DÍA 26 - Capítulo 7

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Don Lucio abandonó su vehículo a mitad de la ruta. No lo estacionó en la banquina, tampoco se preocupó por apagar las luces. Simplemente lo dejó allí, en el medio de la nada. Daba igual si alguien lo chocaba o si se lo llevaba una grúa. La vida de Anahí era más importante que un auto caro.

Corrió bajo la suave llovizna hasta alcanzar la salida del túnel, un hueco en el suelo que se escondía entre dos sauces llorones a mitad del campo. Abrió la trampilla y descendió velozmente por la escalera de metal. Su cuerpo apenas pasaba por el hueco que había sido diseñado para los niños. Sentía el cabello llenándosele de barro y la ropa rasgándose por la textura de algunas pequeñas rocas.

Resbaló a mitad de camino, acelerando así su descenso. Afortunadamente, solo se hizo algunos raspones y moretones con la caída. Tosió varias veces debido al polvo que se levantó con el aterrizaje. Se puso de pie y buscó el encendedor que siempre llevaba en el bolsillo. La pequeña flama apenas si iluminaba lo suficiente como para mostrarle en qué dirección avanzaba el túnel. Era incapaz de divisar más de diez centímetros frente a él. Daba igual. Debía apurarse.

Corrió casi a oscuras por el túnel, agachándose en las secciones más bajas y tropezando en reiteradas ocasiones, dejando que su peso rebotase contra las paredes laterales. Cada segundo era importante. Maldijo su cojera que retrasaba el avance.

Casi diez kilómetros lo separaban de El Refugio. Si lograba mantener el ritmo de sus pasos, estaría allí en una hora.

—¡Nadie acá! —gritó Irina

—¡Nadie acá! —gritó Irina.

—¡Acá tampoco! —respondió Anahí, desde el otro extremo del pasillo. Su rodete se había desarmado por tanto correr.

Llevaban casi cincuenta minutos buscando. Y a pesar de haber prometido abandonar El Refugio pronto, ambas se negaban a rendirse y dejar un niño atrás. Aunque perdieran toda la noche, continuarían revisando cada rincón. No se marcharían hasta estar seguras de que el lugar se encontraba totalmente vacío.

Sin pensarlo demasiado, comenzaron a buscar en la zona próxima al túnel, alejándose lentamente de la salida de emergencia. Subieron y bajaron escaleras, abrieron cada puerta que encontraron. Allí no había ningún niño.

¿O sí? Solo faltaba revisar el hall y la calesita.



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