Capítulo 16

37.5K 3.6K 92


Danny

Ultimo día que coincidiría con Mo, y después 5 días de tranquilidad. Sí, tranquilidad. Cada vez que lo veía haciendo la ronda por urgencias, mis nervios se ponían a trabajar horas extra. Cuando me miraba, sentía que mi piel se erizaba, y eso que no sabía si era porque estaba controlando todo, como él dice, o si es que había algo más. Luego estaba Marcy, que se pasaba el día lanzándome dardos envenenados con la mirada, porque había dejado de hablarme. Cruzábamos lo justo para cumplir con el trabajo. Pues mejor, pensé, no iba a tragarme sus quejas y reproches.

Sé que lo estaba evitando, pero tenía que ser así, estar cerca de él estaba claro que me confundía. Mi cuerpo tiraba de mí hacia Mo, mientras mi cabeza intentaba alejarme todo lo posible. ¿Por qué tenía que ser tan... él?. Uhg, iba a volverme loca.

Hice mi trabajo, mirando el reloj como un estudiante un viernes en la última hora de clase. Y quizás estuve demasiado seca, pero no podía evitarlo. Al menos tenía mis niños para pasar el mal trago. En un niño podía confiar, en un adolescente...casi que no. Contra más pequeños, más fácil pillarles una mentira.

Menos mal que el turno terminó, y salí de allí como un misil teledirigido.

Mo

Es difícil hablar con alguien que te evita como la peste, y mucho más mantener una conversación lo suficientemente relajada, como para sacar temas comprometidos. Estaba claro que Danny no quería volver a repetir la experiencia que vivimos en casa de Angie. No había nada que hacer, ese camino desapareció entre la maleza, y a mí nunca se me dio eso de ir de explorador en la jungla.

Cuando salí de mi turno, ella ya había desaparecido, como si corriera para no tener que cruzarse conmigo. Bien, si es lo que quería, yo no iba a forzarla a nada. Lo que ocurrió fue un error, y listo. Y como alguien dijo, de los errores se aprende. Y yo debía de aprender de ese error.

Cuando llegué a casa de Alex, mi mirada estuvo demasiado tiempo buscando en el horizonte, ¿dónde mierda estaba la tan temida tormenta?.

- Lo sé, tío. No ha llegado, pero las predicciones marítimas nunca se equivocan.-

- No he dicho nada.-

- No ha hecho falta. Con mirarte sobra.-

- Entonces, sigues pensando que llegará.-

- Eso creo.-

- En ese caso, será mejor que repasemos todos los puntos a reforzar. Quizás nos pasamos algo por algo con las prisas de ayer.-

- Está bien. Después puedes ayudarme a colocar la nueva caldera.-

- ¿Ya llegó?.-

- Fui a recogerla hace un rato.-

- Yo pensaba que te corría más prisa solucionar lo del cuadro eléctrico.-

- Eso está más o menos terminado. Pero la caldera... uno no sabe cuánto la necesita, hasta que te bañan en agua fría un par de veces.-

Cuando levantó las cejas de aquella manera tan dramática, no pude evitar reír. Así que le habían enfriado el culo y...algo más. Brrr, sólo pensar en pasar por una ducha de agua helada, hace que mis pelotas tiriten.

El turno de tarde del día siguiente, fue bastante aburrido hasta que la temida tormenta llegó, y vaya si llegó. La lluvia empezó a caer a mitad de la tarde, hasta convertirse en una cortina de agua. El viento azotaba el agua sobre todo lo que no estuviera a cubierto, empapando a los transeúntes en cuestión de segundos. La pobre gente que llegaba a urgencias, parecía que había estado nadando en la piscina vestido. Y eso que muchas veces sólo tenían que atravesar 5 metros desde el aparcamiento. A medida que avanzaba la tarde, la gente empezó a escasear, llegando solamente aquellos con urgencias realmente graves. Con ese tiempo, a veces era peor salir que quedarse en casa e intentar solucionar el problema. Los médicos tenían más llamadas que urgencias presenciales, hasta el punto de que tuvieron que asignar a un médico para que atendiera las urgencias telefónicas. Había tanto ruido de teléfonos, que casi no escuché mi intercomunicador sonar.

¡Préstame tu piel! - Serie préstame 4¡Lee esta historia GRATIS!