―CAPITULO 7: EL ÚLTIMO PARPADEO.

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Al llegar a su armario sollozó en silencio: su ropa interior estaba en el cajón más bajo.

Mordió su labio inferior y dejando ese pequeño detalle hasta el final, sacó ropa limpia para ponerse después de darse un baño. El reloj de su pared marcaba las cuatro de la tarde con veinte minutos.

¿Qué les diría a sus padres cuando le preguntaran?

«Algo se me ocurrirá» Tomó una camisa de botones color blanca y un suéter sencillo color azul cielo. Tomó sus pantalones cafés claro y para finalizar, se le quedó viendo al cajón de abajo.

―¿Por qué no puedo sacarlo con los ojos? ¿Por qué no tengo telequinesis? ― No podía. Cerró sus ojos con fuerza y se agachó ligeramente. Realmente no podía. Se agachó un poco más. Dioses, el dolor era tan molesto.

―Yo puedo. Yo puedo...― Se animó a si mismo y se agachó un poco más.

La descarga nueva de dolor dobló sus rodillas y por segunda vez, Shinya terminó de boca contra el suelo.




La ducha ayudó bastante. El calor del agua tibia relajó sus tensos músculos y lo hizo sentir mejor. Limpió cualquier rastro de suciedad, tierra y fluidos que no pertenecían a partes internas de su cuerpo. Además, logró identificar cada marca que Guren dejó la noche anterior. La mayoría estaban sobre su cuello, así que la camisa que había elegido lo cubriría perfectamente.

Tenía algunas otras marcas; en su pecho y unos círculos morados sobre su cadera, consecuencia de la fuerza de Guren.

―Idiota...― Sonrió el ojiazul.

Perdido, sin cura alguna, pero al fin de cuentas; enamorado.

Salió de la ducha minutos después y se vistió dentro del baño para asegurarse de cubrir bien los lugares marcados. Como sus sospechas le decían, la camisa le quedaba perfecta. Nada se veía fuera de lo normal.

Si no se movía.

Se secó el cabello pasándose una toalla y cuando se consideró listo, una vez puesto sus zapatos, salió de su habitación.

―Oh, Shinya― Mahiru sonrió al ver salir a su hermano y se detuvo de abrir la puerta de su propia habitación. ―Comenzábamos a preocuparnos por ti, ¿volviste a quedarte despierto leyendo?

―¿Qué puedo decir? El libro me tenía realmente atrapado― Le sonrió de vuelta cerrando su puerta tras su espalda.

«Bien, aquí vamos» Esperó a que su hermana entrara primero a su habitación para poder avanzar, pero la pelimorada mayor parecía haber perdido el interés por su cuarto, en cambio, jugueteaba con sus dedos.

―Esto... ¿a que hora llegará Guren? ―Preguntó la muchacha.

El instinto de Shinya le alertó peligro. No era normal que su hermana se mostrara avergonzada por preguntar sobre sus amigos. No reaccionaba igual cuando se trataba de Goshi o de Mito. Pero con Guren siempre era así.

―No lo sé, le dije una hora pero conociéndolo... posiblemente ni siquiera llegue― Shinya se apoyó sobre la pared como si hiciera una pose para descansar sus piernas, cuando en realidad otra descarga de dolor lo había empujado contra ella. Claro que no era cierto, Guren llegaría de eso estaba seguro, pero si se tratara de alguien más, seguro que el azabache ni se dignaba a asistir.

«A menos que se haya ido»

Sacudió su cabeza. No, no tenía ningún mensaje del chico. No creía que se hubiera ido. Al menos no todavía.

―Hum... bien, estaré en mi habitación― Se despidió la hermana mayor antes de entrar.

Solo hasta ese punto Shinya pudo respirar aliviado.

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