DÍA 12 - Capítulo 1

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♬ CANCIÓN PARA EL DÍA 12: PERFECT ENEMY (DE t

♬ CANCIÓN PARA EL DÍA 12: PERFECT ENEMY (DE t.A.t.U.) ♬


CUANDO LE DIJO A SU MADRE que quería ser una princesa como en las películas, no se refería a la parte negativa de las historias. Anahí llevaba ya tres días encerrada en la mansión de don Lucio. Por momentos se sentía como en La Bella y la Bestia, todo el día leyendo. Pero se aburría con facilidad porque no era una gran lectora, así que luego se sentía como Rapunzel, encerrada en su habitación, mirando por la ventana y anhelando libertad. De vez en cuando deseaba ser la Bella Durmiente y perder la noción del tiempo hasta que llegara el momento del juicio. Al menos no le tocaba el papel de Cenicienta. No soportaría arruinarse las uñas limpiando la suciedad ajena.

Lucio se pasaba la mayor parte del día en la ciudad. Cuando regresaba, cenaban juntos mientras mantenían alguna conversación superficial. Se notaba que él intentaba evitarla, que no quería relacionarse demasiado con Anahí. Le preguntaba por sus lecturas sin siquiera prestarle atención a las respuestas; además, evadía gran parte de los temas de conversación que la pelirroja sacaba. Ya no discutían como en un comienzo, pero en el fondo ambos extrañaban los pequeños debates. La monotonía de sus charlas rozaba lo absurdo.

Lucio construía ladrillo a ladrillo una pared invisible entre ambos. No deseaba crear lazos con la pelirroja y sentía remordimiento cada vez que disfrutaba de su compañía. Vivían bajo un mismo techo, por lo que le era imposible evitar a Anahí totalmente; sin embargo, se esforzaba por alejarse de ella. Se marchaba incluso aquellas tardes en la que no tenía obligaciones. Odiaba manejar, pero prefería pasarse varias horas tras el volante antes que sucumbir al cambio, antes que enfrentarse a la influencia que Anahí ejercía sobre él.

Esa mañana en particular, la pelirroja se preguntó si a su captor le molestaría que abriese la ventana de la habitación. El sol brillaba con intensidad en el exterior, aumentando la temperatura de las paredes y haciendo que Anahí transpirara como si fuese verano. Del otro lado del vidrio, el pasto se mecía en un leve vaivén danzante que indicaba la presencia de suave brisa. Eso era lo que ella quería, sentir el aire fresco, respirar una ilusión de libertad.

Tomó la manija de la ventana con la mano derecha pero el vidrio no cedió. Recorrió el marco con la mirada hasta encontrar una pequeña traba que mantenía todo en su lugar para evitar que el viento abriese la ventana. Y del otro lado, un avión de papel.

Se encontraban a mitad de la nada, literalmente. No existían construcciones cerca; y mucho menos, vecinos o niños pequeños. Sorprendida, Anahí destrabó el mecanismo y movió el vidrio lentamente para poder tomar el avión de papel antes de que la brisa se lo llevara.

Irina estaba viva. Al menos, tan viva como un muerto puede estarlo en el purgatorio.



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