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Reto 3

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Consigna: Empieza una historia con: "Estoy de pie en mi cocina...". Debe ser una historia de suspense.  


COMO TODO ACABÓ

Estoy de pie en mi cocina, sosteniendo mi figura en la pared junto a la puerta de entrada. Sigo intentando entender lo que ha ocurrido pero no tengo pista alguna de ello, solo un puño de ideas confusas y aterradoras que prefiero no considerar.

Todo era tan normal apenas esta mañana que realmente no me atrevo a pensar que hubo indicios que no noté, o quizás no quise notar.

Hace apenas un par de años todo se había vuelto esta armoniosa monotonía que recién me permitía dejar los somníferos y descansar sin mucha preocupación; también hace algunos meses las pesadillas eran solo eso, malos sueños esporádicos que no me alteraban demasiado. Pero supongo que me fie demasiado, tanto que incluso dejé de pensar en quien por tanto tiempo me había perseguido y que, día y noche, dormida y despierta, siempre estaba tras de mí.

—No otra vez —mi apenas audible suplica al cielo. Pero al parecer, esta vez, tampoco nadie escuchó.

Hice algunas inspiraciones profundas mientras intentaba contener con mis manos el corazón acelerado y temeroso que buscaba escapar de mi pecho dolorido ya por el fuerte golpeteo y la pesada respiración que estaba forzándome a seguir.

Tensé mi cuerpo al máximo para deshacerme de los espasmos corporales que la excitación y el miedo provocaban en mí, pero cuando un golpe en la entrada de mi casa se escuchó no hubo necesidad de forzar la tensión, mi cuerpo lo hizo por sí solo.

—Basta por favor —susurré obligando a mis piernas a responder aun cuando no les quedaba más voluntad de nada, ni de huir.

«¿Te rendiste?» preguntó una voz en mi cabeza.

«¿Me rendí?» me pregunté y supuse que lo había hecho. Después de todo, después de probar la tranquilidad, prefería morir a volver a experimentar piel a piel el horror que realmente no logré olvidar y que, aún hoy, me hacía doler el alma pensar.

»Maldita sea —reclamé sin saber exactamente a quien. Y no es como si importara dejar en claro al culpable cuando en seguro en algunos minutos todo terminaría.

«Corre... corre... corre» la imperiosa necesidad naciente de la única parte cuerda en mí, o quizá la más loca, yo mejor que nadie sabía que no era capaz de huir.

«¿Dejarás que acabe contigo?» preguntó la molesta voz interior como si quien me seguía pudiera acabar aún más conmigo. Eso no se podía, hace mucho tiempo que él había logrado terminar con todo en mí.

»No debiste volver a confiar —regañé a la deplorable chica que, encerrada en la habitación de la despensa, intentaba contener los sollozos al mínimo—. No debiste creer que al fin todo iría bien —sollocé presionando con fuerza mis brazos—. No debí esperar poder ser feliz —lloré ahogadamente esperando no ser descubierta. Pero eso era esperar demasiado.

El sonido de unos pasos aproximándose me empujó a llevar mis manos a mi boca, como si así pudiese acallar mis sollozos. Contuve mi respiración por algunos segundos y supliqué a mi corazón por que dejara de latir tan rápido y tan fuerte.

El eco de las pisadas comenzó a retumbar en mi cabeza y mi corazón pareció hacer lo que pedía, o quizá estaba tan concentrada en el exterior que me olvidé un poco de mí.

—Terminemos con esto de una vez —sugirió esa voz escalofriante que me hacía temblar en cuerpo y alma—. ¿Por qué no vienes y hacemos esto rápido? —preguntó él y, pensando en que lo mejor era dejar de acumular esperanzas y aguantar miedos, empujé con cautela la puerta que me encerraba en una habitación que no parecía protegerme.

»Hola hermosa —dijo cuando salí de la despensa. Su tétrica sonrisa se estampó en mis pupilas, y en mi alma desmoronada se agolparon montón de horribles recuerdos. Mis ojos se inundaron aún más, tornando ese cuerpo que temía y odiaba en algo borroso y confuso.

»Hola y adiós —escupió endureciendo el rostro. Entonces una apenas perceptible punzada delineó mi cuello y extendió un fuerte escalofrío por toda mi piel. El cuchillo en su mano había cortado mi garganta.

Después de eso no sentí nada más, ni siquiera mi sangre empapando mi pecho, ni siquiera la asfixia que me obligaba a forzar bocanadas de aire, ni más miedo, ni más horror, solo sentí la placentera sensación de al fin haber escapado a mi opresor.

Teniendo de fondo las sirenas de algunas patrullas —que llegaron tarde a mi rescate— pude escuchar su voz rasposa decir claramente complacido: —Ahora no serás de nadie más, fuiste solo mía y por siempre solo mía serás.

Sus labios rozaron mi frente mientras su calidez corporal contrastaba con el frío inclemente que se apoderaba por completo de mi cuerpo.

»Hasta siempre amor —dijo y me desvanecí entre los brazos de mi verdugo y persecutor, entre los brazos que hoy ya no me daban más miedo, entre los brazos de ese que siempre había sido mi acosador.




Bueno pues espero que esto cuente como suspenso. Experimentar géneros nuevos de escritura es algo que no había hecho así que me siento bastante insegura, de hecho escribí tres historias antes de esta. Pero ya quedó.

Gracias por leerme, besitos (^3^)/

52 RETOS DE ESCRITURA 2016¡Lee esta historia GRATIS!