DÍA 26 - Capítulo 4

2.4K 257 8

El abrazo duró varios minutos. Ambas se llenaron de felicidad al ver que la otra se encontraba bien. Irina había esperado a la pelirroja frente al ascensor, por lo que había pasado allí la tarde entera con la excusa de asegurarse de que nadie los atacara.

—Pensé que estabas muerta —dijo Anahí.

—Y yo creí que te iban a torturar —admitió la morocha.

Volvieron a abrazarse mientras reían. No había sido hasta aquel instante que ambas jóvenes notaron cuánto se extrañaban. El lazo que las unía era fuerte, aunque corto. Se habían conocido apenas un mes atrás, y gran parte del tiempo lo pasaron separadas. Sin embargo, su amistad era tan real como cualquier otra y no tenía nada que envidiarles a quienes se conocían desde hacía años. Quizás esto se debía a la soledad a la que se enfrentaban en el purgatorio. Irina no conocía a ninguna otra persona de su edad, salvo su hermana. La situación de Anahí era similar. Ambas jóvenes sabían que podían contar con la otra para cualquier ocurrencia, por más alocada que fuese. Tenían intereses en común y personalidades similares. En el escaso tiempo que habían pasado juntas, forjaron numerosos recuerdos, anécdotas divertidas y momentos inolvidables.

Y al fin se habían reunido luego de varias semanas sin tener contacto alguno. Estaban juntas una vez más.

Atravesaron la oscuridad del hall tomadas de las manos. Ya no se encontraban solas. El peso de sus hombros pareció aligerarse al saber que permanecerían lado a lado hasta que todo terminara.

La noche más larga de sus existencias estaba por comenzar.

Delfina las esperaba en el comedor, en silencio y con la comida servida. Los niños observaron a las jóvenes que acababan de llegar. Santiago fue quien rompió la quietud.

—¡Te extrañé, Analí! —gritó con la sincera alegría que lo caracterizaba.

—Yo también, Santi —contestó ella, acercándose al pequeño para despeinarle el cabello—. Espero que estés listo para una aventura.

—Sí, ya tengo todo preparado. —El pequeño comentó, inflando el pecho con orgullo—. Y voy a comer hasta las verduras para tener energía esta noche. Delfina dijo que si no dejábamos los platos vacíos, nos íbamos a cansar mucho antes de llegar a destino.

Anahí respondió con una sonrisa.

—Bienvenida —dijo Delfina cuando la pelirroja se sentó a la mesa—. ¿Cómo estás? —preguntó, sin poder ocultar su nerviosismo.

—Ansiosa —respondió Anahí—. Me siento hiperactiva. Lo único que quiero es terminar con todo este problema lo antes posible.

—Después de cenar —agregó Irina—. Estoy muerta de hambre y el túnel no va a irse a ningún lado.

Anahí rio al ver a las hermanas Valini sentadas una junto a la otra. Sus facciones eran idénticas y, al mismo tiempo, opuestas. La simpleza de Delfina contrastaba con el ridículo atuendo de Irina.

Conversaron poco durante la cena. Ninguna podía concentrarse en nada que no tuviese que ver con la huida. Ya casi era hora de partir.


Purgatorio¡Lee esta historia GRATIS!