DÍA 26 - Capítulo 11

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El fuego había sido iniciado dentro de las habitaciones, por lo que los pasillos eran aún bastante seguros. En algunas zonas, las llamas se extendían por los marcos de las puertas, pero en líneas generales, era posible moverse a través del humo que ganaba densidad segundo a segundo.

Para cuando llegaron a mitad de camino, apenas podían ver lo que tenían frente a sus narices.

Anahí se dejó caer al piso.

—No puedo más —confesó entre lágrimas y tos.

—Dejate de joder —rogó Lucio—. No estamos tan lejos del túnel.

—Mis pies están todos lastimados y no puedo respirar —dijo ella con dificultad—. Disparame. No me importa. Matame ahora y ya fue. Vos te escapás, y nos reencontramos en unos días —rogó. Había perdido la esperanza que tanto atesoró desde el día de su muerte.

—¡No! —Lucio se agachó y le sacó las chatitas a Anahí. Luego, la ayudó a levantarse—. Creo que me torcí la muñeca cuando bajé al túnel, así que no puedo cargarte. Necesito que aguantés un poco más. Cuando entremos al túnel, todo va a estar mejor.

Llorando, Anahí se forzó por seguir caminando. Solo debían doblar a la derecha al final del pasillo y avanzar unos diez metros más. Sin embargo, cuando giraron en la siguiente esquina, notaron que las llamas habían alcanzado las primeras vigas del túnel, haciendo que la entrada fuese un círculo de fuego.

—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Anahí, desesperada.

—Seguime —ordenó él. Le costaba hablar; el humo le llenaba los pulmones y la garganta.



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