Capítulo 9 (II)

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Sabía que no le quedaba mucho tiempo. No comprendía, pero estaba seguro de que ellas se irían ese día y, el problema es que no sabía dónde buscarlas. Madison nunca le dijo nada, acerca de ese asunto. No muy lejos de ahí, las campanas de una iglesia anunciaban las 4:00pm. Aun tenía tiempo, así que siguió buscando por los alrededores; pero el tiempo se le iba demasiado rápido.

 Aun tenía tiempo, así que siguió buscando por los alrededores; pero el tiempo se le iba demasiado rápido

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Ya daban las 6:30, cuando escuchó un claxon detrás de él. Eran sus amigos, e iban en el coche de Steve. Se subió al auto con dificultad y, Robin le dijo:

—¿Dónde te metiste? Te hemos buscado por horas.

—Necesito encontrar a Madison. Es urgente.

—Pero ella ya debe de estar en otro lado. Lo más probable es que haya regresado a su casa —, dijo Fabián, con dificultad por el bostezo que intentó reprimir.

—No lo creo.

—¿Cómo lo sabes? – suspiró Jenn.

—Ah...Vamos. Necesito encontrarla, antes de que se vaya.

Carter y Steve se miraron, dudando de las palabras de su amigo; pero Robin asintió con la boca casi recta y, les dijo.

—Ok. Si se fueron caminando, no deben de estar lejos.

Los chicos comenzaron su búsqueda por los alrededores. Mientras Steve, Fabián y Jenn daban vueltas a las calles, en el coche; Robin, Carter y Elliot las buscaban a pie. Cuando dieron las 8:00 de la noche se volvieron a reunir, para ver si alguien había logrado su objetivo. Nadie las había visto en ese tiempo, pero le chico aun insistía en que no se habían ido.

A pesar de sus palabras, los demás estaban demasiado cansados como para continuar, así que todos se subieron al auto y regresaron a sus casas. El moreno estaba cabizbajo, por lo que los chicos le dijeron que lo más probable es que madre e hija ya estaban en su hogar.

Estaban pasando por un parque de grandes proporciones, cuando Robin gritó.

—¡Alto! Para Steve.

El chico saltó sobre su asiento, pero hizo lo que le dijo su amiga, al tiempo que hablaba.

—¿Estás loca o qué? Pude haberme estrellado con...

—Ahí está Madison.

Robin se bajo del carro y corrió hacia ella.

Era cierto. Tanto Madison como Anna, estaban sentadas cerca de donde ellos se habían detenido y, las dos parecían no haberlos visto. Elliot bajo del auto e imitó a su amiga, que se había plantado frente a Madison, a la par que decía entre jadeos:

—Qué bueno que te encontramos, ¿por qué no nos dijiste a dónde ibas?

Madison estaba demasiado confundida como para contestar. En ese momento, llegó Elliot y le dijo:

—En serio, ¿creíste que se irían sin mí? Yo también tengo derecho a ir.

Madison iba a decir algo, pero Anna la interrumpió.

—Me puedes explicar, ¿qué hacen ellos aquí?

—Yo, no...

—Voy con ustedes.

—Pero, ¿de qué...? —, antes de que Anna pudiera decir algo más, el chico se descubrió su respectivo tatuaje, provocando que la mujer lanzar un quejido entrecortado. — ¡No puede ser!... ¡¿Tú también?!... ¿Cómo?

—No lo sé. Por eso quiero ir con ustedes. Necesito saber cómo termine aquí y...

—¿Estás consciente de que las respuestas, podrían no gustarte?

El chico se encogió de hombros y asintió.

—No pienso vivir con esta duda por más tiempo.

Anna miro a Madison y a Elliot, después posó su vista en Robin, la cual parecía no saber lo que pasaba. Cerca de donde ellos estaban, vio a los demás amigos de Elliot y a su hermano.

Tras aquel breve examen, vio su reloj y dijo:

—Está bien. Vienes con nosotras...Pero necesito que les digas que se vayan. Ahora mismo.

—¿Por qué...?

—Si no quieres que les pase nada, será mejor que le hagas caso —, dijo Madison, mirándolo a los ojos. Él vio sinceridad en ellos, así que volteó a ver a Robin y, le dijo:

—Necesito que regresen. Díganle a mi madre que voy a estar bien.

—Pero...

—Elliot, hermano, ¿qué...?

Presuroso, el mencionado jaló a Carter del brazo, mientras los demás los seguían de cerca.

La única que notó como las mejillas de Madison se encendían fue Anna, que arrugó la frente al tiempo que miraba con cuidado al grupo, para descubrir quien había sido el responsable de semejante cambió en la morocha.

— Oigan, deje el carro en una zona de no estacionarse. Creo que mejor voy a... —, las palabras de Steve fueron interrumpidas por una fuerte explosión, que de inmediato, paralizó a todos por igual.

Elliot no tardó en voltear a ver a Anna. La mujer se olvido por unos momentos de lo que había visto en Madison, y se limitó a asentir mientras que ella y la morena se iban alejando de todos a paso veloz.

—¡Apresúrese! ¡Rápido!

—Pero, ¿a dónde vamos?... ¿Por qué nos están llevando al parque?

—Sólo cállense y no se queden atrás. Están cerca.

Mientras se internaban en por entre los árboles, Madison se acercó a Anna y le susurró.

—Pero es muy peligroso para ellos. No tienen nada que ver en nuestros problemas.

—Lo sé, pero ahora que los vieron con nosotras no los dejaran vivos —, la mujer volteó a ver al grupo y dijo. —...Lo siento chicos. No quiero hacerlo, pero no tengo opción.

Antes de que pudieran decir algo, Anna se detuvo frente a las ruinas de una vieja puerta. Ya solo quedaba el arco de piedra que, en un pasado, seguro había servido como acceso. No recordaban haberla visto antes.

La mujer habló, a media voz.

—Es hora de volver a Ancör...

Tras decir eso, la piedra comenzó a despedir un fuerte brillo, que cegó a todos y los cubrió por completo; llevándolos a su destino.


La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!