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Reto 6

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Consigna: Escribe un relato en el cual el personaje principal sea alguien que conozcas hoy.


ASÍ LE CONOCÍ

Una estruendosa carcajada desvió mi mirada del camino que seguía e hizo que posara mis ojos en ella. Por unos segundos mi corazón se detuvo y sonreí al verla cubrir su boca con su mano acallando el ruido de su hermosa risa mientras sus mejillas se llenaban de carmín.

—¿Y qué más? —preguntó la chica a su lado. Apartando la mirada y volviendo a reír dijo un poco alto: —Me levanté fingiendo que no me dolían las rodillas y me disculpé por el apretón en su amigo mientras él fingía que no le había dolido el apachurrón. Pero casi lloraba, lo juro. —provocándome risa también, ya podía imaginar de lo que ellas iban hablando.

Unos pasos más adelante me detuve y giré para verla andar, pero ella no andaba. Ella y la chica a su lado habían detenido su paso y miraban en mi dirección. Al descubrirme mirándolas ambas parecieron sorprenderse, giraron sus cuerpos en sentido contrario a mi dirección y pude escucharlas reír bastante alto.

—¿Te estaban mirando no? —preguntó mi hermana y yo reí, ellas se detuvieron para mirarme.

—Creía que los cochinos éramos los hombres —dije ganándome una mirada matona de mi muy feminista hermana que replicó: —No es cochino mirar, y tanto hombres como mujeres tenemos derecho de hacerlo. Debieron haberte tirado un piropo —y quien se carcajeó fui yo. —Te queda bien el traje —sonrió Daisy y yo sonreí ufano.

—Lo sé —dije. Claro que lo sabía, acababa de comprobarlo cuando me robé la mirada de los hermosos ojos cafés de esa chica morena de cabellos negros, rizados y hermosamente despeinados—. Bien, entremos —pedí la mano a la bella chica de vestido beige que me acompañaba, y entramos a la ceremonia religiosa donde mi tía la solterona contraía nupcias con un solterón que había conocido hace poco más de un año.

»La tía parece feliz —susurré mientras veía a mi tía sonreír plenamente al estar parada en el altar junto a ese hombre que también parecía plenamente feliz de estar a su lado. Daisy suspiró.

—Ah, mi heroína y ejemplo a seguir acaba de caer frente a un troglodita cualquiera —dijo casi a modo de queja—, ¿qué va a ser de mí? —preguntó haciendo un puchero medio dramático.

—Deja el drama —pedí conteniendo la risa—, sabes que no es un troglodita cualquiera, es un gran hombre. —Daisy apretó los labios y con mala cara asintió.

—Esto es muy aburrido —dijo mi hermana y tuve que coincidir con ella. El sacerdote celebrante parecía a punto de cumplir 120 años, hablaba más lento que una tortuga caminando y decía demasiadas cosas para mí gusto. Pero no podía hacer mucho, si quería ir al banquete debía asistir a la ceremonia religiosa. Mamá lo dijo, era todo o nada; y todo es mejor que nada.

Cuando al fin la ceremonia terminó y pudimos ir al salón del banquete me encontré con una muy agradable sorpresa. Llegamos a una mesa, tomamos nuestros asientos y los hermosos ojos cafés de una chica nada despeinada me hicieron posar la mirada en la chica de vestido rojo que entraba en el salón. Era la misma chica de hace un par de horas.

Venía platicando con la chica de antes y una chica más. Su sonrisa era amplia y parecía concentrada en lo que conversaba, es por eso que casi chocó con un mesero que también parecía concentrado en lo que hacía.

Ella logró darse cuenta justo a tiempo del hombre con la charola de platos de comida y giró rápido su cuerpo para no chocarse con él y evitar el accidente. Pero el espacio era corto así que si chocó, lo hizo con una de las chicas que venían con ella que prácticamente la empujaron frente a mí.

Sus pies trastabillaron y en brinquitos descoordinados llegó hasta mí. Quise detenerla pero no soy una persona nada coordinada, así que solo logré que no cayera hasta el piso, en el camino a él se encontró con mi cuerpo sentado en una silla.

Para evitar caer de cuerpo completo sobre mí metió sus manos y quedó con cada una de sus manos en cada una de mis piernas, y su rostro tan pegado al mí que pude disfrutar a plenitud de cada detalle de su hermoso rostro.

—Lo siento —dijo ella mientras se incorporaba. Sonriendo dije: —No hay problema, al menos no diste un apachurrón a mi amigo.

—¡Ay por Dios! —exclamó perdiendo el color de la cara—, me oíste. —Reí algo fuerte esta, la expresión de su cara valía más o menos todas mis carcajadas.

—También te descubrí mirando mi trasero —informé. Y, algo alterada y muy avergonzada, casi gritó: —No veía tu trasero —provocándome una nueva carcajada. Ella también rió.

—Dios —dijo mientras se abanicaba con sus propias manos.

—¿Quieres sentarte? —invité—, hay lugar para ti y tus amigas. —Ella asintió informando: —Son mis hermanas —presentándolas. Yo también presente a mi hermana y compartimos la mesa para cenar.

Un rato después bailábamos demasiado animados. Ella era una chica algo desastrosa, todo tipo de accidentes le pasaban, o eso era lo que sus relatos y acciones sugerían.

—Solo soy distraída —excusó y sus hermanas dijeron a coro y exagerando la expresión facial: —Demasiado —haciéndola enojar y haciéndonos reír.

Se acabaron las cumbias y nuestras hermanas volvieron a la mesa. Comenzaron las baladas y la tomé por la cintura llevando su cuerpo demasiado cerca del mío.

—No fuiste a misa —señalé y mirándome pícaramente explicó: —Sería mucho encaje —volviendo a hacerme reir.

—Eres divertida —dije y se quejó: —Ni que fuera payaso —arrancándome una nueva carcajada.

Ajustando más mi brazo rodeando su cintura la pegué aún más a mí. Eso la tensó en un principio pero, al paso de los segundos, mientras la calmada música sonaba, terminó relajando su cuerpo.

Sonreí feliz de no ser rechazado y feliz de haberla encontrado, pues algo dentro de mí decía que esta hermosa y divertida chica era la única mujer capaz de acabar con mi soltería. Al verla sonreír de nuevo me di cuenta que ella podría convertirse en el amor de mi vida.

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Pues decir que lo conocí, pues no, no soy de las personas que todos los días conocer personas, de hecho pasan meses y yo no conozco a nadie, así que hice lo que pude. 

Explicaré: hoy es la boda de un amigo de mi mamá, pero dijo que si no íbamos a misa no iríamos al baile y no nos dio tiempo, la misa era las seis y a las cinco y media a penas veníamos a casa mi hermana y yo. En el camino a casa vimos ir a una pareja llegar al templo donde sería la boda, él era bastante guapo y yo nos soy muy fijada pero mi hermana sí, dijo —Mira nada más —y no pude evitar mirarlo, y nos descubrió mirándolo, fue divertido y algo vergonzoso. Y pues bueno, como no fui a misa  él no pudo conocerme en la recepción y se perdió de que yo fuera el amor de su vida xD Mi vida no va tan fácil como mi  imaginación.

Gracias por leerme, saludos y besos (^3^)/

52 RETOS DE ESCRITURA 2016¡Lee esta historia GRATIS!