comienzo.

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Se le podía observar cargándolo, era ligero, estaba indefenso, era su pareja la que estaba sufriendo. Ver sus cabellos blancos llenos de ectoplasma al igual que su traje le hacían sentir tan mal. Su corazón se estrujó, ardió en furia, estaba enojado. Más que enojado quería vengar a su pareja.
Sangre, tanta sangre que le hacía sentir mal. Instintos asesinos, furia, enojo, el hecho de no lograr una paz interior le era suficiente para saber que su contra parte fantasma estaba igual de furioso.
Nunca pensó que sus padres lo atacarían, no era alguien peligroso, hacía lo posible para ayudar a las personas de aquel pequeño pueblo, que si por él fuera ya estuviera en ruinas por hacerle eso a él chico. Al parecer no tenían remordimiento, aún herido querían matarlo, vaya que gente más piadosa resulto ser aquella mujer pelirroja del cual había estado enamorado en sus años de carrera, le daba ira pensar que se había fijado en un ser como ella, si era linda y de buen corazón, pero atacar a tu propio hijo por ser un fantasma, eso era asqueroso, era su sangre y aún así no les importaba matarlo.

—Es peligroso—le dijo con un odio poco común.

Se repetía aquello en la mente, la miraba vaya que cruel son las cosas, y la vida, al darte cuenta que te enamoraste de alguien tan cruel.

Al principio se había enamorado de su madre. Vaya que lo estaba, pero al ver lo andar, ese cabello negro, aquellos ojos azules, vaya era una tentación visual. Era hermoso con aquella piel blanca. Pero vamos era peligroso. Era peligroso, no por sus padres, si no por su mitad fantasma, no quería intentar algo con él chico y que este terminara siendo herido.
Pero lo que no sabía era que él chico también era como él, era un mitad fantasma creado por algún error de sus propios padres. Con el tiempo lo entendió y lo descubrió, vaya que novedad. Él chico que te gusta siendo un mitad fantasma.
Pero antes de saberlo, que dolor sentía imaginando al chico en brazos de alguien más, estaba enamorado. Demasiado enamorado.

Era inevitable, demasiado, es que era lindo. Eso nos traía hasta este presente desastroso. Él en sus brazos sangrando, más que sangre era ectoplasma, pero como mitad fantasma y mitad humano, de un momento a otro la sangre empezó a salir también. Vaya, debió ser doloroso. Estaba más que enojado.

—Es peligroso—le repetía.

No es peligroso, él no lo era, él pequeño Daniel no era peligroso. Él que si lo era, era él, nadie más que él. La miro, le dijo todo aquello que no le dijo en años.

—¿Por qué... por qué te deje dejarme sólo por tantos años?—pregunto con los ojos llenos de lágrimas—. ¡Sólo en ese lugar del demonio!—grito dejando salir una parte de su mitad fantasma.

—Hombre V—fue lo único que dejo salir él hombre de traje naranja y negro.

Los observo, sus incisivos estaban alargados. Vaya era una escena conmovedora. No lo era, para él chico que estaba en sus brazos, era algo idiota, idiota, por que se imaginaba que quien lo cargaba a un sentía algo por su madre. Eso le hizo decepcionarse.

—Vlad—murmuró tímido él mitad fantasma esperando respuesta alguna.

—¿Por qué ahora quieres quitarme lo que más amo?, ¿Por qué ahora que encuentro a alguien que me acepta quieres quitármelo?—por sus ojos brotaron lágrimas amargas—. ¿He hecho algo malo para que intentes destruirme?—interrogo mientras se ponía de un momento a otro serio.

No dejaría las cosas así, querían eliminarlo, él los eliminaría, de forma dolorosa, los haría sufrir, vaya que su enojo era palpable.

—Es peligroso—repitió otra vez, pero ahora en un grito ahogado.

—Hombre V, es él chico fantasma. Suelta lo—le recordó de manera enojada él que decía ser su amigo.

—¿Vlad?—le llamo dudoso él menor entre sus brazos.

No respondía estaba como perdido en el momento. Fue un impacto grande para él.

No quería que lastimaran al hombre. No quería perderlo, estaba enamorado de quien fue su enemigo, y quiso conquistar a su madre, él mayor lo sabía y no le era indiferente en cuantos a sus sentimientos. Por eso mismo se encontraba cargándolo, no quería que se moviera más de la cuenta y se lastimara.

—No... yo soy él peligroso—les dijo haciendo que uno de sus ojos se volviera rojo, sus incisivos relucieron como si estuviera en su forma fantasma.

Estaba enojado, vaya, al fin lo habían logrado. Él hombre serio y frío conocido como Vlad Plasmius, había explotado, era un hombre tranquilo, muy raras veces ocurría que se saliera del control de forma que se convirtiera enfrente de alguna persona, sólo con Daniel había sucedido, pero eran pareja, él menor ya sabía su secreto y él sabía el secreto del menor. No tenía nada que ocultarle.
Los miro, sus ojos centelleantes de ira era lo ultimo que mirarían en ese momento.

—Hombre V...

Vlad río de forma sonora y malvada, era mejor terminar rápido. Aunque los haría sufrir.

—Intentaste matar a tú hijo—exclamo de forma ronca—. De hecho no soltaré a tu hijo—. Puedes matarme si así lo deseas Jack.

—¿Mi hijo?—pregunto él hombre de traje naranja y negro.

—¿No te dijo Maddie?—dijo curioso—. Él chico fantasma es Daniel, tú hijo.

Bajo las armas, no podía estar jugando con algo como eso, era su amigo, no podía mentirle, pero también estaba sus esposa, no podía ocultarle ese tipo de cosas, era su vida, su niño, no podría ser que ella le haya ocultado aquello de su hijo, vamos tenía que ser una mentira. Miro a su esposa en una respuesta. Pero la respuesta llegó sin si quiera pedirla, la mujer agacho la mirada apenada, Danny no pudo aguantar por más tiempo su forma fantasma, estaba débil y eso hizo que volviera a ser él Daniel de siempre con esos ojos azules, cabello negro y mirada un poco divertida. Él chico de cabello blanco, ojos color neón era su hijo. Su hijo era él chico fantasma y estuvo a punto de matarlo. La verdad le cayo como un vaso de agua helada.

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