#5 No hables.

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Era un día normal, se encontraba visitando a su novio. Era la primera visita formal que tenían, conocería a sus suegros, bueno a la madre del chico ya la conocía, tan energética e infantil como su pareja, era una bella mujer que no aparentaba tener ni cerca de treinta años de edad. Era amable, cariñosa y que a pesar de que no eran de la misma escuela, tan si quiera del mismo equipo siempre lo recibía con una gran sonrisa en los labios y con una mirada comprensiva. Aquella mujer era sin duda el mejor ejemplo de que las madres son únicas.

Pudo distinguirlo era Bokuto nadie mas tiene los ojos circulares y de color oro, pelo blanco y de punta, veteado de gris con rayas negras; ciertas secciones de la misma lo hacen parecerse vagamente a un animal, ampliando enérgicamente el parecido que tiene con un búho cornudo. Él también tiene una contextura mediana. Bokuto es uno de los cinco mejores jugadores del país, apenas detrás de los cuatro primeros. Eso lo sabía y podía decírselo a cualquiera que le preguntara sobre su pareja.

Bokuto miro con atención a su pareja las características de Kuroo siempre le dan un toque astuto gracias a sus ojos entrecerrados y con apariencia gatuna como la mayoría de los de su equipo, por la pupila alargada que posee. Es bastante alto y su constitución es robusta. Su cabello es color negro y lo tiene estilizado con flecos a su lado derecho y en general tiene un estilo como 'acabado de salir de la cama'. Cosa que sabía gracias a su mejor amigo Kenma que decía que Kuroo en realidad se levanta con ese peinado cuando se despierta por las mañanas.

Los dos se miraron para luego sonreír, Bokuto lo invito a entrar a la casa, le presentaría a su padre, ya que a su energética madre ya la conocía, de hecho la mujer solía mandarle comida cuando sabía que su hijo lo vería, no es que le desagradara los detalles, solo no estaba acostumbrado, pero no podía negar que aquella bella, tierna y dulce mujer cocinaba de manera maravillosa.

-¿Nervioso?-pregunto Bokuto mientras lo tomaba de la mano.

-Ya quisieras Búho-le contesto con una sonrisa gatuna.

Entraron a la casa tomados de las manos, no tenían nada que ocultar su padre no le diría nada, de seguro hasta le parecía mono Kuroo, admitimos que a él le encantaba su apariencia era como un gato, un gato endemoniado a veces, en especial cuando lo bloqueaba pero era su gatito.

-No estés nervioso minino, mi padre no están mala persona, alguien serio tal vez, pero no es malo-le susurro al odió al azabache.

Estaba enfrente de su suegro, él mayor lo analizaba de pies a cabeza, en cierta forma le pareció alguien demasiado al estilo de su hijo, siempre se imagino a alguien como al azabache que tenía enfrente y vaya que su imaginación acertó.

-Mucho gusto-le extendió su mano.

Kuroo sujeto la mano del mayor saludando intentando parecer relajado. No sabe como, no sabe en que momento pero la lengua se le soltó. Vaya momento para arruinar todo.

-Hola suegro, vaya y pensar que al chico que besos todos los días salió de sus testículos-dijo sin darse cuenta.

Bokuto lo miro para luego echarse a reír, sabía lo que pasaba con su novio cuando se ponía demasiado nervioso. Él mayor miro al chico con una ceja arqueada, esperaba a ver escuchado mal.

-Papá no te lo tomes a mal, pero cuando mi minino se pone demasiado nervioso tiende a decir lo primero que se le viene a la cabeza-aseguro.

Su padre asintió de forma afirmativa con la cabeza y con una mirada invitándolos a pasar al comedor.

-No hables si sientes que saldrá algo inadecuado-le susurró Bokuto a Kuroo.

-Creo que sería lo mejor-afirmo.

10 Cosas que no debes decirle a tus suegros.¡Lee esta historia GRATIS!