Capítulo 8

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Juego de detectives


— ¿Aun no has encontrado nada?

—No. Es como si nunca hubiera nacido, o por lo menos, no en este mundo.

Tanto Madison como Elliot, habían iniciado una búsqueda para descubrir de donde venía él chico. Llevaban días intentando encontrar algo, sin embargo, no había ni un papel. Elliot había estado buscando en el cuarto de su madre, pero no encontró nada; ni siquiera un acta de nacimiento, lo que comenzaba a ser muy sospechoso.

Madison no le había dicho nada a Anna. No sabía si los podía ayudar, aparte de que cada día se veía más nerviosa; como si algo la tuviera inquieta todas las noches. Así que entre los dos estaban buscando cualquier pista sobre el tema.

—¿Qué hacemos? ¿En donde más podría estar? —, Elliot se mordió el labio superior. Después de días buscando, ya estaba listo para tirar la toalla.

—¿Ya revisaste el cuarto de Fabián? ¿ O el estudio? ¿No se te ha olvidado checar en otros lados?

—Ninguno. Ya revise en toda la mugrosa casa, y no hay nada.

Madison se llevó las manos a la cadera, y suspiró.

—Debe haber algún documento. Aunque te hayan adoptado, no es posible que tus padres no tengan algo.

El moreno se llevó una mano a la frente y asintió, aunque tras un par de movimientos de cabeza, se detuvo.

—Bueno. Lo único que tengo es esa carta que me dio mi madre; pero nada más.

—¿Cuál carta? —, el semblante de la chica se arrugó. — ¿Por qué nunca la mencionaste?

—Es una carta de mis padres biológicos; y no dije nada, porque no es importante.

—¿Por qué no va a serlo? —, la voz de Madison dejo ver la curiosidad que sentía. Por más que el muchacho quisiera restarle importancia, era claro que por algo había ocultado su existencia.

—Por que no es un documento. Solo es una carta.

—¿Me la dejarías ver?

Elliot alzó una ceja y se quedó callado por un buen tiempo. Justo cuando parecía que no iba a responder, lanzó un quejido y dijo.

—¿Para qué? No sirve.

—Solo déjame verla —, su acompañante se alborotó el cabello y rodó los ojos.

—Ok. Te la muestro, pero promete que no le contaras a nadie de ella.

—Está bien, lo prometo — para dar mayor fuerza a sus palabras, Madison alzó la mano y le sonrió.

—De acuerdo... Espérame aquí.

Elliot se levanto de la silla y salió de la casa casi arrastrando los pies. Era claro que no tenía muchas ganas de compartir ese trozo de información con la joven. Mientras tanto, Madison se quedó pensando en lo que habían estado hablando, hacia unos momentos:

"¿Podrá ser? ¿Viene del mismo lugar que nosotras? Será que por eso, Anna insistió en venir a la capital... Ah, me choca; y lo peor de todo es que no puedo preguntarle a ella. Ya falta poco para irnos y, si él es como yo, entonces tendrá que venir... ¿O no?... Mejor no sacó conclusiones por mi cuenta. Todavía no se si es uno de los nuestros".

Elliot regreso con una hoja algo gastada. La chica pronto notó que la habían estado doblando y desdoblando varias veces, pero no dijo nada. Cuando el moreno se la tendió a Madison, le dedicó una mirada seria al papel. Casi irritada. Ella no hizo caso al gesto de su acompañante y, comenzó a leer:

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!