Cambiando estrategia

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~Capítulo 12~

{Isabella}

Nunca esperé estar tan cerca de LuzBel de cómo lo estuvimos en el entrenamiento, estar bajo su cuerpo y después sobre él me hizo tener estúpidos pensamientos que requirieron de toda mi fuerza de voluntad para controlarlos. Me sentí poderosa y orgullosa de mí al sentir cómo se estremeció ante mi contacto, sobre todo después de todas las veces que me había hecho saber que no le interesaba como mujer.

¿Y si volvíamos a provocarlo?

Claro que no.

Su sonrisa al saber que lo había derrotado fue genuina y eso me sorprendió demasiado, a la vez que me cautivó en sobre manera. No iba a negar que él poseía la belleza de un ángel, pero también el alma de un demonio y se había encargado de hacerme saber lo malo que podía llegar a ser; tan malo como para atreverse a asesinar a alguien y era eso lo que me hacía mantenerme alerta y alejada lo más que se podía de su presencia.

Aunque bueno, esos eran tus pensamientos hasta antes de saber lo que tenía planeado.

Subirme a esa moto junto a él fue lo último que esperaba; al aceptar me gané una mirada llena de dolor por parte de Evan y otra llena de odio por parte de Elsa, sin embargo, ya estaba acostumbrada a las de ella y no me afectó en nada, pero la de Evan sí me hizo sentir muy incómoda, aunque estaba consciente que yo no hacía nada malo y tampoco era mi culpa estar en aquella situación. Yo no forzaba nada, al contrario, me forzaban a mí a actuar como no quería. Resignada, subí detrás de LuzBel y me coloqué el casco que antes me había dado.

Si sus intenciones eran hacer que lo tomara de su cintura para mayor seguridad, lo logró. Y no porque yo también lo quisiera sino más bien porque el muy maldito me obligó; al principio me agarré de la parte de atrás de la moto y sonrió satírico al darse cuenta de que no lo quería tocar.

—Ahora no quieres tocarme, pero hace un rato deseabas jugar con mi entrepierna —formuló todo socarrón haciendo que pusiera mis ojos en blanco.

Y también que te avergonzaras.

—Solo fue estrategia, ni sueñes con que algún día llegue a hacerlo —dije segura.

Se puso en marcha acelerando con exageración, tan rápido iba que llegué a temer por mi vida y más cuando el agarre que tenía en la Ducati no me hacía sentir para nada segura; tragándome mi orgullo me vi obligada a rodear su cintura con mis brazos para aferrarme un poco más a la vida.

Amaba vivir y no estaba dispuesta a dejar de hacerlo por su culpa.

¡Puf!

Sentí como los músculos de su abdomen se contraían haciéndome saber que se reía al lograr lo que había querido desde el principio.

—Imbécil —mascullé sabiendo que no me escucharía. 

—Te escuché claro bonita —dijo divertido y me sorprendí cuando yo también lo escuché a través del casco. —Esto tiene que ser una maldita broma —bufé. 

—¿Broma? Para nada, solo son los intercomunicadores que poseen los cascos —explicó. 

Jamás me hubiese esperado eso, pero sabiendo a lo que se dedicaban no me sorprendió la información al imaginar que necesitaban estar siempre comunicados en sus misiones.

—Como sea, prefiero no escucharte —espeté y lo escuché reír.

Estando en esta situación admitía que deseé sentir su abdomen en carne propia y no sobre la tela, anhelé poder trazar con mis dedos la forma de sus tatuajes, sentir su abdomen marcado y su piel tersa. Suspiré con pesadez al darme cuenta del giro que habían tomado mis pensamientos.

Corazón de Hielo ® (18+)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora