DÍA 26 - Capítulo 2

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—Brindemos —sugirió Lucio cuando bajaron a almorzar.

Anahí le clavó la mirada, preguntándole en silencio cuál era el motivo.

—Es mi cábala —agregó él a modo de explicación—. Cuando estoy por hacer algo que puede salir mal, me gusta beber una copa de vino para alejar las preocupaciones. —Sonrió.

—Como quieras —respondió Anahí—. Nunca le digo que no a un trago —admitió.

Habían pasado la noche en el estudio. Bailaron tango hasta el amanecer, temiendo que esa fuese la última jornada de alegría que les quedaba por delante. Todo parecía marchar de acuerdo con lo planeado. El túnel ya estaba terminado, Soriarte había aceptado la invitación de Lucio para cenar en la ciudad aquella noche y discutir asuntos financieros; tenían las pistolas, las bolsas de dormir e incluso habían llamado a El Refugio para asegurarse que estuviesen listos. Pero siempre cabía la posibilidad de que algo fallara, que un obrero hablara de más o que Soriarte se alertara ante la ausencia de Anahí durante la cena. Otro factor importante era la precariedad del túnel que si bien había sido asegurado con vigas, podría venirse abajo en cualquier momento. El tiempo no había alcanzado para reforzar la ruta de escape, pero ya nada podían hacer.

Si Lucio moría, posiblemente no regresara jamás porque su alma ya había pasado más de un siglo en el purgatorio. Y si Anahí fallecía, se vería condenada a una eternidad allí. Por ello, habían bailado tango toda la noche y almorzaron luego con una copa de vino de por medio.

—Brindo por el éxito de nuestro plan —pronunció Lucio, alzando su bebida.

—Y yo brindo en agradecimiento por tu ayuda con todo, desde que nos conocimos hasta el día de hoy, a pesar de lo mal que me trataste la semana pasada —respondió Anahí—. Y brindo también para que la huida salga bien esta noche —agregó.

Vaciaron sus copas, pero casi no probaron bocado. Los nervios que intentaban ocultar se manifestaban en la pérdida de apetito.

Se separaron luego del almuerzo. Cada uno encerrado en su habitación, alistándose para la noche que se aproximaba.

Anahí decidió recoger su cabello en un rodete que escondió debajo de un sombrero negro; de esa forma, no llamaría tanto la atención al acercarse a El Refugio. Lucio contó varias veces el dinero que llevaba en su maletín, la gran suma que le había prometido a Soriarte.

Estaban listos.

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