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Reto 4

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Consigna: Escribe un relato que tenga lugar durante tu estación favorita del año y que esta tenga importancia en el desarrollo de la trama.


¿UN AÑO NUEVO CONTIGO?... MEJOR UNA VIDA

—Lo recordaste —preguntó el hombre sonriente que aguardaba por ella sentado en una banca de un desértico y blanquecino parque.

—Mi abuela lo hizo por mí —señaló Meredith burlona. Ricardo sonrió enorme y caminó hacia ella preguntando: —¿Cómo está ella?

—Loca —dijo la chica sin inmutarme. Era cierto, su abuela estaba loca y todo el mundo lo sabía y también todo el mundo lo amaba.

—Entonces igual ¿no? —preguntó sonriendo aún. Meredith comenzaba a creer que la expresión en el rostro del hombre era porque el frio le había congelado la cara.

—No tanto —dijo ella—, fueron diez años.

—Diez años es mucho tiempo —aseguró él y ella asintió concordando.

—¿Cómo lo recordaste tú? —preguntó ella y dijo él: —Tu abuela. —provocando que una sincera carcajada abandonara el tiritante ser de la chica.

Meredith sacó las manos de su abrigo para frotarlas una contra la otra después de soplar su cálido vaho entre ellas. Después de eso cubrió con sus manos las mejillas del que la había estado esperando por muchos minutos, o al menos eso sugerían sus rojizas mejillas.

»Es increíble que ella recuerde más que nosotros —suspiró Ricardo permitiendo que el calor del cuerpo de la chica le llegara hasta el alma.

Meredith sonrió anunciando: —Yo no lo olvidé, recuerdo cada palabra en esa carta. Por eso vine, a recuperarla —levantó una ceja mientras una mueca, que bien podría ser una sonrisa de burla, se dibujaba en su helado rostro.

—¿Cómo están todos? —preguntó Ricardo.

—Ebrios —dijo Meredith mientras devolvía las manos a las bolsas de su abrigo—, es noche vieja ¿de qué otra forma podrían estar? —accediendo al temblor que el frío provocaba en su cuerpo.

—Claro que sí —concordó sonriente Ricardo mientras ponía su saco por los hombros a la chica que no paraba de tiritar.

—Debimos enterrar la caja en la chimenea —reclamó Meredith y Ricardo sonrió.

—No aguantas nada —dijo encaminándose al automóvil a unos pasos de donde ambos estaban.

Intrigada por la acción del hombre, Meredith preguntó: —Si vienes en coche, ¿por qué no me esperaste adentro?

—Tenía miedo de que no me vieras y te fueras —respondió él sacando algunas cosas de la cajuela—, además no hay problema, sé que eres puntual, no tendría que esperar tanto.

—Asumiste que vendría —sonrió la morena al castaño que levantaba una pala del piso y caminaba hacia la que solo daba pequeños respingos en su lugar.

—No —dijo el caballero—, solo confiaba ciegamente en que lo harías —sonrió también—. Diez años no es tan poco tiempo —señaló— y tu memoria no es la mejor. —Meredith entrecerró los ojos mirando con hostigamiento al que le agraviaba. Ricardo soltó una sonora carcajada, y después de temblar de nuevo Meredith también sonrió.

Ella sabía que él jamás osaría insultarla y también sabía que su memoria fallaba muy a menudo. Aunque la promesa de este encuentro no era algo que olvidaría, era demasiado importante.

52 RETOS DE ESCRITURA 2016¡Lee esta historia GRATIS!