que me secuestraron.

2 meses en cuyo tiempo, la palabra rutina estaba escrita en mi cerebro.

Me levantaba, iba al instituto, volvía, entrenaba y pasaba tiempo con Ryan.

Con el cual nuestra relación a mejorado hasta niveles insospechados. He descubierto en él facetas que nunca pensé que iba a tener.

Hemos estrechado lazos, tanto con él como con su familia, los cuales me quieren como un miembro más.

Incluso mi madre y mi hermano se han acercado más a ellos, organizando incluso comidas juntos.

En cuánto a James, seguía igual de frío y alejado como de costumbre. Siempre que le preguntaba me daba largas o cambiaba de tema.

– Mejor acabamos el entrenamiento por hoy, supongo que ya estarás preparada. – Acabó lanzándome el cuchillo de plata.

Lo cogí al vuelo, viendo como se iba.

Corrí hacia él, interrumpiendo su camino.

– Espera, por favor.

Se detuvo, mirándome impasible, como siempre.

– Entiendo que no quieras decirme que te pasa, pero no seas así conmigo, por favor.

No dijo nada, sólo tragó saliva, cambiando un poco su expresión.

– Te necesito a mi lado. – Acabé abrazándole.

Por sorprendente que sea, me correspondió el abrazo.

– No puedo, no aún. – Contestó evadiéndome, saliendo de casa.

Resoplé, sintiéndome culpable por un momento, sin llegar siquiera a saber porque.

– Mamá, no tengo hambre no te molestes en prepararme nada. – Le dije intentando poner buena cara.

– ¿Estás bien cariño? – Me preguntó pasando su mano por mi mejilla.

– Sí, sólo que ahora no tengo hambre, después comeré algo.

– En ese caso me voy a cenar con unas amigas que me están esperando. – Contestó emocionada, quitándose el abrigo, dejando ver un vestido increíble.

– Mamá .. desde cuando tu ..

– Oh si, estaba esperando hacerte de cenar para irme, no quería decírtelo porque saltarías con que ya puedes hacerte tu la cena.

Me reí, este había sido el consuelo de mi madre por la pérdida de papá. Yo tenía a Ryan, mamá había recuperado el contacto con sus amigas, y Aiden .. bueno Aiden no lo sé, estaba ocupado con sus cosas.

Últimamente sale mucho de casa y viene a las tantas o a la mañana siguiente. Tengo que investigar sobre eso ..

– Pásatelo bien. – Le dije dándole un beso en la mejilla.

– Eso ni lo cuestiones. Ten cuidado, cierra la puerta con llave, pon la alarma y si me necesitas llámame, puedes invitar a alguna amiga o a tu novio el vampiro, pero cuidado con lo que hacéis que aunque parezca que no, me entero de todo. – Gritó a medida que se despedía, saliendo por la puerta.

Negué con la cabeza, nunca iba a cambiar.

Subí hasta mi habitación, entrando al baño del cuál estaba al lado.

Me quité la ropa, entrando a la ducha. Dejando que el agua fluya por mi cuerpo.

Mañana por la mañana, serían las pruebas. Las duras pruebas para las que me he estado preparando todo este tiempo.

Tenía que superarlas, tenía que entrar en la orden y vengar a mi padre. Tenía que acabar con todos ellos.

Apagué el grifo del agua, suficiente reflexión por hoy.

Entré a mi habitación cogiendo una camiseta de Ryan y ropa interior. Cuando por fin me vestí, me quedé embriagada por su olor, empregnada en su camiseta.

– Shhh. – Sonó una voz en mis espaldas, mientras me tapaba la boca y me empujaba con fuerza.

Abrí los ojos con fuerza, no otra vez.

Pegué un fuerte codazo en el estómago de mi agresor, empujándolo hacia atrás.

– ¡Que coño te pasa enfermo! ¿¡Quieres matarme de un susto!? – Le grité con toda la furia acumulada al ver sus ojos azules riéndose.

– ¿Quieres matarme tú a mi? – Me contestó mirándome de arriba a abajo mientras se acerca a mi.

Me empujó contra la pared con fuerza, cogiendo mis piernas, enrollándolas en su cintura mientras me devoraba el cuello.

– Ryan .. ahora .. ahora no. – Jadeé.

– No sabes como me pones cuando te enfadas. – Hizo caso omiso, metiendo sus manos por dentro de mi camiseta, la cual era de él.

– He dicho que no. – Contesté apartándole las manos.

– ¿Entonces cuándo? Llevámos ya casi una semana sin follar, todo por el puto entrenamiento.

– Shhhh! – Le dije aturdida.

– Shh qué, no hay nadie en casa. – Es cierto, se me había olvidado. – Venga, no seas sosa.

Le besé con ferocidad, dándole mi aprobación.

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Sangre [SANGRE & ACERO #1]¡Lee esta historia GRATIS!